Plaza Catorce

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José Luis Novoa: El periodismo tiene que ayudar a crear nuevos diálogos

Por Claudia Gonzales Yaksic 

José Luis Novoa Santa Cruz es el director del Centro de Periodismo en la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI). En julio del año pasado, este centro desarrolló en Lima (Perú) –junto a CAF-Banco de Desarrollo de América Latina, con el apoyo de SembraMedia y la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC)—el taller “El Otro: Encuentro Iberoamericano de Periodismo Emprendedor e Innovador”, del que participaron 30 periodistas de 16 países de la región escogidos mediante convocatoria pública.

“El Otro –según los organizadores—hace referencia a la faceta emprendedora de Gabriel García Márquez, quien creó varios medios periodísticos a lo largo de su vida. El Otro, en particular, fue un diario impreso para Colombia en cuya gestación trabajaba, incluidos aspectos técnicos, legales y de diseño editorial integral, a principios de los años 80, justo antes de que le fuera otorgado el Premio Nobel (1982). Quería hacer, según lo decía, el mejor periodismo del mundo desde América Latina. Creemos que ese sueño aún se puede cumplir”.

De ese modo, este taller fue creado con el objetivo de mejorar y potenciar el diseño y desarrollo tanto de proyectos periodísticos nativos digitales que estaban en proceso de estructuración, como también de aquellos que ya habían comenzado pero aún no se habían detenido a gestionar todos los elementos necesarios para hacerse sostenibles económicamente.

En este taller, los periodistas que calificaron –entre ellos la web cochabambina de periodismo cultural Plaza Catorce—durante tres días participaron de talleres intensivos que fueron dictados por especialistas en periodismo y medios digitales de la talla de Jeff Jarvis (Estados Unidos), Jean-François Fogel (Francia), María Catalina Colmenares (Colombia), Carlos Serrano (Colombia), Janine Warner (Estados Unidos) y Mijal Iastrebner (Argentina), entre otros.

Un año después, la FNPI y todas las organizaciones que la apoyan, lanzaron semanas atrás la segunda versión de “El Otro: Encuentro Iberoamericano de Periodismo Emprendedor e Innovador”, que se desarrollará a fines de este mes de julio, otra vez en Lima (http://www.fnpi.org/es/fnpi/actividad/el-otro-ii-encuentro-latinoamericano-de-periodismo-emprendedor-e-innovador).

A propósito de recordar la primera versión de “El Otro” y anunciar el segundo llamado, publicamos a continuación una entrevista lograda por Plaza Catorce, en julio del año pasado en Lima, con José Luis Novoa Santa Cruz; entrevista en la que habla de los logros obtenidos por la FNPI en sus más de 20 años de trabajo en materia de periodismo en general, y de periodismo digital en particular.

¿Por qué la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) enfatiza la importancia del periodismo virtual y emprendedor?

Es un nuevo momento. La Fundación ha acompañado las transformaciones de Internet en América Latina desde su comienzo. Hasta donde entendemos, el primer taller de periodismo en Internet en América Latina lo hicimos nosotros en 1997, con Rosental Calmon Alves  en Sao Paulo (Brasil) y desde ese momento hemos animado las discusiones y las transformaciones del oficio. Hemos visto con atención y con preocupación cómo la industria al principio quizás no entendía muy bien qué significaba todo esto; luego, cómo con una cierta sensación de que eso pasaba en otro lados y ahora con la inminencia del cambio que ya se está viendo tanto en las estructuras informativas.

Si bien durante todos estos 22 años hemos acompañado todos estos procesos,  y hemos tenido un par de momentos en que hemos ayudado con  iniciativas nuestras a empujar nuevos emprendimientos periodísticos, ahora en 2017 queremos empezar como un nuevo momento. Ya llevábamos  25 años de Internet, eso parece, aunque como dice Jeff Jarvis no sepamos todavía mucho qué significa eso (del Internet), pero ya es un cuarto de siglo, tampoco es que Internet esté tan nuevo en el periodismo,  pero sí ciertamente de 25 años para acá se han inventado muchas cosas, pasando por las redes sociales y su impacto  profundo en los modelos periodísticos. Entonces, lo que queremos es animar de una manera nueva esa discusión, queremos buscar los nuevos referentes.

¿Cómo evalúa la FNPI los 25 años de periodismo en Internet?

En estos 25 años ya surgieron experiencias que ahora uno puede considerar que son  pioneras, decanas: El Faro (https://elfaro.net/), La Silla Vacía (http://lasillavacia.com/), por decir solo dos de 10 o 15 emprendimientos de América Latina que ya son referencia y ya son fuente de consulta obligatoria en cada uno de sus países. Ahora, con esto, lo que queremos buscar es la nueva generación, los que están empezando a imaginarse sus ideas. Creemos, como Jeff Jarvis o Ken Follet o Rosental Calmon Alves, que ahora es muy importante apoyar las nuevas comunidades, que el periodismo tiene que ayudar a crear nuevos diálogos.

Antes teníamos la audiencia como un solo agregado y ahora sabemos que hay muchas audiencias, y que una persona, como quien ahorita nos escucha (o nos lee), puede leer sobre nación en un medio, sobre animales en otro, sobre temas LGTB en otro y que el periodista tiene que saber llevar esas conversaciones, y en cada uno de esos casos proveer una información fiable importante.

Por último, le concedemos mucha importancia a la ética de la comunicación social y de la comunicación como un asunto público. Me refiero a lo siguiente: Obviamente hay este tema que se llamada post-verdad, que son noticias falsas, pero creemos que más allá de eso tenemos que hacer un muy fuerte esfuerzo para consolidar una ética de las comunicaciones digitales; que los ciudadanos incorporen para sí las buenas herramientas de la verificación del periodismo, que sepan desconfiar de la información, que sepan filtrar y en ese contexto el periodismo es más útil que nunca en un contexto en el que tenemos más información de la que nunca hemos tenido en la historia. El periodismo justamente es esa gente que nos ayuda a filtrar, a decir: Esto es válido, esto no, esto es falso, ojo que esto tiene este contexto; y esa labor periodística ya no solo es función del tradicional periodista de antes, ahora hay unos equipos más consolidados de gente, hay procesadores de datos, visualizadores de datos, ingenieros, etcétera; hay muchos más perfiles colaborando en esa provisión de información pero a la vez la ciudadanía que tiene que comenzar a incorporar en su propio chip parte de esa visión. Es como si la función periodística hubiera abandonado las salas de redacción y tuviéramos que ayudar a instalarla en toda la sociedad.

¿Qué espera la FNPI de los periodistas que son beneficiados con sus talleres?

Para la Fundación los talleres tienen un doble nivel. El primer nivel es el del aprendizaje y la inspiración con la que se van las personas que vienen físicamente al taller. Mucho de lo que se da acá por supuesto está disperso en las redes, si tú dices: “Oye, yo quiero saber qué dice Jeff Harvis sobre tal cosa”, pues hay un montón de cosas y hay traductores; está SembraMedia que tiene un sitio web con un montón de recursos… Pero ¿qué dice la Fundación? Pues, esa experiencia personal de venir (a los talleres) y tenerlo todo junto, de recoger información; eso nos parece importante, es válido, etcétera. Lo otro, es la inspiración, que es fundamental. Constantemente nuestros talleristas dicen del taller que, además de todos los conocimientos que uno espera, me llevo esa inspiración; a ver qué colegas en todo el resto del continente que, al igual que yo, están sufriendo, tienen dudas, no saben cómo resolver los temas, y el ver cómo otros han resuelto sus problemas y cómo otros persisten en medio de las dificultades. Esto muchas veces es tan importante o más importante que la misma cantidad de conocimientos que se tengan. Los conocimientos cada vez están más disponibles en la web, tenerlos agregados en un solo lugar es una gran ventaja, pero lo que no consigues en la web tan fácilmente es esa inspiración y esa relación con otros. Cada tallerista se va --en este caso-- con 29 amigos nuevos a los que puede consultar, con los que quizás tomándose un trago en el descanso o almorzando quedaron de acuerdo en seguirse consultando, en hacer un proyecto juntos… Esa es la magia de la Fundación, ese es un nivel el que pasa personalmente.

El segundo nivel es el de los que no pudieron venir, entonces nosotros tenemos un fuerte trabajo en generación de conocimiento, que todo lo que se ha dicho acá quede registrado no solo en vídeos, en documentos, sino intentamos también algunos otros materiales que le queden a la gente, esperamos que toda la gente que se inscribió a esto, incluso los periodistas que no se inscribieron, puedan en pocas semanas tener acopio de toda esta información.

¿Cuántos profesionales ya se han beneficiado de los talleres y actividades que propicia la FNPI?

Nuestros números más secos dirían que en 22 años de labores hemos hecho casi 1.000 actividades, de ellas más de la mitad han sido presenciales y a esas actividades han asistido 10.000 periodistas. Eso nos gusta porque digamos que a la larga es la creación de una comunidad de gente que se siente vinculada a la Fundación de otra manera.

Por otra parte, tenemos un movimiento de redes sociales muy fuerte, tenemos más de 90 mil seguidores en Facebook, algo similar en Twitter, una lista de correos bastante grande con gente de toda la región y esa es otra manera, esa es otra comunidad, otra gente que se inspira también en los valores de la Fundación, así no puedan venir físicamente a nuestros talleres. Aparte está nuestra red de maestros, de grandes periodistas de todo el mundo que dedican algunas semanas, algunos días de su tiempo para acompañarnos y darnos todo su valioso conocimiento, y un equipo en Cartagena (Colombia) de unas 30 personas dedicado en pleno a que estas 150 actividades que hacemos al año puedan salir adelante. De esas 150 actividades la mitad son presenciales, hay muchas que se concentran en el Festival de Periodismo en Medellín, que para nuestro orgullo es la gran cita del periodismo latinoamericano, un espacio para hablar y conocer un montón de experiencias. Esa es la Fundación ahora, muchos proyectos, mucha preocupación por lo que está pasando en Internet, una preocupación por ir más allá de los cercos del periodismo para hablar con otros públicos, eso es lo que estamos haciendo ahora en periodismo.

Alejandra Pizarnik, con su diversidad contradictoria

Por Márcia Batista Ramos (*)

Para la poetisa Stèphanie De Hinojoza Ramos

La poetisa y escritora argentina Flora Alejandra Pizarnik, nacida en Buenos Aires el 29 de abril de 1936, como todos los argentinos, brasileños y uruguayos tenía ascendencia extranjera, por la conformación étnica social de estos países.

La historia de cada familia influencia en cada uno de sus descendientes; así la ascendencia judío-rusa de Alejandra, marcó su vida desde el principio.

Su apellido original, Pozharnik, se perdió como tantos otros al entrar en su nuevo país, uno de los muy corrientes errores de registro de los funcionarios de inmigración, que escribían según lo entendían, ya que los recién llegados no hablaban una palabra de castellano.

Desde pequeña, la muerte la tocó de cerca ya que los parientes que vivían en Europa murieron uno a uno en manos del fascismo y el estalinismo. De manera que las noticias que llegaban del viejo mundo eran de duelo.

Más tarde la muerte sería protagonista de sus obras; no el problema de la muerte en sí, sino la muerte como presencia y Alejandra escribe:

“Solamente escucho mis rumores desesperados, los cantos litúrgicos venidos de la tumba sagrada de mi ilícita infancia. Es mentira.”

Ser hija de extranjeros en sociedades conservadoras, no es asunto fácil; pues por un lado eso ejerce un fascino, por otro despierta cierto celo de los locales; en realidad es la falta de capacidad para aceptar las diferencias del otro, que mueve al ser humano de manera extraña desde la niñez.

Entonces, el autoexilio de sus padres y la tragedia que la rodeaba representaron fuertes cargas para su tierna edad. Sumado a que su autoestima se vio minada por su fuerte acento europeo al hablar, el asma y la tartamudez; como también problemas de peso y acné, eran sus circunstancias, entre otras eventualidades que probablemente solamente ella conocía, porque todas las personas sin excepciones, traemos dolores ocultos (no es algo malo ni feo, eso es una parte de ser humanos).

En su juventud cursó algunas materias de la carrera de Filosofía y Letras, de Periodismo y también estudió pintura, no llegó a graduarse; por su trabajo recibió en 1969 la beca Guggenheim, lo que le permitió viajar a Nueva York, y en 1971 ganó una beca Fulbright.

Desde muy joven, Alejandra vivía reincidentes cuadros de depresión, y con la terapia, descubrió que padecía de Trastorno Límite de la Personalidad, lo cual hace más admirable su dedicación a la escritura y puede apreciarse en obras como "La jaula". Una condición psiquiátrica es un dolor profundo, innato e irremediable eternamente.

Su poesía, como la de cualquier poeta se gesta aislada, sola, es compleja y permanece incólume en su esencia.

Alejandra concibe su obra lenta, y sujeta sólo a sus demonios personales, sin ansias de reconocimiento. Sin embargo fue una escritora muy prolija en su breve, pero intensa vida. Como ejemplo de relato corto, tenemos:

“La muerte y la niña

Debajo de un árbol, frente a la casa, veíase una mesa y sentados a ella, la muerte y la niña tomaban el té. Una muñeca estaba sentada entre ellas, indeciblemente hermosa, y la muerte y la niña la miraban más que al crepúsculo, a la vez que hablaban por encima de ella.

—Toma un poco de vino —dijo la muerte.

La niña dirigió una mirada a su alrededor, sin ver, sobre la mesa, otra cosa que té.

—No veo que haya vino —dijo.

—Es que no hay —contestó la muerte.

— ¿Y por qué me dijo usted que había? —dijo.

—Nunca dije que hubiera sino que tomes —dijo la muerte.

—Pues entonces ha cometido usted una incorrección al ofrecérmelo —respondió la niña muy enojada.

—Soy huérfana. Nadie se ocupó de darme una educación esmerada —se disculpó la muerte.”

Su primer libro, "La Tierra Más Ajena", fue publicado en 1955, cuando tenía 19 años, con el apoyo económico de su padre. Antes de su suicidio el 25 de septiembre de 1972, Alejandra Pizarnik escribió cerca de diez poemarios y comenzó a abordar la prosa. Dejando como legado una vasta obra, a pesar de su corta vida: un diario de casi mil páginas, un extenso corpus de poemas, muchos escritos y relatos cortos surrealistas, un repertorio psicoanalítico y alguna novela breve.

Su obra abarca los siguientes títulos: “La tierra más ajena” (1955); “Un signo en tu sombra” (1955); “La última inocencia” (1956); “Las aventuras perdidas” (1958); “Árbol de Diana” (1962); “Los trabajos y las noches” (1965); “Extracción de la piedra de locura” (1968); “Nombres y figuras” (1969); “Poseídos entre lilas” (1969), obra de teatro; “El infierno musical” (1971); “La condesa sangrienta” (1971); “Los pequeños cantos” (1971); “El deseo de la palabra” (1975); “Textos de sombra y últimos poemas” (1982); “Zona prohibida” (1982), poemas, muchos de ellos borradores de piezas publicadas en Árbol de Diana, y dibujos; “Prosa poética” (1987); “Poesía completa 1955-1972” (2000); “Prosa completa” (2002); “Diarios” (2003).

Alejandra Pizarnik vivió en París entre 1960 y 1964, donde trabajó para la revista “Cuadernos” y algunas editoriales francesas. Publicó poemas y críticas en varios diarios, tradujo a Antonin Artaud, Henri Michaux, Aimé Césaire, Yves Bonnefoy y Marguerite Duras, y estudió historia de la religión y literatura francesa en la Sorbona.

Alejandra Pizarnik es poeta apegada a su originalidad, que no se conecta con la tradición, sigue su propio camino sin concesiones:

“Madrugada

Desnudo soñando una noche solar.

He yacido días animales.

El viento y la lluvia me borraron

como a un fuego, como a un poema

escrito en un muro.”

Muchas veces, sus versos son un tanto herméticos. Su discurso es una búsqueda y se basa en el cultivo del lenguaje con ritmo marcado y silencios desesperados que la hacen única:

“Revelaciones

En la noche a tu lado

las palabras son claves, son llaves.

El deseo de morir es rey.

Que tu cuerpo sea siempre

un amado espacio de revelaciones.”

Posee un mundo particular que algunas veces aflora con delicadeza, otras sumerge abruptamente:

“Tiempo

                                              A Olga Orozco

 

Yo no sé de la infancia

más que un miedo luminoso

y una mano que me arrastra

a mi otra orilla.

Mi infancia y su perfume

a pájaro acariciado.”

Alejandra Pizarnik, en su poesía se muestra profunda, irreverente, experimental:

“El ausente

I

La sangre quiere sentarse.

Le han robado su razón de amor.

Ausencia desnuda.

Me deliro, me desplumo.

¿Qué diría el mundo si Dios

lo hubiera abandonado así?

II

Sin ti

el sol cae como un muerto abandonado.

Sin ti

me tomo en mis brazos

y me llevo a la vida

a mendigar fervor.”

Poeta ínsula, cuya poesía está predestinada a ser para minorías, que la atesoran y la resguardan como un secreto. Seguro permanecerá así por siempre, lejos de los lectores masivos. El tiempo no la superará, por el contrario: la engrandecerá siempre. Porque así fue Alejandra Pizarnik con su diversidad contradictoria, un ícono en la literatura Latinoamericana, logro cruzar las fronteras iberoamericanas y escribir su nombre en la eternidad.

“Cuento de invierno

La luz del viento entre los pinos ¿comprendo estos signos de tristeza incandescente?

Un ahorcado se balancea en el árbol marcado con la cruz lila.

Hasta que logró deslizarse fuera de mi sueño y entrar a mi cuarto, por la ventana, en complicidad con el viento de la medianoche.”

(*) Nacida en Brasil, Márcia Batista Ramos es escritora y vive en Bolivia hace varios años.

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Conoce a los diez finalistas del Basque Culinary World Prize 2018

Los peruanos Karissa Becerra y Virgilio Martínez, son los dos únicos chefs latinoamericanos que figuran entre los diez finalistas del Basque Culinary World Prize 2018, que reconoce con un premio de 100.000 euros a chefs de cualquier parte del mundo que tengan iniciativas transformadoras en áreas de innovación, tecnología, educación, medio ambiente, salud, industria alimentaria y desarrollo social o económico, entre otros.

En la lista de finalistas –que fue hecha pública este lunes 2 de julio en Nueva York— también se encuentran los nombres de Anthony Myint y Caleb Zigas (ambos de Estados Unidos); Dieuveil Malonga (Congo/Alemania); Ebru Baybara Demir (Turquía); Heidi Bjerkan (Noruega); Jock Zonfrillo (Australia/Escocia); Marc Puig-Pey (España) y Matt Orlando (Dinamarca/Estados Unidos). Cosme, el restaurante del chef mexicano Enrique Olvera en Nueva York, ha sido el lugar elegido para anunciar los nombres de las 10 personas finalistas, en un evento que ha estado presidido por el viceconsejero de Agricultura, Pesca y Política Alimentaria del Gobierno Vasco, Bittor Oroz; Joxe Mari Aizega director general de Basque Culinary Center, Leonor Espinosa ganadora de Basque Culinary World Prize 2017 y Enrique Olvera, miembro del jurado del Basque Culinary World Prize y anfitrión del evento. 

Durante la presentación de las 10 personas finalistas el viceconsejero de Agricultura, Pesca y Política Alimentaria del Gobierno Vasco Bittor Oroz ha subrayado que este “premio que se enmarca dentro de la Estrategia integral Euskadi - Basque Country, aspira a lograr que valores compartidos por la sociedad vasca como la cultura del esfuerzo, el compromiso, la capacidad de superación, la vocación innovadora y competitiva, la igualdad de oportunidades para mujeres y hombres se asocien a la imagen de Euskadi y se conviertan en nuestra tarjeta de presentación a nivel internacional”.

LOS FINALISTAS

La peruana KARISSA BECERRA es cocinera, escritora, diseñadora pero, sobre todo, una activista que busca transformar la relación que construimos desde la infancia con la comida. Formada en filosofía y antropología, Becerra enseña a niños y adultos a pensar aprendiendo a comer. Su proyecto más ambicioso es La Revolución, una asociación sin fines de lucro con un catálogo de actividades creativas dirigidas a conocer lo que comemos pero también a generar una conexión emocional entre las personas y los alimentos. Con los fondos que reúne con estos talleres -en los que han participado miles de niños, padres y educadores- Becerra está llevando la educación alimentaria a colegios de escasos recursos y presiona para introducirla en el temario curricular de la educación pública peruana.

Más que con sus restaurantes, el trabajo de VIRGILIO MARTÍNEZ se relaciona con una manera de entender y vivir la gastronomía en que la innovación, la investigación y el desarrollo se enlazan con los ecosistemas y los saberes ancestrales en un mismo eje. El chef del reconocido restaurante Central lidera, junto a su hermana Malena, un equipo interdisciplinario en Mater Iniciativa que está construyendo una plataforma de documentación, intercambio y experimentación con la que promueve, además, una visión particular de temas como la biodiversidad (medioambiental y social). Con MIL, un nuevo restaurante a más de 3.500 metros de altura frente a las ruinas incas de Moray, consolida un inspirador modelo de restauración e interacción con comunidades endémicas, a quienes integra en prácticas sostenibles de agricultura, intercambio de conocimiento y creación de diálogos multiculturales. Adicionalmente, Virgilio se aboca a estrechar vínculos entre los países de Latinoamérica generando encuentros entre nuevos talentos.

Desde un enfoque científico e innovador, ANTHONY MYINT (Estados Unidos) está demostrando que los restaurantes pueden ser un ejemplo en la lucha contra el cambio climático. Figura de la escena gastronómica de San Francisco con Mission Chinese Food, este cocinero es cofundador de ZeroFoodprint, una organización sin ánimo de lucro que asesora a negocios de comida para que minimicen o incluso eliminen la huella de carbono que producen. ZeroFoodprint evalúa todas las operaciones del restaurante que generan gases de efecto invernadero, desde el tipo de ingredientes utilizados, su transporte y manipulación, el uso de energía o el manejo de residuos, y desde ese diagnóstico les propone un plan con alternativas para mejorar su eficiencia sin provocar pérdidas económicas. Predicando con el ejemplo, en 2016 Myint inauguró The Perennial, un restaurante diseñado desde cero para evitar cualquier impacto ambiental. En 2018, 178 restaurantes de todo el mundo se comprometieron con este movimiento al compensar sus emisiones en el Día de la Tierra. 

CALEB ZIGAS (Estados Unidos) es el director ejecutivo de La Cocina, una incubadora social que desde hace más de una década convierte a personas de bajos recursos –sobre todo mujeres inmigrantes y afroamericanas- en propietarias de su propio negocio en San Francisco. Con un programa de formación y seguimiento de cinco años, La Cocina ha ayudado a establecer 30 micronegocios e impulsado unos 90. Su labor promueve un sector gastronómico más inclusivo e igualitario en un país donde las mujeres representan el 33% de propietarios de restaurantes y el 21% de jefes de cocina. Pastelero de profesión y graduado en Globalización y Cultura por la Universidad de Michigan, Zigas se formó sobre financiación de microproyectos en Bolivia colaborando con la ONG ProMujer. 

DIEUVEIL MALONGA, nacido en el Congo y criado desde los 13 años en Alemania, este joven chef aprovechó la notoriedad que le dio participar en Top Chef (Francia) para apoyar y visibilizar el talento gastronómico africano. Con su plataforma Chefs in Africa, fundada en 2016, Malonga asesora a cocineros y aprendices y los pone en contacto con empresas, academias, hoteles y restaurantes que les pueden reclutar o becar. Su objetivo es ofrecer una oportunidad a todos los jóvenes con vocación culinaria, como lo era él, para superar las barreras que actualmente enfrentan, como la falta de formación, de empleo y la discriminación. Más de 4.000 cocineros de países africanos o en la diáspora se han sumado a esta red. Instituciones como la Organización Mundial del Turismo y la Unesco apoyan su labor.

En Turquía, el país que acoge a más refugiados sirios (más de 3,5 millones de personas), está la infatigable chef EBRU BAYBARA DEMIR, quien utiliza la gastronomía como una herramienta para la integración. En sus iniciativas, Baybara Demir empodera a mujeres de ambos países y desmonta prejuicios realzando la riqueza que supone el intercambio cultural. Su último proyecto se sitúa en la provincia fronteriza de Mardin, cuya maltrecha agricultura quiere revitalizar como base para combatir el gran desempleo femenino y proteger las técnicas tradicionales de cultivo.  Hasta el año pasado fue una de las principales educadoras de “Harran Gastronomy Project”, un proyecto de ACNUR en el que 160 personas, sobre todo mujeres sirias y turcas, fueron formadas y 108 contratadas para cocinar en los campos de refugiados y otras instalaciones.

Figura culinaria de Noruega, HEIDI BJERKAN defiende un modelo de restaurante armónico con su entorno y una gastronomía comprometida con la realidad social. Su restaurante Credo opera en un sistema circular con los granjeros de los alrededores de Trondheim. De ellos recibe alimentos orgánicos cuyos desperdicios son luego convertidos en abono para los mismos campos. En 2017, esta ex chef  de la familia real noruega lanzó Vippa, una aceleradora social con la que brinda oportunidades de formación y trabajo a refugiados e inmigrantes. Bjerkan reconvirtió un antiguo almacén de pescado del puerto de Oslo en un bullicioso mercado de comida callejera. En sus stands, los participantes de Vippa cocinan y sirven sus platos a un público esencialmente joven que acude a disfrutar de un espacio de diversidad multicultural. 

El chef escocés JOCK ZONFRILLO está embarcado en la tarea de preservar una memoria alimentaria que se desvanece: la de los pueblos originarios australianos. Los últimos 17 años se ha dedicado a descubrir y reivindicar esta antigua cultura, excluida de la identidad culinaria nacional. En ese tiempo recorrió centenares de comunidades remotas y plasmó riquezas gastronómicas que sus habitantes le compartieron en el menú de su prestigioso restaurante Orana y en sus programas de televisión. Con la filosofía de “devolver más de lo que se recibe”, Zonfrillo puso en marcha en 2016 The Orana Foundation, cuyos objetivos abarcan desde el apoyo a las comunidades indígenas para la producción y comercialización justa de sus productos hasta la documentación de más de 10.000 ingredientes nativos y la investigación de nuevos usos.

Miembro del revolucionario equipo de cocina de elBulli durante casi dos décadas, MARC PUIG-PEY (España) decidió un día poner su creatividad al servicio de la ciencia y la salud. Responsable del Área de Cocina de la Fundació Alícia de Barcelona, el chef estudia y genera soluciones alimenticias para que niños y adultos con restricciones alimentarias puedan comer lo más sano y rico posible. Su liderazgo ha sido fundamental para el éxito de proyectos que han mejorado la vida cotidiana de personas enfermas. Se ha ocupado de diseñar recetas para pacientes que sólo pueden comer texturas modificadas; se ha implicado en la producción de videojuegos educativos y, más recientemente, en proponer preparaciones culinarias para las personas en tratamiento contra los diferentes tipos de cáncer. Estas guías son gratuitas y están disponibles para toda la población de forma on-line.

MATT ORLANDO (Dinamarca / Estados Unidos) es uno de los cocineros más influyentes en la lucha contra el desperdicio de alimentos. Con un enfoque innovador, Orlando demuestra que aprovechar al máximo ingredientes y recursos tiene más que ver con cambiar paradigmas y asumir lógicas circulares, que con “usar aquello que no tiene valor”. Para Orlando, todo lo que trae un producto tiene potencial y es menester del cocinero (no del ingrediente) probarlo. En su restaurante Amass promueve un ambiente de sana competencia entre su equipo para encontrar soluciones y técnicas nuevas, aunando la investigación y las armas de la alta cocina. Amass emplea insumos exclusivamente orgánicos y ha logrado reducir un 75% sus residuos en los últimos tres años. Ex mano derecha de Rene Redzepi, Orlando hace de su restaurante un recurso educativo, con talleres para que niños urbanos aprendan a plantar, cocinar y consumir vegetales. 

Jean Carlo Sandi: El tiempo es veloz

A principios de este mes de junio (que ya termina), el artista orureño Jean Carlo Sandi presentó una muestra retrospectiva de su obra en Cochabamba, ciudad donde tiene un atelier ubicado en la calle Gualberto Villarroel esq. Pasaje Ustariz. Esta retrospectiva tuvo como curadora a la artista visual Verónica Weise, quien escribió un artículo que reproducimos a continuación.

Por Verónica Weise (*)

Desde su incipiente inicio en la Escuela de Bellas Artes de La Paz, hacía un arte de contenido con una maestría técnica adquirida a través de un extenso y arduo proceso de indagación y experimentación. Sus últimas obras, que oscilan entre el expresionismo y la abstracción, poseen ya la concreción de un lenguaje personal y una temática que lo caracterizan como un artista maduro.

1999

La escuelita de Bellas Artes de La Paz, con todas sus limitaciones es para Sandi el punto de inicio de una aventura exuberante, absolutamente personal y autónoma, como él mismo se define: "Autodidacta". Sandi es un hombre libre en todo el sentido de la palabra, un artista que no se detiene ante ningún obstáculo ni preconcepto, y en ese sentido, honra el principio más sustancial del arte. Sin libertad no hay descubrimiento, indagación, apropiación, deconstrucción; sin libertad no existe la posibilidad del arte. Les invito a que recorran su obra con ese espíritu y se permitan dejar llevar.

2000-2010

En esta veloz retrospectiva tenemos el privilegio de apropiarnos, a primera vista, de un proceso de aprendizaje de muchos años de trabajo incisivo y determinado que implica una   inmersión en diversidad de técnicas y estilos: entre otros, grabado, monotipia, óleo, acrílico, acuarela, pastel, grafito.... Naturalismo, paisaje, figuración, abstracción, sintetismo, expresionismo. Resulta anecdótico mencionar la serie de seudónimos que él mismo utiliza buscando una identidad.

Altiplano, ocres y horizontes infinitos, gente curtida, sobria, perseverante, afectuosa y sencilla. La tierra de la infancia de Sandi, la que él amaba cuando su mamá cocinaba pan de leche en un horno de barro... Un altiplano cálido, amable. En busca de la luz que nace de las sombras, procura desentrañar los secretos del maestro Rembrant en su "Ronda Nocturna", y al cabo la luz emerge, pero más bien del interior, del recuerdo de su infancia feliz. Pinceladas precisas, tecnología, con un marcado expresionismo y una abstracción casi radiográfica manifiesta este sentir tan profundo de identidad y pertenencia.

Haití, creolé, indigencia institucionalizada. Sandi vivió allí y fue, y sigue siendo, un buscador, un testigo con gran sensibilidad social, capaz de transportarnos a ese momento fugaz, ese instante furtivo de la vida cotidiana de las mujeres sin trascendencia: las prostitutas, las que acarrean agua... Las mismas que los impresionistas retrataban en los barrios bajos de París del siglo XIX en busca de la luz. Desde una mirada impresionista semi-abstracta, la luz del mediodía acentúa el vibrante y tórrido colorido, en el escenario urbano del siglo XXI, que sin embargo, en esencia, sigue siendo el mismo: El de la miseria.

Sandi nació en Oruro, tierra del Carnaval, donde se encuentran los waca tocoris, los diablos, los morenos, los ángeles y arcángeles, para ofrecer sus votos a la Virgen del Socavón. Si bien dejó Bolivia de muy joven, para vivir en otros países del mundo, nunca dejó de sentirse orureño. Es en el Carnaval de Oruro, fanfarria, música, exceso, vida, vibración, tradición, donde Sandi se encuentra y reencuentra cada año con su "ser boliviano", en la fiesta orureña por excelencia, es donde se siente más arraigado, en su oscilante plenitud, este ciudadano del mundo vuelve a ser hijo de su tierra. Es por eso que en su obra el Carnaval de Oruro está siempre presente, es su "cable a tierra".

Si bien es un artista ecléctico en todo el sentido de la palabra, el expresionismo domina la obra actual de Sandi, un expresionismo que oscila entre la figuración y la abstracción, entre la reducción analítica compleja a la más básica expresión del gesto grotesco. Su más reciente obra es un homenaje a dos grandes figuras del expresionismo americano: Willem De Kooning y Jean Michelle Basquiat. Es el libre albedrío que lo caracteriza y lo identifica, en su obra en general, y especialmente en esta última etapa.

El arte urbano, la ciudad, la técnica del stencil, el aerosol, la tecnología, es parte constitutiva en su obra, aparece en sus escenarios socavando las tradiciones, a modo de deconstrucción desenfadada. Es esencialmente en la técnica donde lo urbano se manifiesta ante todo, pero también en el concepto de apropiación irreverente de imágenes que conviven unas con otras sin ningún pudor, reflejo de las ciudades del siglo XXI.

En esta etapa, Sandi se sumerge en una frenética producción. Ante circunstancias complejas y agobiantes de su vida personal, encuentra alivio y liberación. El cartón y los materiales de uso masivo viabilizan fluidamente la concreción de esta experiencia en cientos de obras diseminadas por la ciudad.

En esta serie Sandi se atreve a desmitificar lo más clásico de lo clásico y las obras que han marcado la Modernidad, y por consecuencia, la Posmodernidad: "La Muchacha de la Perla" de Jean Vermer; proporción, oficio, tradición, grisalla y veladuras. Las Señoritas de Avignon" de Pablo Ruiz Picasso;  cubismo, desintegración de la figura, del tiempo y el espacio, la obra más revolucionaria de la Modernidad.

Finalmente, Sandi conquista, descubre, explora y experimenta la "conquista, descubrimiento, exploración y experimentación", que por definición y experiencia llamamos "arte". Como dijo un día André Breton refiriéndose al arte moderno: "La belleza será convulsiva o no será".

Si bien nosotros lo conocemos como una persona gentil y carismática, Sandi se reconoce como un hombre solitario... En esta morenada, ya sin el colorido exuberante, la fiesta y el exceso, en lo más íntimo, tenemos a un hombre simple, que tiene el coraje de mirarse a sí mismo a través de su arte y la libertad de permitirse, sin ningún desenfado, transitar por los maestros de todos los tiempos, aspirando a descubrir sus secretos.

(*) Verónica Weise es artista visual nacida en Cochabamba y maestra de artes.

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