Plaza Catorce

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Blanca Garnica: algunos emblemas poéticos de su obra

Por Márcia Batista Ramos (*)

Blanca Garnica es una de las principales voces en la poesía boliviana. Su poesía es una rara gema, una compleja y refinada red de alusiones y resonancias; contiene timbres intensamente melancólicos expresados reiteradas veces.

La melancolía  también hace parte de su forma de ser, tanto así, que en alguna ocasión Blanca me comentó “que la melancolía es su sombra”. 

Su poesía tiene pinceladas surrealistas en cuanto a la búsqueda de la verdad se refiere, ya que ella acude a situaciones verdaderas, sin miedo a reflejar lo feo que la realidad alberga. Entretanto veo la dificultad de ubicar a Blanca Garnica dentro de una escuela literaria o un grupo determinado. Su poesía, de matiz sumamente individual y hermético rechaza todo encasillamiento. Sabemos que por edad y ciertas similitudes tangenciales debemos colocarla dentro de la generación de los años sesenta a nivel latinoamericano. Sin embargo, desde la perspectiva de hoy, y también desde este análisis, Blanca Garnica surge como una verdadera precursora de la poesía actual.

Lo que se destaca en la obra de Blanca Garnica es un lirismo  profundamente cotidiano, que seduce por su simplicidad al tiempo que estremece por el temblor interior que provoca como una especie angustia al expresar su inconformismo.

Su poesía leída en silencio hace emerger la inteligencia obvia y formidable  de la autora, no solo por la forma como también por la denuncia que instala a través de esa peculiar relación entre las palabras y la rima, que no se siente como un contraste, sino como una unidad expresiva.

En esa tercera voz que la rima y las palabras componen juntas, está la belleza de su poesía.

Para Blanca Garnica la poesía no basta, la denuncia como tal, tampoco. El resultado final es mucho más que la suma de las partes. Ese es el curioso fenómeno de su poesía que es un grito de rebeldía a través de la literatura, elevada a la categoría de gran literatura.

Blanca aborda de manera profunda en su poesía los sufrimientos cotidianos de las mujeres que lloran en silencio…. Los sufrimientos que se invisibilizan en una sociedad machista que minimiza la figura y expresión femenil incluso en el ámbito privado; dando lustro, así, al carácter universal que adquiere su poesía.

Ella  expresa la perplejidad del pájaro enjaulado, que no comprende el amor de su carcelero. Y en un instante, su voz se universaliza porque define la condición femenina en nuestro siglo.

Al tiempo que utiliza la palabra como un icono de libertad. Sin enarbolar banderas, sin proponer movimientos. Tenue, fugaz… transparente y frágil; siempre única.

Poeta concisa. En su obra no existe un espacio de consuelo porque cada momento está acompañado por el miedo o por la incomprensión. Y su única salvación es la palabra.

Y canta: “Solo vomito nada

                Ni un miserable arroz.”

Blanca Garnica tiene influencia Pizarnikiana, pero no se fragmenta como Alejandra y la niña que fue Alejandra Pizarnik. Blanca camina unida a la niña que fue y que jamás se apartó, porque su niña interior además de ayudarle a pasar la vida y ser testigo de todas sus circunstancias, también cobra voz con una especie de angustia que añora ante las pequeñas depresiones consecuentes del diario vivir.

La niña que le acompaña en el trance de la vida e interroga todo lo que no comprende del mundo feo e injusto; la niña que percibe las pequeñas cosas del mundo fracturado y vacío a que están recluidas, o  la niña que se permite llorar cuando la mujer calla. Eso se ve con mucho más fuerza en el último poemario de Blanca aún inédito, que tuve el honor de leer el manuscrito y que cierra la trilogía de “Alfiles y Alfileres”.

 Siempre afirmo que la poesía de Blanca Garnica no requiere lectores y sí relectores, porque los lectores solo abarcaran a ver una especie de ornamento translúcido, una aureola de su poesía, mientras que los relectores podrán acercarse al poema, porque en realidad, sólo podemos acercarnos en soledad, leyendo con nuestra propia voz o con la voz de nuestro pensamiento. Y la poesía de Blanca Garnica tiene su propia música: es la música del lenguaje y del pensamiento, música que suena para cada uno de nosotros, lectores,  cuando releemos su poesía.

 El reconocimiento de una obra poética se da en diversos ámbitos: en el ámbito intelectual en el cual nos movemos, la obra de Blanca  Garnica es ampliamente reconocida; así como en el ámbito cultural nacional e internacional, tanto así que fue premiada en más de una oportunidad fuera del país.

Sin embargo, en el ámbito de los lectores nacionales es donde la obra de Blanca Garnica no tiene el merecido reconocimiento, sencillamente, porque a nivel nacional el mundo lector es reducido en cuanto a la narrativa en todos sus sub géneros; empero, tratándose de poesía el público lector es más reducido y con menor familiaridad a una estética apurada como la que Blanca nos regala.

El público lector promedio no logra comprender a profundidad  la poesía de Blanca Garnica. Por tal motivo, yo insisto que Blanca Garnica, como todos los grandes poetas, no necesita lectores y si re lectores.

Entonces, hablar de reconocimiento es algo muy relativo en mi criterio, y entiendo que  la poesía es para ella un destino, no una carrera.

Octavio Paz reflejó eso cuando afirma en “Las peras del olmo”:

 “El arte no es un espejo en el que nos contemplamos, sino un destino en el que nos realizamos”.

(*) Nacida en Brasil, Márcia Batista Ramos es escritora y vive en Bolivia hace varios años.

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Concierto benéfico en la Compañía de Jesús

Durante tres días, el 18, 19 y 20 de este mes de julio, el templo de la Compañía de Jesús será el escenario del “FestKonzert 2018”, un concierto benéfico preparado por José Coca Loza y cuyos fondos recaudados serán destinados al hogar Sagrado Corazón para niños discapacitados y para el comedor popular de la parroquia, que ofrece desayuno todos los días a personas de escasos recursos.

“El miércoles 18, a las 19:30, estará el Coro de Niños del Valle del Instituto Eduardo Laredo, quienes ejecutarán junto con la orquesta y los jóvenes solistas, Pamela Guidi, Laura Ríos, Carlos Eduardo Gutiérrez y Alfredo Aramayo, el Miserere en re menor de J. Hasse. El jueves 19 y viernes 20, también a las 19:30, se presentará el coro de adultos, junto a otros solistas y la orquesta barroca, con un programa que incluye obras de Caldara, Häendel, Lotti y Vivaldi”, dice un comunicado de prensa enviado a Plaza Catorce.

Coca Loza, organizador y director general de este concierto, es un destacado solista lírico nacido en Cochabamba y que radica en Basilea (Suiza), quien ha confiado la codirección coral a Judith Carmona, reconocida maestra que trabaja con el coro del  Laredo; y el coro de adultos está dirigido por Carlos Eduardo Gutiérrez, quien durante varias semanas viene trabajando en la lectura y práctica musical.

“Los solistas son básicamente mis amigos de años, ellos son Katia Escalera, Camila Meneses, Gastón Paz, Beatriz Méndez, Susana Palomeque, que llega de Argentina; Judith Carmona, Elizaveta Vorojeikina y Ligia Gutiérrez, que han aceptado mi invitación para cantar”, señala Coca.

Además de la beneficencia, otro de los objetivos de José es unir fuerzas para que Cochabamba siga teniendo actividad coral, nuevos líderes y que nazcan proyectos y se consoliden, como lo hizo en su momento el BachFest, el festival organizado por la fallecida Elizabeth Schwimmer (que nació un día como hoy, 12 de julio) y de alguna manera este “FestKonzert” está dedicado a ella.

Ambos coros, el de niños y adultos, más los solistas, superan los 100 integrantes y la orquesta que ejecutará estos conciertos –que incluye instrumentos barrocos como un clavicémbalo, un laúd, un  cornetto y un clarinete—está conformada por músicos de Bolivia y Suiza (el clarinetista y el flautista provienen de este país). Cada concierto durará alrededor de dos horas con diez minutos y el precio de la entrada es de Bs 25.

José Luis Novoa: El periodismo tiene que ayudar a crear nuevos diálogos

Por Claudia Gonzales Yaksic 

José Luis Novoa Santa Cruz es el director del Centro de Periodismo en la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI). En julio del año pasado, este centro desarrolló en Lima (Perú) –junto a CAF-Banco de Desarrollo de América Latina, con el apoyo de SembraMedia y la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC)—el taller “El Otro: Encuentro Iberoamericano de Periodismo Emprendedor e Innovador”, del que participaron 30 periodistas de 16 países de la región escogidos mediante convocatoria pública.

“El Otro –según los organizadores—hace referencia a la faceta emprendedora de Gabriel García Márquez, quien creó varios medios periodísticos a lo largo de su vida. El Otro, en particular, fue un diario impreso para Colombia en cuya gestación trabajaba, incluidos aspectos técnicos, legales y de diseño editorial integral, a principios de los años 80, justo antes de que le fuera otorgado el Premio Nobel (1982). Quería hacer, según lo decía, el mejor periodismo del mundo desde América Latina. Creemos que ese sueño aún se puede cumplir”.

De ese modo, este taller fue creado con el objetivo de mejorar y potenciar el diseño y desarrollo tanto de proyectos periodísticos nativos digitales que estaban en proceso de estructuración, como también de aquellos que ya habían comenzado pero aún no se habían detenido a gestionar todos los elementos necesarios para hacerse sostenibles económicamente.

En este taller, los periodistas que calificaron –entre ellos la web cochabambina de periodismo cultural Plaza Catorce—durante tres días participaron de talleres intensivos que fueron dictados por especialistas en periodismo y medios digitales de la talla de Jeff Jarvis (Estados Unidos), Jean-François Fogel (Francia), María Catalina Colmenares (Colombia), Carlos Serrano (Colombia), Janine Warner (Estados Unidos) y Mijal Iastrebner (Argentina), entre otros.

Un año después, la FNPI y todas las organizaciones que la apoyan, lanzaron semanas atrás la segunda versión de “El Otro: Encuentro Iberoamericano de Periodismo Emprendedor e Innovador”, que se desarrollará a fines de este mes de julio, otra vez en Lima (http://www.fnpi.org/es/fnpi/actividad/el-otro-ii-encuentro-latinoamericano-de-periodismo-emprendedor-e-innovador).

A propósito de recordar la primera versión de “El Otro” y anunciar el segundo llamado, publicamos a continuación una entrevista lograda por Plaza Catorce, en julio del año pasado en Lima, con José Luis Novoa Santa Cruz; entrevista en la que habla de los logros obtenidos por la FNPI en sus más de 20 años de trabajo en materia de periodismo en general, y de periodismo digital en particular.

¿Por qué la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) enfatiza la importancia del periodismo virtual y emprendedor?

Es un nuevo momento. La Fundación ha acompañado las transformaciones de Internet en América Latina desde su comienzo. Hasta donde entendemos, el primer taller de periodismo en Internet en América Latina lo hicimos nosotros en 1997, con Rosental Calmon Alves  en Sao Paulo (Brasil) y desde ese momento hemos animado las discusiones y las transformaciones del oficio. Hemos visto con atención y con preocupación cómo la industria al principio quizás no entendía muy bien qué significaba todo esto; luego, cómo con una cierta sensación de que eso pasaba en otro lados y ahora con la inminencia del cambio que ya se está viendo tanto en las estructuras informativas.

Si bien durante todos estos 22 años hemos acompañado todos estos procesos,  y hemos tenido un par de momentos en que hemos ayudado con  iniciativas nuestras a empujar nuevos emprendimientos periodísticos, ahora en 2017 queremos empezar como un nuevo momento. Ya llevábamos  25 años de Internet, eso parece, aunque como dice Jeff Jarvis no sepamos todavía mucho qué significa eso (del Internet), pero ya es un cuarto de siglo, tampoco es que Internet esté tan nuevo en el periodismo,  pero sí ciertamente de 25 años para acá se han inventado muchas cosas, pasando por las redes sociales y su impacto  profundo en los modelos periodísticos. Entonces, lo que queremos es animar de una manera nueva esa discusión, queremos buscar los nuevos referentes.

¿Cómo evalúa la FNPI los 25 años de periodismo en Internet?

En estos 25 años ya surgieron experiencias que ahora uno puede considerar que son  pioneras, decanas: El Faro (https://elfaro.net/), La Silla Vacía (http://lasillavacia.com/), por decir solo dos de 10 o 15 emprendimientos de América Latina que ya son referencia y ya son fuente de consulta obligatoria en cada uno de sus países. Ahora, con esto, lo que queremos buscar es la nueva generación, los que están empezando a imaginarse sus ideas. Creemos, como Jeff Jarvis o Ken Follet o Rosental Calmon Alves, que ahora es muy importante apoyar las nuevas comunidades, que el periodismo tiene que ayudar a crear nuevos diálogos.

Antes teníamos la audiencia como un solo agregado y ahora sabemos que hay muchas audiencias, y que una persona, como quien ahorita nos escucha (o nos lee), puede leer sobre nación en un medio, sobre animales en otro, sobre temas LGTB en otro y que el periodista tiene que saber llevar esas conversaciones, y en cada uno de esos casos proveer una información fiable importante.

Por último, le concedemos mucha importancia a la ética de la comunicación social y de la comunicación como un asunto público. Me refiero a lo siguiente: Obviamente hay este tema que se llamada post-verdad, que son noticias falsas, pero creemos que más allá de eso tenemos que hacer un muy fuerte esfuerzo para consolidar una ética de las comunicaciones digitales; que los ciudadanos incorporen para sí las buenas herramientas de la verificación del periodismo, que sepan desconfiar de la información, que sepan filtrar y en ese contexto el periodismo es más útil que nunca en un contexto en el que tenemos más información de la que nunca hemos tenido en la historia. El periodismo justamente es esa gente que nos ayuda a filtrar, a decir: Esto es válido, esto no, esto es falso, ojo que esto tiene este contexto; y esa labor periodística ya no solo es función del tradicional periodista de antes, ahora hay unos equipos más consolidados de gente, hay procesadores de datos, visualizadores de datos, ingenieros, etcétera; hay muchos más perfiles colaborando en esa provisión de información pero a la vez la ciudadanía que tiene que comenzar a incorporar en su propio chip parte de esa visión. Es como si la función periodística hubiera abandonado las salas de redacción y tuviéramos que ayudar a instalarla en toda la sociedad.

¿Qué espera la FNPI de los periodistas que son beneficiados con sus talleres?

Para la Fundación los talleres tienen un doble nivel. El primer nivel es el del aprendizaje y la inspiración con la que se van las personas que vienen físicamente al taller. Mucho de lo que se da acá por supuesto está disperso en las redes, si tú dices: “Oye, yo quiero saber qué dice Jeff Harvis sobre tal cosa”, pues hay un montón de cosas y hay traductores; está SembraMedia que tiene un sitio web con un montón de recursos… Pero ¿qué dice la Fundación? Pues, esa experiencia personal de venir (a los talleres) y tenerlo todo junto, de recoger información; eso nos parece importante, es válido, etcétera. Lo otro, es la inspiración, que es fundamental. Constantemente nuestros talleristas dicen del taller que, además de todos los conocimientos que uno espera, me llevo esa inspiración; a ver qué colegas en todo el resto del continente que, al igual que yo, están sufriendo, tienen dudas, no saben cómo resolver los temas, y el ver cómo otros han resuelto sus problemas y cómo otros persisten en medio de las dificultades. Esto muchas veces es tan importante o más importante que la misma cantidad de conocimientos que se tengan. Los conocimientos cada vez están más disponibles en la web, tenerlos agregados en un solo lugar es una gran ventaja, pero lo que no consigues en la web tan fácilmente es esa inspiración y esa relación con otros. Cada tallerista se va --en este caso-- con 29 amigos nuevos a los que puede consultar, con los que quizás tomándose un trago en el descanso o almorzando quedaron de acuerdo en seguirse consultando, en hacer un proyecto juntos… Esa es la magia de la Fundación, ese es un nivel el que pasa personalmente.

El segundo nivel es el de los que no pudieron venir, entonces nosotros tenemos un fuerte trabajo en generación de conocimiento, que todo lo que se ha dicho acá quede registrado no solo en vídeos, en documentos, sino intentamos también algunos otros materiales que le queden a la gente, esperamos que toda la gente que se inscribió a esto, incluso los periodistas que no se inscribieron, puedan en pocas semanas tener acopio de toda esta información.

¿Cuántos profesionales ya se han beneficiado de los talleres y actividades que propicia la FNPI?

Nuestros números más secos dirían que en 22 años de labores hemos hecho casi 1.000 actividades, de ellas más de la mitad han sido presenciales y a esas actividades han asistido 10.000 periodistas. Eso nos gusta porque digamos que a la larga es la creación de una comunidad de gente que se siente vinculada a la Fundación de otra manera.

Por otra parte, tenemos un movimiento de redes sociales muy fuerte, tenemos más de 90 mil seguidores en Facebook, algo similar en Twitter, una lista de correos bastante grande con gente de toda la región y esa es otra manera, esa es otra comunidad, otra gente que se inspira también en los valores de la Fundación, así no puedan venir físicamente a nuestros talleres. Aparte está nuestra red de maestros, de grandes periodistas de todo el mundo que dedican algunas semanas, algunos días de su tiempo para acompañarnos y darnos todo su valioso conocimiento, y un equipo en Cartagena (Colombia) de unas 30 personas dedicado en pleno a que estas 150 actividades que hacemos al año puedan salir adelante. De esas 150 actividades la mitad son presenciales, hay muchas que se concentran en el Festival de Periodismo en Medellín, que para nuestro orgullo es la gran cita del periodismo latinoamericano, un espacio para hablar y conocer un montón de experiencias. Esa es la Fundación ahora, muchos proyectos, mucha preocupación por lo que está pasando en Internet, una preocupación por ir más allá de los cercos del periodismo para hablar con otros públicos, eso es lo que estamos haciendo ahora en periodismo.

Alejandra Pizarnik, con su diversidad contradictoria

Por Márcia Batista Ramos (*)

Para la poetisa Stèphanie De Hinojoza Ramos

La poetisa y escritora argentina Flora Alejandra Pizarnik, nacida en Buenos Aires el 29 de abril de 1936, como todos los argentinos, brasileños y uruguayos tenía ascendencia extranjera, por la conformación étnica social de estos países.

La historia de cada familia influencia en cada uno de sus descendientes; así la ascendencia judío-rusa de Alejandra, marcó su vida desde el principio.

Su apellido original, Pozharnik, se perdió como tantos otros al entrar en su nuevo país, uno de los muy corrientes errores de registro de los funcionarios de inmigración, que escribían según lo entendían, ya que los recién llegados no hablaban una palabra de castellano.

Desde pequeña, la muerte la tocó de cerca ya que los parientes que vivían en Europa murieron uno a uno en manos del fascismo y el estalinismo. De manera que las noticias que llegaban del viejo mundo eran de duelo.

Más tarde la muerte sería protagonista de sus obras; no el problema de la muerte en sí, sino la muerte como presencia y Alejandra escribe:

“Solamente escucho mis rumores desesperados, los cantos litúrgicos venidos de la tumba sagrada de mi ilícita infancia. Es mentira.”

Ser hija de extranjeros en sociedades conservadoras, no es asunto fácil; pues por un lado eso ejerce un fascino, por otro despierta cierto celo de los locales; en realidad es la falta de capacidad para aceptar las diferencias del otro, que mueve al ser humano de manera extraña desde la niñez.

Entonces, el autoexilio de sus padres y la tragedia que la rodeaba representaron fuertes cargas para su tierna edad. Sumado a que su autoestima se vio minada por su fuerte acento europeo al hablar, el asma y la tartamudez; como también problemas de peso y acné, eran sus circunstancias, entre otras eventualidades que probablemente solamente ella conocía, porque todas las personas sin excepciones, traemos dolores ocultos (no es algo malo ni feo, eso es una parte de ser humanos).

En su juventud cursó algunas materias de la carrera de Filosofía y Letras, de Periodismo y también estudió pintura, no llegó a graduarse; por su trabajo recibió en 1969 la beca Guggenheim, lo que le permitió viajar a Nueva York, y en 1971 ganó una beca Fulbright.

Desde muy joven, Alejandra vivía reincidentes cuadros de depresión, y con la terapia, descubrió que padecía de Trastorno Límite de la Personalidad, lo cual hace más admirable su dedicación a la escritura y puede apreciarse en obras como "La jaula". Una condición psiquiátrica es un dolor profundo, innato e irremediable eternamente.

Su poesía, como la de cualquier poeta se gesta aislada, sola, es compleja y permanece incólume en su esencia.

Alejandra concibe su obra lenta, y sujeta sólo a sus demonios personales, sin ansias de reconocimiento. Sin embargo fue una escritora muy prolija en su breve, pero intensa vida. Como ejemplo de relato corto, tenemos:

“La muerte y la niña

Debajo de un árbol, frente a la casa, veíase una mesa y sentados a ella, la muerte y la niña tomaban el té. Una muñeca estaba sentada entre ellas, indeciblemente hermosa, y la muerte y la niña la miraban más que al crepúsculo, a la vez que hablaban por encima de ella.

—Toma un poco de vino —dijo la muerte.

La niña dirigió una mirada a su alrededor, sin ver, sobre la mesa, otra cosa que té.

—No veo que haya vino —dijo.

—Es que no hay —contestó la muerte.

— ¿Y por qué me dijo usted que había? —dijo.

—Nunca dije que hubiera sino que tomes —dijo la muerte.

—Pues entonces ha cometido usted una incorrección al ofrecérmelo —respondió la niña muy enojada.

—Soy huérfana. Nadie se ocupó de darme una educación esmerada —se disculpó la muerte.”

Su primer libro, "La Tierra Más Ajena", fue publicado en 1955, cuando tenía 19 años, con el apoyo económico de su padre. Antes de su suicidio el 25 de septiembre de 1972, Alejandra Pizarnik escribió cerca de diez poemarios y comenzó a abordar la prosa. Dejando como legado una vasta obra, a pesar de su corta vida: un diario de casi mil páginas, un extenso corpus de poemas, muchos escritos y relatos cortos surrealistas, un repertorio psicoanalítico y alguna novela breve.

Su obra abarca los siguientes títulos: “La tierra más ajena” (1955); “Un signo en tu sombra” (1955); “La última inocencia” (1956); “Las aventuras perdidas” (1958); “Árbol de Diana” (1962); “Los trabajos y las noches” (1965); “Extracción de la piedra de locura” (1968); “Nombres y figuras” (1969); “Poseídos entre lilas” (1969), obra de teatro; “El infierno musical” (1971); “La condesa sangrienta” (1971); “Los pequeños cantos” (1971); “El deseo de la palabra” (1975); “Textos de sombra y últimos poemas” (1982); “Zona prohibida” (1982), poemas, muchos de ellos borradores de piezas publicadas en Árbol de Diana, y dibujos; “Prosa poética” (1987); “Poesía completa 1955-1972” (2000); “Prosa completa” (2002); “Diarios” (2003).

Alejandra Pizarnik vivió en París entre 1960 y 1964, donde trabajó para la revista “Cuadernos” y algunas editoriales francesas. Publicó poemas y críticas en varios diarios, tradujo a Antonin Artaud, Henri Michaux, Aimé Césaire, Yves Bonnefoy y Marguerite Duras, y estudió historia de la religión y literatura francesa en la Sorbona.

Alejandra Pizarnik es poeta apegada a su originalidad, que no se conecta con la tradición, sigue su propio camino sin concesiones:

“Madrugada

Desnudo soñando una noche solar.

He yacido días animales.

El viento y la lluvia me borraron

como a un fuego, como a un poema

escrito en un muro.”

Muchas veces, sus versos son un tanto herméticos. Su discurso es una búsqueda y se basa en el cultivo del lenguaje con ritmo marcado y silencios desesperados que la hacen única:

“Revelaciones

En la noche a tu lado

las palabras son claves, son llaves.

El deseo de morir es rey.

Que tu cuerpo sea siempre

un amado espacio de revelaciones.”

Posee un mundo particular que algunas veces aflora con delicadeza, otras sumerge abruptamente:

“Tiempo

                                              A Olga Orozco

 

Yo no sé de la infancia

más que un miedo luminoso

y una mano que me arrastra

a mi otra orilla.

Mi infancia y su perfume

a pájaro acariciado.”

Alejandra Pizarnik, en su poesía se muestra profunda, irreverente, experimental:

“El ausente

I

La sangre quiere sentarse.

Le han robado su razón de amor.

Ausencia desnuda.

Me deliro, me desplumo.

¿Qué diría el mundo si Dios

lo hubiera abandonado así?

II

Sin ti

el sol cae como un muerto abandonado.

Sin ti

me tomo en mis brazos

y me llevo a la vida

a mendigar fervor.”

Poeta ínsula, cuya poesía está predestinada a ser para minorías, que la atesoran y la resguardan como un secreto. Seguro permanecerá así por siempre, lejos de los lectores masivos. El tiempo no la superará, por el contrario: la engrandecerá siempre. Porque así fue Alejandra Pizarnik con su diversidad contradictoria, un ícono en la literatura Latinoamericana, logro cruzar las fronteras iberoamericanas y escribir su nombre en la eternidad.

“Cuento de invierno

La luz del viento entre los pinos ¿comprendo estos signos de tristeza incandescente?

Un ahorcado se balancea en el árbol marcado con la cruz lila.

Hasta que logró deslizarse fuera de mi sueño y entrar a mi cuarto, por la ventana, en complicidad con el viento de la medianoche.”

(*) Nacida en Brasil, Márcia Batista Ramos es escritora y vive en Bolivia hace varios años.

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