Alejandra Pizarnik, con su diversidad contradictoria

Por Márcia Batista Ramos (*)

Para la poetisa Stèphanie De Hinojoza Ramos

La poetisa y escritora argentina Flora Alejandra Pizarnik, nacida en Buenos Aires el 29 de abril de 1936, como todos los argentinos, brasileños y uruguayos tenía ascendencia extranjera, por la conformación étnica social de estos países.

La historia de cada familia influencia en cada uno de sus descendientes; así la ascendencia judío-rusa de Alejandra, marcó su vida desde el principio.

Su apellido original, Pozharnik, se perdió como tantos otros al entrar en su nuevo país, uno de los muy corrientes errores de registro de los funcionarios de inmigración, que escribían según lo entendían, ya que los recién llegados no hablaban una palabra de castellano.

Desde pequeña, la muerte la tocó de cerca ya que los parientes que vivían en Europa murieron uno a uno en manos del fascismo y el estalinismo. De manera que las noticias que llegaban del viejo mundo eran de duelo.

Más tarde la muerte sería protagonista de sus obras; no el problema de la muerte en sí, sino la muerte como presencia y Alejandra escribe:

“Solamente escucho mis rumores desesperados, los cantos litúrgicos venidos de la tumba sagrada de mi ilícita infancia. Es mentira.”

Ser hija de extranjeros en sociedades conservadoras, no es asunto fácil; pues por un lado eso ejerce un fascino, por otro despierta cierto celo de los locales; en realidad es la falta de capacidad para aceptar las diferencias del otro, que mueve al ser humano de manera extraña desde la niñez.

Entonces, el autoexilio de sus padres y la tragedia que la rodeaba representaron fuertes cargas para su tierna edad. Sumado a que su autoestima se vio minada por su fuerte acento europeo al hablar, el asma y la tartamudez; como también problemas de peso y acné, eran sus circunstancias, entre otras eventualidades que probablemente solamente ella conocía, porque todas las personas sin excepciones, traemos dolores ocultos (no es algo malo ni feo, eso es una parte de ser humanos).

En su juventud cursó algunas materias de la carrera de Filosofía y Letras, de Periodismo y también estudió pintura, no llegó a graduarse; por su trabajo recibió en 1969 la beca Guggenheim, lo que le permitió viajar a Nueva York, y en 1971 ganó una beca Fulbright.

Desde muy joven, Alejandra vivía reincidentes cuadros de depresión, y con la terapia, descubrió que padecía de Trastorno Límite de la Personalidad, lo cual hace más admirable su dedicación a la escritura y puede apreciarse en obras como "La jaula". Una condición psiquiátrica es un dolor profundo, innato e irremediable eternamente.

Su poesía, como la de cualquier poeta se gesta aislada, sola, es compleja y permanece incólume en su esencia.

Alejandra concibe su obra lenta, y sujeta sólo a sus demonios personales, sin ansias de reconocimiento. Sin embargo fue una escritora muy prolija en su breve, pero intensa vida. Como ejemplo de relato corto, tenemos:

“La muerte y la niña

Debajo de un árbol, frente a la casa, veíase una mesa y sentados a ella, la muerte y la niña tomaban el té. Una muñeca estaba sentada entre ellas, indeciblemente hermosa, y la muerte y la niña la miraban más que al crepúsculo, a la vez que hablaban por encima de ella.

—Toma un poco de vino —dijo la muerte.

La niña dirigió una mirada a su alrededor, sin ver, sobre la mesa, otra cosa que té.

—No veo que haya vino —dijo.

—Es que no hay —contestó la muerte.

— ¿Y por qué me dijo usted que había? —dijo.

—Nunca dije que hubiera sino que tomes —dijo la muerte.

—Pues entonces ha cometido usted una incorrección al ofrecérmelo —respondió la niña muy enojada.

—Soy huérfana. Nadie se ocupó de darme una educación esmerada —se disculpó la muerte.”

Su primer libro, "La Tierra Más Ajena", fue publicado en 1955, cuando tenía 19 años, con el apoyo económico de su padre. Antes de su suicidio el 25 de septiembre de 1972, Alejandra Pizarnik escribió cerca de diez poemarios y comenzó a abordar la prosa. Dejando como legado una vasta obra, a pesar de su corta vida: un diario de casi mil páginas, un extenso corpus de poemas, muchos escritos y relatos cortos surrealistas, un repertorio psicoanalítico y alguna novela breve.

Su obra abarca los siguientes títulos: “La tierra más ajena” (1955); “Un signo en tu sombra” (1955); “La última inocencia” (1956); “Las aventuras perdidas” (1958); “Árbol de Diana” (1962); “Los trabajos y las noches” (1965); “Extracción de la piedra de locura” (1968); “Nombres y figuras” (1969); “Poseídos entre lilas” (1969), obra de teatro; “El infierno musical” (1971); “La condesa sangrienta” (1971); “Los pequeños cantos” (1971); “El deseo de la palabra” (1975); “Textos de sombra y últimos poemas” (1982); “Zona prohibida” (1982), poemas, muchos de ellos borradores de piezas publicadas en Árbol de Diana, y dibujos; “Prosa poética” (1987); “Poesía completa 1955-1972” (2000); “Prosa completa” (2002); “Diarios” (2003).

Alejandra Pizarnik vivió en París entre 1960 y 1964, donde trabajó para la revista “Cuadernos” y algunas editoriales francesas. Publicó poemas y críticas en varios diarios, tradujo a Antonin Artaud, Henri Michaux, Aimé Césaire, Yves Bonnefoy y Marguerite Duras, y estudió historia de la religión y literatura francesa en la Sorbona.

Alejandra Pizarnik es poeta apegada a su originalidad, que no se conecta con la tradición, sigue su propio camino sin concesiones:

“Madrugada

Desnudo soñando una noche solar.

He yacido días animales.

El viento y la lluvia me borraron

como a un fuego, como a un poema

escrito en un muro.”

Muchas veces, sus versos son un tanto herméticos. Su discurso es una búsqueda y se basa en el cultivo del lenguaje con ritmo marcado y silencios desesperados que la hacen única:

“Revelaciones

En la noche a tu lado

las palabras son claves, son llaves.

El deseo de morir es rey.

Que tu cuerpo sea siempre

un amado espacio de revelaciones.”

Posee un mundo particular que algunas veces aflora con delicadeza, otras sumerge abruptamente:

“Tiempo

                                              A Olga Orozco

 

Yo no sé de la infancia

más que un miedo luminoso

y una mano que me arrastra

a mi otra orilla.

Mi infancia y su perfume

a pájaro acariciado.”

Alejandra Pizarnik, en su poesía se muestra profunda, irreverente, experimental:

“El ausente

I

La sangre quiere sentarse.

Le han robado su razón de amor.

Ausencia desnuda.

Me deliro, me desplumo.

¿Qué diría el mundo si Dios

lo hubiera abandonado así?

II

Sin ti

el sol cae como un muerto abandonado.

Sin ti

me tomo en mis brazos

y me llevo a la vida

a mendigar fervor.”

Poeta ínsula, cuya poesía está predestinada a ser para minorías, que la atesoran y la resguardan como un secreto. Seguro permanecerá así por siempre, lejos de los lectores masivos. El tiempo no la superará, por el contrario: la engrandecerá siempre. Porque así fue Alejandra Pizarnik con su diversidad contradictoria, un ícono en la literatura Latinoamericana, logro cruzar las fronteras iberoamericanas y escribir su nombre en la eternidad.

“Cuento de invierno

La luz del viento entre los pinos ¿comprendo estos signos de tristeza incandescente?

Un ahorcado se balancea en el árbol marcado con la cruz lila.

Hasta que logró deslizarse fuera de mi sueño y entrar a mi cuarto, por la ventana, en complicidad con el viento de la medianoche.”

(*) Nacida en Brasil, Márcia Batista Ramos es escritora y vive en Bolivia hace varios años.

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Editorial Kipus en la XIX Feria del Libro de Santa Cruz

Este 2018, el Grupo Editorial Kipus estará en la XIX Feria Internacional del Libro de Santa Cruz (FIL) con dos espacios. Un stand dedicado a la exposición de los autores y títulos que normalmente publica y el segundo que será una especie de réplica del Café-Librería que inauguró en Cochabamba el año pasado y que goza de buena aceptación del público por la diversidad de actividades culturales que promueve.

“Este año vamos a dar mayor énfasis al Café-Librería y a la difusión en concreto de un nuevo sello de literatura infantil que es Kalandraka”, explica Huáscar Flores, responsable comercial de Kipus, sobre la participación de la editorial cochabambina en la FIL cruceña, que inicia el próximo miércoles 30 de mayo y  cierra el 10 de junio.

Kalandraka apareció en España el año 1998 con el propósito de “publicar obras de la mejor calidad estética y literaria en gallego para contribuir a la normalización lingüística” en su país y a la fecha tiene un extenso catálogo de obras en castellano, gallego, catalán, euskera, portugués, italiano e inglés; cuenta con sellos propios en Portugal, Italia y México, y su campo de acción se ha ampliado a temas de investigación y literatura para adultos.  

Entre las virtudes de Kalandraka (ganadora el año 2012 del Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural en España), están el que sus libros, sobre todo los dedicados a niños y jóvenes, son recomendados por los ministerios de Educación de México, Colombia, Argentina y España, y su particularidad es que rescatan los valores humanos, algo muy devaluado en este siglo XXI y por ende muy necesario rescatar.

Huáscar Flores llegó a conocer esta editorial buscando libros para su hijo pequeño y quedó tan bien impresionado que se contactó con Kalandraka  para adquirir los derechos de distribución de sus obras a través de la Librería Kipus. “Personalmente a mí me interesó y me comuniqué con España”, cuenta Huáscar en una entrevista telefónica con Plaza Catorce y detalla que los libros ya están en la aduana boliviana y una vez que salgan de allí se irán directo a Santa Cruz.

En el Café-Librería que tendrá Kipus en la FIL de Santa Cruz también está prevista la presencia de escritores como Mariano Baptista Gumucio, Homero Carvalho o Willy Muñoz, que estarán días específicos en el lugar para compartir con sus lectores. En la feria, la editorial cochabambina también se preocupará de promocionar la convocatoria de la tercera versión de su Premio Internacional de Novela y al mismo tiempo las obras que resultaron ganadoras, al igual que las menciones honrosas de las dos primeras versiones.

La editorial, por su lado, en su stand se ocupará de promocionar los nuevos títulos que ha impreso, como “Conversaciones con la muerte” de Ronnie Piérola o “Emma y los cuadernos de investigación” de Daniel Averanga.

KIPUS ABRE LIBRERÍA EN SANTA CRUZ

Santa Cruz es una ciudad de dos millones de habitantes y sólo tiene dos librerías. Este es justamente uno de los temas que se debatirán en el marco de la FIL, a la cabeza de la escritora Liliana Colanzi y Chritian Egüez, bajo el título “Santa Cruz, ¿por qué dos librerías para dos millones?”. Este debate lleva un par de años sobre la mesa, luego de que varias librerías que abrieron en una especie de boom, terminaron cerrando y quedando sólo en pie Lewy Libros y El Ateneo, las librerías más antiguas de Santa Cruz.

Bajo la premisa de que en el negocio de los libros no se puede esperar un retorno inmediato, es que el Grupo Editorial Kipus ha decidido expandir su acción al campo de las librerías y a partir de mediados de junio –se espera—comenzará a operar en pleno centro cruceño. Así, el Café-Librería estará ubicado en la calle René Moreno entre Pari y Ñuflo de Chávez.

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XIX Feria del Libro de Santa Cruz reunirá a más de 180 expositores y más de 200 escritores

La décimo novena Feria Internacional del Libro de Santa Cruz arranca este próximo miércoles 30 de mayo con la participación de más de 180 expositores repartidos en seis pabellones, la presencia de 50 escritores internacionales y alrededor de 180 nacionales; y la presentación de 80 libros de diverso género.

Este año Cuba es el país invitado de honor y Samaipata el municipio. La escritora mexicana Margo Glantz y el politólogo francés Sami Nair son los invitados de lujo que espera recibir esta cita literaria. Asimismo, habrá cinco encuentros internacionales: de Microcuento, de Narrativa, de Poesía, de Bibliotecarios y de Literatura Infantil y Juvenil, según ha informado el comunicado de prensa la agencia de comunicación SouzaInfantas.

Para la escritora María Sarah Mansilla, presidenta de la Cámara Departamental del Libro de Santa Cruz, el público tendrá un abanico de opciones para disfrutar de la fiesta del libro más grande e importante del país. En ese orden, la FIL cruceña también tendrá un cine en el que se podrá disfrutar de un ciclo de películas cubanas y nacionales, mientras que en el pabellón infantil el Dragón Lector, el Caballero y la Dama del Saber esperarán a los niños con los monstruos de sus historias favoritas como Frankenstein, Drácula, Lobo Feroz, Grinch y Solluz y Bulluz, de la saga de Benjamín, entre otros.

“La Feria del Libro se ha convertido en parte del estilo de vida de la población de Santa Cruz. El lugar de conexión de los lectores con sus autores”, afirmó Mansilla, quien adelantó que el Premio Anual de la Cámara será para la Red de Bibliotecarios del municipio cruceño.

Los horarios de atención serán de lunes a jueves y domingo de 15:00 a 23:00 horas, mientras que el viernes y sábado será hasta las 24:00 horas. El costo de las entradas será de Bs 20 para mayores, y los menores de entre 12 y 5 años pagarán Bs 5 y los menores de cinco años entrarán gratis. Según los organizadores, los estudiantes que lleguen en delegación acompaños de un profesor y un listado también tendrán un ingreso libre a la feria. 

Son varias las editoriales y los escritores cochabambinos que participarán de la XIX FIL de Santa Cruz. Por ejemplo, la editorial Nuevo Milenio presentará varios títulos como: “El día de todos tus santos” de la autora Fabiola Morales; “Los días de la peste”, del ya consagrado Edmundo Paz Soldán; “Autoretrato” de Saúl Montaño y “Los Constantinoplanos” del también cochabambino Raúl Rivero Adriázola.

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Rolando Balderrama y la historia del primer español en Cochabamba

Rolando Ariel Balderrama Román es licenciado en Comunicación Social de profesión e investigador histórico, paleógrafo, genealogista y archivista. Cochabambino de nacimiento (1961), bachiller del colegio Don Bosco, Balderrama es miembro de la Asociación de Investigadores Histórico Sociales ‘Alejo Calatayud’ y autor del libro “Yo soy el primer poblador que entró en este valle. Garci Ruiz de Orellana. Orígenes de la Villa de Oropesa (1548–1593)”, una crónica histórica sobre la biografía del primer poblador español que habitó en el Asiento de Canata –Villa de Oropesa del valle de Cochabamba–, actual ciudad de Cochabamba.

Inicialmente este libro fue lanzado el 16 de junio de 2016, en una presentación auspiciada por el Grupo Editorial Kipus y realizada en el Salón de Honor de la Gobernación de Cochabamba. Sin embrago, tuvo un “relanzamiento” el pasado miércoles 25 de abril, “pero ésta vez con el patrocinio del directorio del Club Social Cochabamba, gracias al interés que despertó su lectura en los principales directivos, Adriana Salamanca y Alberto de la Reza, que me motivaron a que se realice este nuevo relanzamiento”, cuenta Rolando Balderrama en una entrevista virtual con Plaza Catorce.

“No podía haber encontrado una mayor acogida, aceptación y buenas críticas por parte de los estudiosos investigadores en historia. En el relanzamiento –dice Balderrama– pude ver y apreciar, por palabras del doctor Gastón Cornejo y la magister Ítala de Mamán, que el libro, además de ser revelador, sí puede ser tomado como un libro didáctico y de consulta para los que quieran conocer sobre nuestra memoria histórica y de identidad con nuestro pasado, cuyo producto actual es nuestro mestizaje, rebelde, valiente, apasionado, romántico y sobre todo amante de su propia tierra”. La siguiente una entrevista con Rolando Balderrama sobre su libro.

 ¿Qué lo motivó a preocuparse por buscar en la historia sobre la fundación de Cochabamba?

Primero porque soy un cochabambino y siempre fui un apasionado de la historia, pero como esta carrera no es muy lucrativa, me desanimaron, además que en ese tiempo la televisión estaba dando sus primeros pasos en Bolivia, me decidí a estudiar Comunicación Social hasta sacar mi licenciatura, sin embargo, a la historia nunca pude olvidarla.  Trabajaba medio tiempo en medios de comunicación y por las tardes me iba al Archivo Histórico de la Casa de la Cultura a investigar principalmente la época de la colonia cochabambina. Tuve que aprender paleografía con ayudas esporádicas de la magister Ítala de Mamán y en menos de un año ya podía leer manuscritos de los siglos XVII y XVIII.

Vi que una manera de conocer más en profundidad el desarrollo urbano y las relaciones sociales, políticas, comerciales y eclesiales era investigando la genealogía de mi apellido "los Balderramas". Me remonté hasta enero de 1602, fecha en la que aparece por primera vez en la Villa de Oropesa mi antepasado Alonso Sánchez de Balderrama, nunca supe si entró por el Paraguay o por el Perú, pero sí descubrí su origen en España. Ahí terminó mi investigación genealógica. Pero me entró la curiosidad de conocer más sobre los orígenes de la ciudad de Cochabamba (o Villa de Oropesa en aquellos tiempos) y para ello tenía que tener conocimientos sobre paleografía del siglo XVI, que es muy complicada, aparte de que los manuscritos en su gran mayoría se encontraban muy deteriorados, por mutilaciones, hongos, etcétera. Pero era un siglo clave para mis investigaciones.

En éste período se encontraban las dos fundaciones de la Villa de Oropesa, y eso me fascinó muchísimo. Comencé a revisar manuscritos antiguos, encontré el testamento del capitán Gerónimo Osorio y el de Garci Ruiz de Orellana, entre otros de los primeros habitantes; sin embargo, fue uno el que más me llamó la atención, sobre un litigio que tiene Ruiz de Orellana con su vecino de Cala Cala Diego Balmaceda y los indígenas del Paso y Tiquipaya, sobre el derecho al uso de las aguas de Taquiña, donde en uno de sus alegatos dice enfáticamente: "Lo uno porque yo fui el primero poblador que entró en este valle y haber sido la causa y razón para la fundación de esta villa...".

Éste, para mí, fue un gran descubrimiento. "Había una historia hispano-indígena previa a la fundación de la Villa de Oropesa por Osorio", y efectivamente así fue, 24 años antes de la primera fundación ya vivía en el valle de Canata (hoy ciudad de Cochabamba y sus alrededores, podría decirse, la provincia Cercado) un español con su mujer e hijos, éste fue, Garci Ruiz de Orellana que entró al despoblado valle de Canata a fines de 1548 y fallece en la Villa de Oropesa el 12 de abril de 1593. Desde este punto de partida comenzaron mis futuras investigaciones y profundización del tema.

¿Cuánto tiempo le tomó investigar sobre este tema en específico?

El trabajo de campo, podría decirse, la investigación paleográfica me tomo más o menos seis meses, los restantes fueron trabajos de investigación bibliográfica y de armado de la historia en sí; en total me tomó como dos años y medio terminar el libro que tiene 748 páginas.

¿Qué tipo de documentos y en qué bibliotecas o archivos ha encontrado ese material?

Mis investigaciones están basadas principalmente en la revisión de las "fuentes primarias", quiere decir los manuscritos propios de la época que tienen mayor valor histórico que cualquier enunciado de un historiador o escritor moderno. Hice un barrido de estas "fuentes primarias", principalmente en el Archivo Histórico José Macedonio Urquidi de la Casa de la Cultura, también revisé documentación en el Archivo Histórico de la Gobernación; mediante Internet, el Archivo de Indias, en la sección pasajeros a Indias, y relatos de varios cronistas de la época como el Inca (mestizo) Garcilazo de la Vega, Guamán Poma de Ayala, Cieza de León, Bartolomé de las Casas, y otros. Encontré mucha bibliografía en las bibliotecas de Portales, de la Casa de la Cultura y Libros Sacramentales del siglo XVI (Bautizos, matrimonios y defunciones) de las parroquias de Cercado y otras provincias.

¿Cómo resumiría el contenido de su libro?

Un libro revelador sobre los orígenes verdaderos de la población hispana en la Villa de Oropesa. Didáctico y de consulta porque se hace una nueva revisión histórica sobre los antecedentes que gestaron el poblamiento aimara-quechua y la posterior penetración hispánica a estas regiones. Muy útil para impartirla en los centros de enseñanza de todo nivel.

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Edgar Sandoval y su coctel: mitología andina y terror. Un auténtico Lovecraft orureño

Por Márcia Batista Ramos (*)

 

Edgar Wilfredo Sandoval Yugar, orureño, de la nueva generación de escritores bolivianos del siglo XXI; persona de gran sensibilidad artística a quien le gusta además de escribir: hacer música y escultura, así como apreciar todas las artes.

Creó en el 2010 la lectura de cuentos de terror en el cementerio por ocasión de Todos Santos y en contraposición al “Haloween”, actividad que se tornó tradicional en la ciudad de Oruro y que aglutina a cientos de espectadores anualmente.

Escritor disciplinado y de voluntad férrea, que cuando está escribiendo, se obliga a escribir por lo menos cinco páginas diarias en el caso de novelas.

Edgar, quien tuvo los primeros contactos con la literatura a muy corta edad, cuando se quedaba solo en su casa, durante su niñez y ocupaba las horas de ocio leyendo. Además, tuvo la suerte de tener la imaginación aguzada por su abuela, quien le contaba “tenebrosos cuentos de terror” sobre los oscuros seres de los andes. Así, desde niño, se formó en leyendas mitológicas, que lo marcó sensiblemente; influenciando de manera decisiva, para que Edgar, se interesara por el género fantástico del terror; sembrando, a tan corta edad, en su imaginario, el germen de la literatura que con el tiempo creció y dio frutos.

Es el escritor quien comenta:

- “Los primeros intentos de escritura se dieron aún en colegio, en las clases de lenguaje, en las cuales debíamos escribir poemas y ensayos para la revista del colegio. Pero estos mis primeros logros no fueron muy apreciados por la maestra, que en esos días tenía unas ideas más ortodoxas al respecto de la producción literaria, y siendo mis textos desde esos tiempos de carácter algo mórbido, fueron desechados inmediatamente, atrasando este interés mío en varios años”.

Edgar Sandoval, cuando terminó el colegio recibió una beca para hacer los estudios superiores en Universidad Federal de Santa Catarina Brasil, donde se graduó como Ingeniero Agrónomo, más tarde, de regreso a Bolivia obtuvo el título de Licenciado en Psicología, en la UPAL, Oruro.

Y Edgar cuenta que allá:

- “(…) obnubilado por la oferta literaria de las gigantescas bibliotecas universitarias, todo al alcance del carnet estudiantil. En el periodo universitario fue cuando más leí, y cuando comencé a escribir pensando en publicar”.

Época en que leyó: Kafka, Sartre, Poe y Lovecraft; que influenciaron en sus primeros intentos de escritura. Sus primeros cuentos tuvieron bastante éxito entre los amigos, pero aún no los hacía públicos.

Vivir la transición de la adolescencia a la juventud en el exterior, también fue un factor de marcada importancia en la vida de Edgar. Cuando regresó a Bolivia en el 2002, luego de 10 años de estudio con seis especializaciones en agronomía: -(Extracción de metabolitos secundarios de plantas; Bioseguridad; Bioestadística; Compuestos metabólicos de plantas; Fisiología vegetal; y Silvicultura )-, un diplomado en administración de empresas, además de una maestría en: Genética Vegetal; chocó con la situación de su país, que era muy diferente a la de la República Federativa do Brasil; no consiguió empleo inmediatamente, y mientras estuvo “cesante”, en los finales de semana, visitaba los diversos cafés de la ciudad de Oruro; y fue en uno de estos cafés que conoció a un grupo de artistas que se reunían para lecturas y muestras de sus diversas obras y que le avivaron la chispa del arte.

Es el escritor quien registra:

- “A partir de este momento mi producción literaria se incrementó y mejoró, gracias al apoyo de diversos amigos escritores. También conocí a productores audiovisuales, entre los cuales se encontraban integrantes del grupo ‘Séptimo Ojo’, quienes llegaron a filmar uno de mis cuentos de terror titulado ‘El Banquete Nocturno’. También comencé a publicar una pequeña revista con algún contenido literario llamada ‘El Demonio Andino’, nada muy pretensioso pero que sería el inicio de proyectos más serios, así como ‘El Escribidor’ años después. Por estos tiempos hubo un factor que cambió radicalmente los temas de mis cuentos, la presencia de nuestra cultura al alcance de la mano, gracias a los amigos antropólogos”.

En esa época, Edgar Sandoval, cambia el estilo de su narrativa de terror, dejando atrás el trasfondo europeo o norteamericano que tenía su narrativa, debido a sus influencias, para descubrir una veta mucho más rica e inexplorada al alcance de sus manos: el panteón andino.

Edgar Wilfredo Sandoval Yugar publicó: la novela “Yawar Pampa” (2006); “Cuentos de la Abuela” (2016); y “Las Plagas de Huari” (2018). Participó de las antologías Supernova 2 y Supernova 3.

A las leyendas de su tierra, Edgar Sandoval, dio un dinamismo y grandiosidad como “si de mitología griega se tratara”, pues, contrastó a los personajes andinos con los de otras religiones míticas, y descubrió que lo monumental de lo propio salta a la vista, y cuenta:

- (…) “puesto que los más grandiosos seres míticos extranjeros, como el “kraken” escandinavo, el leviatán bíblico, la serpiente marina, los gigantes y “trolls” europeos, o los dragones chinos, no alcanzan el tamaño de nuestro lagarto, que se supone del tamaño de una cadena montañosa o serranía. Por esto fue que me propuse darles la grandiosidad griega a nuestras leyendas”.

Seguro de que los mitos se constituyen en una fuente de inspiración para elaborar relatos fantásticos, de terror y de ciencia ficción, Edgar no dudó en adentrarse en ese universo cargado de magia y fantasía oriundas de las tradiciones orales altiplánicas.

Investigó para poder interiorizarse en la mitología andina. Recopiló entre los ancianos una lista de estos enigmáticos y oscuros seres, así como sus características, para poder escribir sus cuentos en estos estupendos y extraordinarios términos. Y escribió en contextos más recientes, incluso en un presente que puede ser progresivo y adentrarse en el futuro, todo eso dio dinamismo a su narrativa.

Cabe mencionar, que los mitos y leyendas bolivianos, siendo una fuente para la producción de obras en la literatura fantástica, corren el riesgo de perderse, si no son rescatados por los investigadores talentosos como Edgar Sandoval. De ahí la importancia del género literario cultivado por el autor.

Edgar Sandoval en su primera novela, “Yawar Pampa, Tierra de Sangre”, publicada en español e inglés; obras de literatura fantástica, de gran calidad literaria, donde el autor logró ampliar el mito de las plagas de Huari sumando a todos los personajes de la mitología andina; en una narrativa con mucha calidad de detalles, continuidad, y referencias internas, que permite preservar las tradiciones orales del Altiplano Central de Bolivia.

Edgar crea un universo andino de terror, del cual Yawar Pampa es solo el inicio, pues, dice el autor:

 - “Todos mis cuentos están conectados con los mismos personajes. Por ejemplo, el brujo maligno Genaro se menciona casi en todos mis cuentos de forma directa o indirecta. Es el brujo Atuj Runa de la novela. Es un personaje que se repite como agente del mal…”.

El autor dejó establecido, en algún momento, que su objetivo es crear un universo geográficamente delimitado, pero en el inframundo andino. Algo así, como el infierno de Dante. En ese sentido el pueblo de Yawar Pampa es solo la entrada al inframundo andino o Mancaj Pacha.

Edgar transforma su temática del terror con una fantasía ingeniosa y altamente sugestiva; además, pretende presentar sus cuentos y novela en forma de cómic, ya que el género terror se presta para ello.

Así, profundamente, comprometido con su arte de escribir y altamente comprometido con las tradiciones de la tierra que le vio nacer, Edgar Sandoval, hace su coctel de: mitología andina y terror como un auténtico Lovecraft orureño.

(*) Márcia Batista Ramos es escritora Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

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Los escándalos sexuales que dañan a la Academia Sueca

Por Javier Claure C. (*)

La Academia Sueca, responsable de otorgar anualmente el prestigioso Premio Nobel de Literatura, se encuentra sumida en un gran escándalo que ha dañado la vida cultural sueca. Hasta hace poco la Academia ha sido una de las instituciones más misteriosas y herméticas del mundo. Sus miembros, escogidos minuciosamente bajo la batuta del rey Carlos Gustavo, y con una excelente formación académica, gozaban de un aura sobrenatural. Pero a principios de este mes, estalló la dinamita Nobel, poniendo en tela de juicio algunos secretos escondidos por la Academia durante mucho tiempo.

En realidad, todo empezó en noviembre del año pasado cuando, en Hollywood, saltó a la luz del día la campaña #MeToo (yo también) relacionada con abusos sexuales contra las mujeres, y que tuvo repercusión en muchos países. Y así, llegó también a Suecia la onda magnética de tal campaña. Y como resultado, 18 mujeres salieron del anonimato para denunciar, mediante el periódico Dagens Nyheter, que fueron víctimas de abusos y acosos sexuales. El autor de tan indecente conducta es el dramaturgo y fotógrafo francés, Jean Claude Arnault, esposo de Katarina Frostenson; académica y miembro del Comité Nobel desde hace 26 años. Arnault junto a su mujer eran responsables del Club Literario “Forum” financiado por la Academia. Sospechoso manejo que va en contra de los principios y ética de la misma Academia. Según la prensa sueca existen irregularidades económicas y se hará una investigación detallada del caso. Además, Arnault es acusado de haber filtrado a los medios de comunicación, al menos en siete ocasiones, el nombre del ganador del Premio Nobel de Literatura.

Al principio de este alboroto, que ha causado la atención mundial, tres miembros de la Academia Kjell Espmark, Klas Östergren y Peter Englund renunciaron a su cargo en dura señal de protesta por la no expulsión, del Comité Nobel, de Katarina Frostenson; por las supuestas acusaciones en contra de su marido. Da la impresión que han prevalecido otras cosas antes que los valores de la Academia. Espmark ha dicho a la prensa: “La integridad es el nervio central de la Academia. Y hay personas que toman en cuenta la amistad, y otros motivos por encima de la responsabilidad y la integridad de la Academia. Por eso no puedo seguir participando”. Mientras que Östergren se manifestó de la siguiente manera: “La Academia va arrastrando problemas serios desde hace tiempo, y ahora quiere resolverlos mediante confusas consideraciones. Lamentablemente esto implica traicionar a sus fundadores y protectores. Y también se traiciona al gusto y al talento literario”. El ex secretario permanente Peter Englund (2009-2015) señaló que existe una creciente grieta en el seno de la Academia, y que las críticas a su sucesora, Sara Danius, son totalmente injustas. Y acotó: “Se han tomado decisiones con las que no estoy de acuerdo, tampoco puedo defenderlas. Y, por consiguiente, he decidido no participar más en el trabajo de la Academia”. A todo esto se suma la carta abierta enviada, al periódico Expressen, por uno de los miembros de la Academia, Horace Engdahl, quien acusó a Sara Danius de ser la peor secretaria desde 1876. Es decir, desde que se fundó la Academia por el rey Gustavo III.

Finalmente, y después de una reunión que tuvieron los miembros de la Academia, Sara Danius y Katarina Frostenson renunciaron a sus sillas. Danius no quiso revelar si su salida fue a raíz de una votación en contra de ella. Y dijo: “Es la voluntad de la Academia y acepto. Hubiera querido seguir, pero hay otras cosas que hacer en la vida”. Y fue más dura en un mensaje enviado a la prensa donde añadió: “La Academia Sueca es importante y tiene mucho prestigio, pero eso no significa que no se pueda cambiar. Independientemente del poder, no es justo sobreponer intereses a los valores de nuestro tiempo. Por el contrario, la Academia debe ganarse la legitimidad del pueblo sueco. Acepté trabajar como secretaria permanente porque tenía apoyo en el sentido de que poco a poco, pero conscientemente se podía modernizar la Academia. Consolidar tradiciones no implica distanciarse de la sociedad, o que una persona se exprese con arrogancia. Las camarillas no son válidas hoy en día. Los delitos y las trampas tienen que ser denunciadas al sistema judicial”. Estas palabras son, sin duda alguna, un revés bien dado a todos los miembros de la Academia, en su mayoría hombres. Todo el follón desatado por Jean Claude Arnault, ha puesto también en el tapete que en la Academia existen otros problemas como por ejemplo intrigas, rencillas, irregularidades y disputas de poder. Se podría decir, entonces, que la Academia y el pueblo sueco están enfrentados por primera vez. Para empezar, la Academia no es considerada como una autoridad, sus miembros no son escogidos por el pueblo y gozaban, hasta hace poco, de un cargo vitalicio. Sin embargo, el pueblo sueco le da legitimidad y, además, se siente orgulloso de esta institución. El rey Carlos Gustavo es el máximo protector, pero no está presente en las reuniones del Comité Nobel. Desde su trono ha cambiado, o mejor dicho ha completado, los estatutos de la Academia. Pues ahora es posible que un miembro abandone la Academia a petición propia.
Como es de suponer, la mayoría de los suecos y las suecas están en contra de la conducta inmoral de Jean Claude Arnault. Y hay voces que reclaman que todos los miembros de la Academia son responsables de las jaranas suscitadas en el corazón de la institución y, por consiguiente, deberían renunciar a su cargo. Ninguna de las mujeres de los miembros (hombres), han estado implicadas en cuestiones de la Academia. No obstante, Arnault gracias a la palanca de su mujer (Katarina Frostenson) ha logrado codearse con la élite cultural sueca. Este zorro astuto vestido de cordero, durante mucho tiempo, ha vendido gato por liebre a los socios del Comité Nobel. Y todos se preguntan ¿cómo fue posible? La respuesta del pueblo sueco evidencia que este asunto se manejó con parcialidad. Algunas personalidades, desde hace tiempo, han dicho que la Academia no es una institución moderna, sino más bien conservadora, misteriosa y con un alto grado de esnobismo. Quizá la ex secretaria permanente, Sara Danius, trató de cambiar el rumbo de la institución, y encontró una fuerte resistencia entre los miembros. Un detalle curioso es que el día en que renunció Danius, llevaba una blusa blanca con un rosón. El jueves 19 de abril miles de personas se dieron cita, frente a la mansión de la Academia, para solidarizarse con Sara Danius. Hombres y mujeres llevaban también un rosón en el cuello y gritaban: ¡Que renuncien todos los miembros!, ¡Que renuncien todos los miembros!
Según ciertos analistas, la dimisión de Danius no es una cuestión de género. En todo caso, un gran porcentaje, de suecos y suecas,  aseguran que tal renuncia tiene que ver con las estructuras de poder masculino que existen en el Comité Nobel. Suecia es un país que lucha por la igualdad de género. De acuerdo al informe “The Global Gender Gap Report 2014” (Informe Global Brecha de Género 2014), Suecia ocupa el cuarto lugar entre los países que tienen mayor igualdad de género (Primer lugar Islandia, segundo lugar Finlandia y tercer lugar Noruega). Digan lo que digan, los miembros de la Academia Sueca, en cierto modo, han quebrado la imagen de Suecia y la de una sociedad moderna. La crisis en la cúpula de la institución ha dañado el Premio de Literatura más famoso del mundo. El trabajo de selección del Premio Nobel de este año está en riesgo. Pero de una cosa estoy convencido: Se les ha bajado de su pedestal a los miembros de la Academia, y tomará mucho tiempo recobrar la confianza, sobre todo, en el manejo imparcial de la institución.

(*) El autor es escritor y poeta boliviano que vive en Suecia hace muchos años.

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Concurso de crónica de Yerba Mala Cartonera

La Editorial Yerba Mala Cartonera ha lanzado la convocatoria de la primera versión de su Concurso de “Crónicas de cartón usado”, que está abierto hasta el 15 de junio próximo a cualquier persona mayor de 18 años, de nacionalidad boliviana o extranjeros que residan en el país. El ganador recibirá un premio de 500 bolivianos y la publicación de su obra; publicación en la que también estarán incluidos los trabajos que ganen el segundo y tercer lugar.

La temática de este concurso es libre y los textos que se presenten deben ser inéditos y no estar comprometidos con otros concursos. La extensión máxima de las crónicas (cada participantes sólo puede presentar hasta una obra) deberá tener un máximo de 25.000 caracteres con espacios  y un mínimo de 12.500, con un interlineado de 1,5 en tamaño carta y con márgenes preestablecidos: superior e inferior 2,5 centímetros; derecha e izquierda: 3 centímetros.

Este nuevo concurso fue lanzado “atendiendo al objetivo común de promover la práctica y difusión de expresiones artísticas literarias” y entendiendo  a la crónica como: "Un cuento que es verdad" (Gabriel García Márquez) y como “La reconstrucción literaria de sucesos o figuras, género donde el empeño formal domina sobre las urgencias informativas” (Carlos Monsiváis).

Según han afirmado los organizadores, desestimarán “a su exclusivo juicio, toda obra que aun cuando hubiera resultado seleccionada o nominada para el premio, desmereciere observación por: ser difamatoria, obscena, dañina u ofensiva que pueda lesionar derechos de terceros”. “La participación en el concurso conlleva la cesión de los derechos de difusión de la crónica a la Editorial Yerba Mala Cartonera, que realizará una publicación física y otra virtual, con licencia creativecommons que permitirá la libre copia, distribución y comunicación de la obra siempre y cuando se respete la autoría, no se haga uso comercial, ni se realicen obras derivadas”. Mayores detalles sobre la convocatoria se encuentran en el siguiente enlace: https://yerbamalacartonera.blogspot.com

YERBA MALA CARTONERA

La Editorial Yerba Mala Cartonera nace el 2006 en la ciudad de El Alto (La Paz), como una idea de Crispín Portugal, Beto Cáceres y Darío Luna. A partir de entonces el proyecto fue mutando, cambiando de miembros y también de sede, y hace algunos años que funciona en Cochabamba bajo la dirección de María Gabriela Flores, Lourdes Saavedra, Pablo Cesar Espinoza y Roberto Oropeza.

Hasta la fecha Yerba Mala ha publicado la obra de alrededor de 100 autores, entre cuento y poesía, “la mayor parte nacionales aunque tenemos autores de Argentina, México y Chile”, cuenta Roberto Oropeza en una entrevista con Plaza Catorce.

“La Yerba Mala se ha convertido en un punto de referencia a la hora de promocionar a nuevos autores que empiezan su carrera en el mundo literario”, dice Oropeza y pone como ejemplo las primeras obras que han publicado con esta editorial autores como el premiado poeta y músico Vadik Barrón, la poeta Janina Camacho Camargo, y los escritores Liliana Colanzi y Rodrigo Hasbún, entre varios otros.

En marzo pasado, Yerba Mala Cartonera ganó un Premio Plurinacional Eduardo Abaroa. “Son fondos obtenidos que corresponden a la categoría Proyectos de Movilidad; en este sentido hemos planteado organizar Tinta Quemada, una feria del libro en Cochabamba, con mayor diversidad en cuanto a propuestas y a número de editoriales –sobre todo independientes- que las ya habituales. Tenemos pensado contar con la participación de editoriales no solo del país sino también de Sudamérica. Creemos que la ciudad se merece una alternativa a lo ya establecido. Presentamos este proyecto al Ministerio de Culturas y nos adjudicamos el Premio Eduardo Abaroa, ahora solo falta que las autoridades hagan efectivo el desembolso”, explica Oropeza sobre el citado premio.

Actualmente, Yerba Mala está con el proyecto de “consolidar los eventos culturales que organizamos, como la feria del libro o el festival de poesía Panza de Oro –este último ya se ha convertido en una cita obligatoria para la poesía sudamericana–, a la para que lograr llevar a la editorial a más ferias  y presentaciones dentro y fuera del país”.

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Drago Lauric: Nacido para perder

“Durante toda la vida que he tenido siempre me quejaba por mi vida desgraciada, problemática, llena de padecimientos; aquí (Cochabamba), en Croacia y en todo lado, pero sí me parecía que mi vida era buena para una película. Hubiera preferido que sea película y no mi vida”, responde Dragutin Lauric Cabrera cuando se le pregunta por qué se animó a escribir “Nacido para perder”, libro que se presenta este martes 30 de enero a las siete de la noche, en el auditorio del Centro Boliviano Americano de Cochabamba.

Si bien la novela se desarrolla en varias ciudades de Bolivia y la ex Yugoslavia, la columna vertebral de “Nacido para perder” es Cochabamba, donde Drago Lauric llegó y se estableció en los años 90 después de huir junto a sus dos hijos de la guerra de los Balcanes. Lo que siguió a esto, según él relata, tuvo su ‘punto de no retorno’ el año 2010 cuando textualmente dice: “Me llené de mierda”. “Murió mi madre en las peores condiciones, me he sentido culpable, pero había algo en mi subconsciente que me decía: Ándate a La Paz”.

Aunque su infortunio existencial continuó en la sede de Gobierno, Drago recibió ahí todas las señales que lo llevaron a finalmente escribir con puntos y señas la historia de su vida. Primero aparecieron uno tras otro los conocidos y amigos que lo animaron a contar su historia y después vino el título, que lo tomó de los Johnny Thunders&The Heartbreakers.

“Me encanta la música, escucho música hasta en mi cabeza y por esa época del 2015 estaba atravesando por un tipo de rock de mediados de los 60”. Entonces Drago empezó escuchando los MC5 y después se enteró que habían varios otros grupos de esa onda y llegó a escuchar “Nacido para perder”. Al escuchar el título de esta canción pensó: “Por ahí va la cosa, no tiene nada que ver con la idea de mi libro, porque la idea del personaje es que siempre, desde wawa, tenía que pasar por una serie de agravios, un padre dominante; él andaba desubicado porque no sabía si era serbio o croata o boliviano”.

Ya para fines del 2015, el lugar donde trabajaba Lauric Cabrera atravesaba serios problemas. “Nos cortaban la luz y el Internet” y a quedarse viendo televisión prefirió escribir y en sólo cinco meses tenía 400 páginas listas con su historia narrada cronológicamente. Acto seguido, con el manuscrito en mano visitó a su amigo de infancia, René Velásquez Canedo, quien prometió ayudarle con todo lo que tenga que ver con la impresión, pero al mismo tiempo le dejó bien claro que muy poco podía hacer con la edición del texto. Sin embargo a los pocos días recibió la llamada de René Velásquez, quien le comentó que su amigo escritor, el cochabambino Raúl Rivero Adriázola, estaba de paso por la ciudad de La Paz y que había quedado interesado en su historia.

De ese modo, durante un año Drago y Raúl trabajaron en la corrección y edición de “Nacido para perder” y el último trimestre del año pasado la obra salió impresa gracias también a otra amiga de infancia de Drago, Teresa Cámara (quien vive en Canadá) y lo ayudó a buscar financiamiento para la impresión.

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