Los 24 años del espacio “Lunes de Película”

Cosme Peñaranda (de pie), durante una proyección de "Lunes de Película" CCLDP Cosme Peñaranda (de pie), durante una proyección de "Lunes de Película"

Luis Espinal Camps, el sacerdote jesuita y amante del cine (asesinado meses antes de instaurarse la dictadura de Luis García Meza) fue el promotor de los cineclubs en Bolivia y gracias a esta idea años después se creó en Cochabamba el espacio “Lunes de Película”. Un lugar donde —valga la redundancia—todos los lunes en la OCIC-SIGNIS de la calle Baptista Nº 110, salvo algunas excepciones, se proyecta un film para su posterior debate.

“Él fue la inspiración para esto. La historia larga se remonta a mediados de los años 70, en Oruro, cuando Cosme Peñaranda (responsable del ‘Lunes de película’) fue parte del Cine Club Juvenil, sitio destinado a iniciar la formación en la lectura de la imagen de jóvenes de colegios católicos. Luego Cosme formó el Cine Club II, para gente adulta, y a finales de los 70, se contaba además, con el programa radial llamado ‘Hablemos de cine, televisión y video’. A inicios de los ‘90, radicado en Cochabamba, Cosme se contacta con algunos cinéfilos y con ellos  fundan el ‘Lunes de película’”.

Así narra Daniel Peñaranda Pinto, hijo de Cosme, los inicios del Cine Club “Lunes de película”, que el pasado 12 de abril cumplió 24 años desde su primera proyección en Cochabamba. “Las piedras inaugurales --recuerda--, son el padre Antonio Barberan (quien donó el primer proyector para exhibir las películas), Theo Bus, Mariluz Bustamante, José Heresi y María Zabalaga” y la filosofía de este espacio “es confesional, promoviendo el cine como una opción cultural de aprendizaje de valores cristianos: solidaridad, hermandad, justicia; siempre inmersos en los filmes que exhibimos semanalmente”.

Hace un tiempo que Daniel, abogado de profesión y egresado de la carrera de cinematografía, colabora activamente con este espacio en Cochabamba, “una labor de servicio social que moviliza a diversos apoyos civiles y eclesiásticos”. Además, colabora en la realización de notas periodísticas sobre las presentaciones de los filmes que se exhiben semanalmente en el Cine Club “Lunes de película”.

Peñaranda asegura, enfáticamente, que “sin el apoyo de los cinéfilos cochabambinos las actividades del ‘Lunes de película’ no serían posibles; a esto hay que sumar la colaboración de los medios de comunicación escrito, oral, televisivo e Internet --con las denominadas redes sociales--, que ratifican nuestra presencia en el ámbito cultural de la ciudad”.

Según Daniel, “el apoyo y respuesta del público ha ido variando en el tiempo, --sin decir que el pasado fue mejor--, recordamos que a finales de los ‘90 nuestras sesiones eran dos veces a la semana y la asistencia era mucho mayor que la de ahora. La réplica en nuestra ciudad del Festival ‘Llama de Plata’ propiciado por el ‘Lunes de película’, y algunos ciclos de cine latinoamericano, acompañados de talleres y charlas con los realizadores, recibieron un gran apoyo y participación de la gente. En la actualidad tenemos un promedio de 30 personas por sesión, lo cual para nosotros es un milagro por lo civil”.

 Daniel Peñaranda, actual responsable del Cine Club

Daniel Peñaranda, colaborador en el Cine Club "Lunes de Película"

“Uno es mucho –dice Daniel sobre la membresía del Cine Club--. No hay que olvidar que Jesús con 12 generó una revolución que sigue cambiando al mundo. Quisiéramos más gente, estamos agradecidos por esa suma e invitamos a más. El cine o es importante o es nada, ese el sentido humano del arte”.

Sobre las películas que más gustan al público, Peñaranda Pinto dice: “Los cinéfilos que asisten regularmente a nuestras sesiones, prefieren las películas biográficas: porque les interesa la vida, su vida. En general (y hay que lamentar esto) la cultura audiovisual está alienada: la gente común prefiere productos comerciales posmodernos, alejados de toda reflexión crítica --incluso para algunas personas que acuden a nuestro espacio, ciertos filmes que exhibimos les parecen lentos, acostumbrados a que a cada momento hayan explosiones, violencia, sexo y otras delicadeces del cine hollywodense--, distantes de valores positivos a los que como ‘humanos’ tuviéramos que propender”.

En cualquier emprendimiento, llegar a las dos décadas de vida es algo notable. En ese entendido, ¿qué proyectos tiene el Cine Club “Lunes de Película”? A esta pregunta Peñaranda Pinto responde: “Siguiendo los principios civilizatorios de la  alfabetización (leer cine), el Cineforum, tiene un sólo propósito antes, ahora y siempre: formar gente crítica, para enfrentar en la práctica cotidiana a los medios audiovisuales. Conscientes de nuestras limitaciones, pero estimulados por saber que somos un referente en el ámbito cultural de nuestra ciudad insistiremos en nuestra labor de honrar, no a la masificación, sino a la enaltecedora existencia de los hombre libres. Y van 24 años”.

Visto que Daniel tiene bastante cultura cinematográfica, al margen de que estudió la carrera, quisimos saber su opinión sobre el cine boliviano y qué critica le haría: “Entiendo la ‘crítica’ como un acto de valoración. En este sentido, lo que voy a expresar no constituye una opinión subjetiva, sino una constatación contrastada de la realidad –dice--. En nuestro cine, pocos directores han sido importantes en el contexto mundial; el cine nacional, hoy, con muy raras excepciones, aporta algo; se puede valorar positivamente lo que en coproducciones se ha logrado hacer. Sin embargo, a los cineastas nacionales les falta hacer propuestas cinematográficas importantes: esto es un cine pensante, reflexivo, útil, concienciador sobre la realidad humana universal. La falta de medios se ha convertido en una excusa detrás de la cual se esconde la falta del verdadero arte y creatividad: hay un amplio grupo de gente vinculada al quehacer audiovisual que quiere apoyo estatal (dinero del pueblo), para hacer películas de zombis, o esos estilos de cine, saturado en el ‘mercado’ por producciones multimillonarias. Si a eso sumamos que los pocos espacios solventados están destinados a hacer maratones de ver y crear cine --que banalizan esto que supuestamente tendría que ser arte--, la realidad del cine nacional es una comedia dramática de terror. Y lo es porque el arte es lo más difícil de hacer: la posmodernidad ha dilatado el ‘arte’ hasta la basura”.

Modificado por última vez enLunes, 22 Mayo 2017 16:31
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