Gonzalo Montero Lara: Una teoría de la ciencia ficción boliviana

Ronald Rodríguez Gonzales (*)

Gonzalo Montero Lara (7 de julio de 1952) es un escritor e intelectual cochabambino, quizás uno de los más queridos. Ha producido como escritor, poeta, comunicador social, humorista. Es además médico familiar y del deporte. Es integrante y miembro fundador de Supernova. Ha publicado los libros: Miradas del Silencio, Rosas de Fuego, Latidos del Tiempo, Huellas de Luna, El Misterio de las Tres Tetillas, Picardías Cochabambinas, Punto G, Apodos de Tarata.

Nos reunimos con él para hablar de un tema que le apasiona, concretamente se encuentra trabajando en una tesis para definir y explicar el fenómeno que estamos viviendo en torno a la literatura cochabambina. Gonzalo Montero plantea el género de la “ciencia ficción boliviana”, como integrante del ramaje de la ciencia ficción latinoamericana.

Reunidos en la mesa de un café de la ciudad, empezamos a conversar sobre el tema en concreto; le pedimos que desarrollara una práctica y esquematizada explicación que empieza así:

La ciencia ficción latinoamericana pertenece a una fragmentación del sentimiento de los autores de toda la literatura universal, por tanto, cada una de las corrientes de los géneros sistematizados o clásicos, hay un surgimiento de las expresiones de naciones sin hegemonía planetaria, cuyas palabras se hallan arrinconadas.

La fantasía como parte integrante de ese ramaje tiene el mismo arrinconamiento casi colonial.

En la década de los ochenta se hizo un acuerdo tácito con los escritores latinoamericanos, sus voces se elevaron al concierto mundial para señalar que sus pueblos también sienten, piensan y fantasean.

En Bolivia antes de los ochenta, existieron de manera aislada algunas obras de ciencia ficción. El tarijeño Oscar Alfaro publicó «Don quijote en el siglo veinte». Luego Don Armando Montenegro: «Víctima de los siglos», probablemente de corte utópico publicado en 1989 (no pudimos conseguir el libro), y luego Werner Pless escribe «Utopía 2487”, donde muestra una sociedad utópica adonde se acomoda un hombre que viene del pasado, descubriendo con asombro el futuro revelado.

El cochabambino Fernando Aracena, en su fabulosa novela “Latinoamérica 2025” muestra una sociedad distópica controladas por un gobierno infame, relata poderes absolutos elitarios de humanos segregacionistas, a ellos se enfrentan grupos subversivos que se dan a la tarea de eliminar a los predecesores, la generación que llevaron a la destrucción de la tierra. Quizás Aracena es el primero en denominar el género como Ciencia Ficción Latinoamericana en la década de los noventas.

Pero para hablar de una tesis en concreto debemos señalar sus elementos teóricos: Fernando Aracena pone la semilla fundamental para el desarrollo de la ciencia ficción boliviana contextualizando hacia Latinoamérica. Existen elementos muy propios de la literatura boliviana de ciencia ficción con relación a la corriente mundial que se asemeja en su cimentación a los clásicos. Sin bien, durante la cultura quechua, dos autores peruanos: José María Arguedas y José A. Lira, recuperaron de las tradiciones orales de los quechuas el cuento llamado “El Joven que Subió al Cielo”, que sin dar una excesiva rienda suelta a la imaginación tiene muchas de las características de una obra contemporánea, acorde al modelo anglo europeo, y hago esta mención porque en Bolivia existe la tendencia de varios autores de recuperar los mitos, leyendas y saberes de nuestros pueblos originario andino amazónicos y otros, como base argumental para sus narraciones. En este sentido, llamamos a estas corrientes literarias definiendo sus ropajes de las culturas de base, definiéndolas como indigenista, nativa, originaria. Personalmente creo que si puntualizamos los aspectos predominantes que es menester señalar:

1.- Los fenómenos ocurren más por la vertiente social que por el cauce tecnológico, esto obedece a la diferencia en el desarrollo de la tecnología con el hemisferio Norte. Refleja la dinámica social que los latinoamericanos percibimos en el día a día. Existe asimetrías sociales, luchas de clases, estigmas de la explotación y la pobreza, atentados ecológicos, corrupción, degradación humana, desvaloración de las sociedades.

En este aspecto muchos autores del establishment podrían considerar que nuestro esfuerzo literario es subversivo. En efecto lo es. Se han estudiado la mayor parte de las obras que existen en la corta historia del género, los autores han creado obras cuyo tema central son guerras de los pueblos oprimidos, contra grupos poderosos, bélica y económicamente, que gozan de todos los privilegios posibles en diferentes universos. Es subversivo lingüísticamente porque genera un neolenguaje a partir de la amalgama de las lenguas originarias con las lenguas impuestas. 

2.- Recupera mitos leyendas y tradiciones de cientos de culturas y pueblos, algunos de los cuales recién van emergiendo con los descubrimientos arqueológicos y sus saberes se los van conociendo a través de la decodificación de sus formas expresivas y mensajes ideográficos, lenguajes, símbolos. Por cuanto su origen se apoya en mitos y leyendas de los pueblos originarios de las diferentes culturas que forman nuestro estado plurinacional. La mitología andino-amazónica, pasando por la bisagra articuladora de los pueblos de los valles meso térmicos del territorio, proveen una rica cantera de material para permitir el vuelo fantástico de esta generación de escritores.

3.- La ciencia ficción boliviana no es esclava de la camisa de fuerza positivista, no existe prisión en el método científico. El postulado camina en un estrecho lindero entre la fantasía y la ciencia. La presencia de seres sobrenaturales, llámese espíritus, dioses, entidades, irreales, es una constante aun hoy en pleno siglo XXI, que no se diferencia mayormente de otras visiones religiosas como las doctrinas judeocristianas, islámicas, hinduistas, etcétera. Por tanto, rompemos los barrotes dando lugar a narraciones, donde lo sobrenatural es presente como una alternativa que explican los sucesos históricos desconocidos, y permite diseñar los mundos futuros con mayores probabilidades.

Esta propuesta literaria contiene signos y símbolos de culturas ancestrales y universales. La rica y misteriosa iconografía de los pueblos originarios son evidentes en este género. El enigmático legado preincaico de Tiahuanaco. Las enigmáticas civilizaciones y restos de culturas como  la Tiahuanacota, Chimú, Nazca, Mochica, Chavin, Paracas, Maya, Tolteca, Azteca,  etcétera, sumados los misteriosos restos arqueológicos de las piedras de Ica, los moais de la Isla de Pascua  y leyendas de cientos de pueblos como los Urus, Araucanos, Onas, Patagones, Hopi, Pueblos…, cuyos restos identificados por evidencias consistentes, y otros solo por los ahora valiosos “fósiles tradición” de muchos cronistas de la colonia; todo esto hace de nuestro pasado un maravilloso pero denso tejido que sugiere que estos pueblos establecieron contactos entre ellos y con civilizaciones de otros continentes y tal vez con otros universos.

4.-  Ante la eclosión científica contemporánea que ha superado en muchos casos hasta las más delirantes predicciones de los llamados profetas de la ciencia ficción en el pasado, nuestra corriente vuelve los ojos a las sabidurías primordiales de las culturas desaparecidas o en la clandestinidad, buscando respuestas sobre el devenir de los tiempos, sin que esto signifique un rezago en el pensamiento, pero sin duda pone en evidencia un intento de retorno a los conocimientos ancestrales.

En una reflexión que realizamos con los integrantes de Supernova, que constituyen la vanguardia boliviana de la narrativa fantástica y de ciencia ficción, sobre el denominativo de esta vertiente que corre varios años en la literatura nacional y mundial, merced a las redes sociales, no es de mayor importancia que la narrativa boliviana lleve diferentes denominativos. Lo importante es que forma parte de un vigoroso tronco que es la narrativa latinoamericana, que en fondo tiene todas las características señaladas con ciertos matices diferentes. Varios países hermanos como Perú, Argentina, Ecuador, Brasil, México,  realizan una tarea integrando lazos con todo un conglomerado de escritores latinos con el objetivo común de desarrollar este género en beneficio de nuestros propios pueblos y naciones, organizando además congresos, encuentros y antologías con este propósito.

(*) El autor es escritor boliviano, ganador del Premio Nacional de Literatura Santa Cruz 2011.