Blanca Garnica: algunos emblemas poéticos de su obra

La imagen de Blanca Garnica con la que el Centro Patiño promocionó en julio de 2017 el documental "Miradas del silencio". FUNDACIÓN PATIÑO La imagen de Blanca Garnica con la que el Centro Patiño promocionó en julio de 2017 el documental "Miradas del silencio".

Por Márcia Batista Ramos (*)

Blanca Garnica es una de las principales voces en la poesía boliviana. Su poesía es una rara gema, una compleja y refinada red de alusiones y resonancias; contiene timbres intensamente melancólicos expresados reiteradas veces.

La melancolía  también hace parte de su forma de ser, tanto así, que en alguna ocasión Blanca me comentó “que la melancolía es su sombra”. 

Su poesía tiene pinceladas surrealistas en cuanto a la búsqueda de la verdad se refiere, ya que ella acude a situaciones verdaderas, sin miedo a reflejar lo feo que la realidad alberga. Entretanto veo la dificultad de ubicar a Blanca Garnica dentro de una escuela literaria o un grupo determinado. Su poesía, de matiz sumamente individual y hermético rechaza todo encasillamiento. Sabemos que por edad y ciertas similitudes tangenciales debemos colocarla dentro de la generación de los años sesenta a nivel latinoamericano. Sin embargo, desde la perspectiva de hoy, y también desde este análisis, Blanca Garnica surge como una verdadera precursora de la poesía actual.

Lo que se destaca en la obra de Blanca Garnica es un lirismo  profundamente cotidiano, que seduce por su simplicidad al tiempo que estremece por el temblor interior que provoca como una especie angustia al expresar su inconformismo.

Su poesía leída en silencio hace emerger la inteligencia obvia y formidable  de la autora, no solo por la forma como también por la denuncia que instala a través de esa peculiar relación entre las palabras y la rima, que no se siente como un contraste, sino como una unidad expresiva.

En esa tercera voz que la rima y las palabras componen juntas, está la belleza de su poesía.

Para Blanca Garnica la poesía no basta, la denuncia como tal, tampoco. El resultado final es mucho más que la suma de las partes. Ese es el curioso fenómeno de su poesía que es un grito de rebeldía a través de la literatura, elevada a la categoría de gran literatura.

Blanca aborda de manera profunda en su poesía los sufrimientos cotidianos de las mujeres que lloran en silencio…. Los sufrimientos que se invisibilizan en una sociedad machista que minimiza la figura y expresión femenil incluso en el ámbito privado; dando lustro, así, al carácter universal que adquiere su poesía.

Ella  expresa la perplejidad del pájaro enjaulado, que no comprende el amor de su carcelero. Y en un instante, su voz se universaliza porque define la condición femenina en nuestro siglo.

Al tiempo que utiliza la palabra como un icono de libertad. Sin enarbolar banderas, sin proponer movimientos. Tenue, fugaz… transparente y frágil; siempre única.

Poeta concisa. En su obra no existe un espacio de consuelo porque cada momento está acompañado por el miedo o por la incomprensión. Y su única salvación es la palabra.

Y canta: “Solo vomito nada

                Ni un miserable arroz.”

Blanca Garnica tiene influencia Pizarnikiana, pero no se fragmenta como Alejandra y la niña que fue Alejandra Pizarnik. Blanca camina unida a la niña que fue y que jamás se apartó, porque su niña interior además de ayudarle a pasar la vida y ser testigo de todas sus circunstancias, también cobra voz con una especie de angustia que añora ante las pequeñas depresiones consecuentes del diario vivir.

La niña que le acompaña en el trance de la vida e interroga todo lo que no comprende del mundo feo e injusto; la niña que percibe las pequeñas cosas del mundo fracturado y vacío a que están recluidas, o  la niña que se permite llorar cuando la mujer calla. Eso se ve con mucho más fuerza en el último poemario de Blanca aún inédito, que tuve el honor de leer el manuscrito y que cierra la trilogía de “Alfiles y Alfileres”.

 Siempre afirmo que la poesía de Blanca Garnica no requiere lectores y sí relectores, porque los lectores solo abarcaran a ver una especie de ornamento translúcido, una aureola de su poesía, mientras que los relectores podrán acercarse al poema, porque en realidad, sólo podemos acercarnos en soledad, leyendo con nuestra propia voz o con la voz de nuestro pensamiento. Y la poesía de Blanca Garnica tiene su propia música: es la música del lenguaje y del pensamiento, música que suena para cada uno de nosotros, lectores,  cuando releemos su poesía.

 El reconocimiento de una obra poética se da en diversos ámbitos: en el ámbito intelectual en el cual nos movemos, la obra de Blanca  Garnica es ampliamente reconocida; así como en el ámbito cultural nacional e internacional, tanto así que fue premiada en más de una oportunidad fuera del país.

Sin embargo, en el ámbito de los lectores nacionales es donde la obra de Blanca Garnica no tiene el merecido reconocimiento, sencillamente, porque a nivel nacional el mundo lector es reducido en cuanto a la narrativa en todos sus sub géneros; empero, tratándose de poesía el público lector es más reducido y con menor familiaridad a una estética apurada como la que Blanca nos regala.

El público lector promedio no logra comprender a profundidad  la poesía de Blanca Garnica. Por tal motivo, yo insisto que Blanca Garnica, como todos los grandes poetas, no necesita lectores y si re lectores.

Entonces, hablar de reconocimiento es algo muy relativo en mi criterio, y entiendo que  la poesía es para ella un destino, no una carrera.

Octavio Paz reflejó eso cuando afirma en “Las peras del olmo”:

 “El arte no es un espejo en el que nos contemplamos, sino un destino en el que nos realizamos”.

(*) Nacida en Brasil, Márcia Batista Ramos es escritora y vive en Bolivia hace varios años.

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Modificado por última vez enMartes, 17 Julio 2018 10:37
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