Concierto conversatorio con Mauricio Canedo

Mao Khan, Mauricio Canedo, durante uno de sus recientes conciertos. GABRIELA OLIVERA Mao Khan, Mauricio Canedo, durante uno de sus recientes conciertos.

Por Claudia Gonzales Yaksic

En el auditorio de la Alianza Francesa de Cochabamba, este viernes 21 de septiembre a las ocho de la noche, el talentoso músico, compositor, guitarrista y productor musical Mauricio Canedo estará como protagonista del espacio Viernes Musicales, en un concierto conversatorio que tiene el ingreso libre y es auspiciado por ENDE Transmisión y Amalia Canedo Producciones, donde tocará las canciones que conforman su primer disco en solitario, “Mao Khan”, que ha sido lanzado en abril de este año y presentado en las ciudades de Cochabamba, La Paz, Santa Cruz y Sucre.

Mao Khan es el nombre artístico con el que el cochabambino Mauricio Canedo se dio a conocer en Buenos Aires, Argentina, donde estuvo los últimos años viviendo, estudiando y trabajando, y donde también grabó esta su nueva producción que está compuesta por nueve canciones, cuya letra y música le pertenecen, y donde fusiona con su característica maestría estilos musicales diversos como el jazz, folklore y rock.

Con este 2018, ya son 15 años que Mauricio Canedo está dedicado profesionalmente a la música y en todo este tiempo, además de ser fundador e integrante de Quimbando, ha trabajado –componiendo, tocando y haciendo arreglos, dependiendo el caso—junto a otros también talentosos músicos, como Willy Claure, Alejandra Lanza (Timpana), Sariri, Tincho Castillo, Marcelo Arias, Danilo Rojas y Marcelo Peña, entre otros.

La siguiente una entrevista virtual conseguida por Plaza Catorce con Mao Khan.

¿Qué músicos te acompañarán en el concierto del 21 de septiembre?

Para esta ocasión estaré solo con mi guitarra.

¿Cuáles son los temas musicales a los que darás prioridad?

Tocaré temas de mi último disco, algunos temas de la etapa de Quimbando y un par de  temas inéditos que compuse este año (algunos nuevos monstruitos).

Este 2018 cumples 15 años de carrera artística. ¿Cómo evalúas tu trabajo. Estás contento con los resultados?

Depende a qué aspecto te refieras. Por un lado, creo que el hecho de haberme dedicado a la música tiene que ver con una necesidad personal de expresarme y se consolidó con la fundación de Quimbando. Ese impulso duró 10 años, en los cuales produjimos cuatro discos con nuestras canciones y exploramos muchos estados de ánimo. Desde esos días, comencé a encariñarme con esta forma de vivir. Desde ese lado siento una gran satisfacción de continuar dedicándome a esto, me siento agradecido con la vida: el impulso inicial tomó vuelo. Con el tiempo, aprendí a darle un valor a mi trabajo y ahora puedo sobrevivir de hacer la música que me gusta y que además es mía. En este momento, aprendí a valorar más el proceso, porque luego de conseguir un producto deja de ser tuyo, ya está fuera, ahora sólo puedes contemplarlo. Por otro lado, siento una especie de desconexión general, puede que se deba a que hoy todo gravita principalmente en la virtualidad y muchas veces  me niego a ello, cayendo en anacronismos. 

Crear, componer y producir un disco es una tarea que, además de profesionalismo, demanda recursos económicos. ¿Cómo has financiado tu primer disco en solitario?

Una parte con un dinero que pude ahorrar dando clases y tocando, la otra con el apoyo de las personas que hicieron la compra anticipada del disco y la última con la gente que asistió y asistirá a los conciertos (o al menos eso espero porque aún no lo termino de pagar).

¿Cómo te fue con tu primer disco en solitario? ¿Cuál fue la respuesta del público?

Podría decirte lo que busco: que la música suene siempre de la mejor manera posible y que como músicos seamos capaces de disfrutar cada momento, no guardarnos nada, según esos indicadores, creo que la recepción estuvo buena, es lo único que podemos ofrecer a la gente que va a escucharnos. Respecto a lo de solitario, pienso que un disco es un inventario del trecho de vida que representa y luego es como volver a empezar, siempre de nuevo. Es bueno cambiar los ojos de tiempo en tiempo, para mantener las ganas de tocar.

Luego de que estuve prácticamente encerrado en mí mismo durante tres años, volví a ver gente. Si no fuera porque hago música y me dedico a hacer discos, no saldría nunca de mi casa y si no tuviera casa, estoy seguro de que dormiría en el asiento de alguna plaza, o en la ladera de algún cerro en el que no hayan casas, alimentándome de hojas secas y viviendo debajo de algunas matas, o me dedicaría a algún otro trabajo que me permita hacer de mi ocio un tiempo siempre creativo.

¿Hay más conciertos en agenda para este mes de septiembre y los próximos?

Sí, octubre estaré en Santa Cruz y en La Paz, estos días sabré las fechas exactas.

¿Actualmente estás radicando en Bolivia?

Sí, en Cochabamba

¿En qué proyectos andas embarcado?

Ahora en Mao Khan y en el “8B departamento cultural”, un espacio que abrimos junto a mi compañera Gabriela Olivera, con el objetivo de brindar un nuevo espacio a artistas y talleristas. Me dedico también  a la docencia en música. Ahora ando dando clases en la EPA (Escuela Popular de Artes). Hace algunos meses conocí a Mohamed Yoshry, un músico egipcio que llegó para quedarse en Cochabamba, que es un maestro del laúd árabe, y junto a Miguel Crespo (en la percusión), armamos un trío en el que haremos música oriental, es un proyecto que está comenzando a sonar bastante bien. Luego, tenemos pensado juntarnos con Chelo Arias para hacer algunos conciertos como dúo, ya que nos encontramos de tanto tiempo, pensamos volver a hacer algo juntos. Estará lindo. 

¿De dónde crees que viene esa tu capacidad para lograr fusionar con éxito ritmos musicales distintos?

No lo sé, imagino que de mi incapacidad de concentrarme: la única manera en la que puedo concentrarme del todo es cuando trabajo componiendo y las cosas van tomando su propio orden. No es que decida hacerlo de esa manera, la verdad es que no puedo hacer una cosa por mucho tiempo, me aburro con facilidad y para divertirme comienzo haciendo lo primero que me sale y luego, en el proceso, voy dando a las ideas una forma con la que creo que podrían entenderse mejor, aunque el entendimiento es solo una ilusión, todo siempre se interpreta. El estilo, por otra parte, no es algo que busco, pienso que el estilo es algo que se puede ver desde afuera, es muy probable que yo posea uno, aunque no de manera completamente consciente.

Para componer letras musicales, creo, se necesita una sensibilidad de poeta/escritor que has demostrado en tu trabajo. ¿Qué relación tienes con la escritura?

No sé si el hecho de escribir una letra te convierte automáticamente en un poeta, ni que un poeta sea pura sensibilidad. Es cierto que, para absorber las cosas que se manifiestan de manera casi imperceptible en el mundo, es necesario un radar; pero también es necesaria una cierta tozudez racional para poder transfigurar la realidad y convertirla en un poema. Matilde Casazola le llama al poema “la carne de los sueños”, porque el sueño puro no es capaz de mostrarse así mismo, no sabe siquiera que existe, necesita por ello carne y el poema es su carne, en ese proceso debes tratar de ser lo más fiel posible a una idea inicial que cambia todo el tiempo, inevitablemente, como los recuerdos, y debes atarte a esa idea, y en ese momento decodificarla y anotarla.

La relación que tengo con la escritura es bastante íntima, me refiero a que tengo la costumbre de escribir por escribir, sin ninguna otra intención, ligado a una sensación de responsabilidad, que surge del hecho de que estamos irremediablemente condenados por el tiempo. El tiempo finalmente tampoco puede revelarse a sí mismo, es por eso que el poeta escribe, al escribir el poema, le da al tiempo corporeidad, mientras lo demás envejece. Todo esto no es más que un juego de posibilidades, con dardos arrojados al azar, los poemas, las canciones son una especie de cápsulas de tiempo.

Modificado por última vez enLunes, 17 Septiembre 2018 11:40
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