Conversando con Carlos Condarco Santillán

El escritor Carlos Condarco Santillán en su finca de Cotochullpa, en mayo del 2017. CARLOS CONDARCO El escritor Carlos Condarco Santillán en su finca de Cotochullpa, en mayo del 2017.

Por Márcia Batista Ramos (*)

 

Carlos Condarco Santillán escritor e investigador antropólogo; orureño, nacido en 1946, fue premio "Franz Tamayo" y "Andrés Bello" entre otros. Cultivador de variados géneros. Es figura destacada dentro del escenario literario nacional. En otra ocasión le llamé “el jinete ilustrado”, por ser singular personaje orureño y además entrañable amigo de mi familia. Hombre arraigado a la tierra, Condarco Santillán, conjuga las faenas del campo al arte de escribir en su hacienda “Cotochullpa”, donde reside parte del tiempo dejando su biblioteca con más de cinco mil volúmenes en su residencia de Oruro. Carlos Condarco se casó con Lidia Castellón Soria, en pareja tejieron una vida.

Su pasión por los caballos se extendió a sus hijos (Álvaro, Carola, Rodrigo, María Elena y Reynaldo) y nietos, creando así, una tradición familiar de cabalgar en pleno altiplano orureño, desde donde se puede mirar el mundo fuera del tiempo. Los años de su primera infancia, en Oruro, marcarán decisivamente su labor como poeta narrador y ensayista, ya que su madre inculcó en él el gusto por los libros desde muy temprana edad, y es Carlos Condarco quien nos cuenta:

MB.- ¿A qué edad tenías conciencia de tu vocación literaria?

CCS.- En realidad, como sucede en estos casos, todo empezó con la lectura. Antes de que yo supiese leer, mi madre me leía los cuentos de la editorial de Constancio C. Vigil. Los recuerdo mucho. Eran libros grandes, de tapas duras, con bellas ilustraciones a colores. Vienen a mi memoria algunos títulos: Los enanitos jardineros, La dientuda,  El mono relojero, Muliñandupelicascaripluma y otros tantos que ya no recuerdo. Cuando entré al kindergarten, mi madre siguió comprando libros y leyendo para mí, hasta el momento en que, ya en la escuela primaria, pude hacerlo por mí mismo. En nuestra casa de Oruro, había una gran biblioteca con obras de las más diversas disciplinas, entre las que se destacaban la  Historia Natural,  Astronomía, Religiones, Filosofía, pero, también había una apreciable cantidad de novelas y de obras poéticas. En el período de mi vida que comprendía el paso de la niñez a la adolescencia, dedicaba varias horas al día a la lectura de las más variadas obras.

El carácter de una biblioteca, puede ser decisivo en la formación intelectual de quien la frecuenta. Eso ocurrió conmigo. Durante mi adolescencia, continuaba leyendo obras de autores, de los cuales, algunos habían pasado ya de moda. Sin embargo, en cierta manera, eso me favoreció, porque pude ir echando los cimientos de mi afición por las Letras Clásicas, las greco-latinas, la gran literatura del Siglo de Oro español y, también, los escritores ingleses de período de Isabel.

Retrotrayendo el tiempo, cuando cursaba los últimos años de primaria, era yo un impenitente lector de fábulas. Conocía extensamente a Esopo, Fedro, Samaniego, Iriarte, etcétera. Por entonces, empecé a escribir –a manera de imitación- algunas fabulillas, que las leía únicamente a mi madre a quien, ¡claro!, le parecía que estaban muy bien; yo creo que la verdad era otra. Bueno, dejémoslo así.

Tuve algunos profesores que advirtieron en mí, cierta madera de literato. A ellos les estoy muy agradecido. En primaria, el poeta Fernando Berthín Amengual; en secundaria el profesor Ernesto Minaya y el doctor don Adolfo Bozo Jansen, gran conocedor de los poetas del Siglo de Oro. Fue precisamente, que el profesor Ernesto Minaya, leyó un poema mío dedicado a la madre y lo hizo copiar a todos mis compañeros, con los que cursaba el primer curso de secundaria en el colegio Anglo Americano. Algunos escépticos, inmediatamente, me acusaron de plagio.


Lógicamente, que quien desde muy joven demostró su gusto por las letras y por los clásicos,  sufriría influencia de los mismos en su obra literaria. Tal influencia se percibe en el excelente manejo del idioma expresado por medio de un vocabulario escogido y tradicional, que alimenta su estilo convencional, forjándose así como un clásico por ideal y por temperamento, no solo al escribir, como también al hablar; sumando, desde luego, a un humor con cierto toque de ironía sutil y sofisticada, de lenguaje pulido, salpicado por algo de sarcasmo, que entrega de manera seca, haciéndolo el único orureño que posee un auténtico “humor británico”  tan  singular en todo el mundo.

Carlos Condarco escribió los poemarios: Agraz y Paisaje; y es sobre su poesía es que Carlos Morales y Ugarte dijo: "No es un desesperado que se calcina en la fragua de la tristeza. No pertenece al cenáculo de los llorones inconsolables. Como tiene delicadeza de espíritu se cubre con la clámide de la melancolía, ropaje de exquisita elegancia de las almas contemplativas. Sabe del dolor del ensueño, de la amargura que significa ser poeta. Conoce que la poesía es "la férrea camisa de las mil puntas cruentas", que conociera en su torturada vida Rubén Darío."

A mí me cautiva el poema IX de Agraz:

"No te vayas tristeza, compañera / de mi insomne bohemia impenitente; / entra en mi corazón. Pacientemente / aguardemos la nueva primavera. / No te vayas, mi súplica es sincera, / como el llanto que aflora quedamente / a mis ojos, y mi sufrir silente / que te quedes te dice, espera… espera…/ No te vayas tristeza, tú y la sombra/ acogieron mi sentimiento roto. / Hay un algo que de verdad me asombra, / es un eco innominable, ignoto, / que en las noches de sombra, aún la nombra / con la doliente voz de un son remoto".

Carlos Condarco Santillán publicó los siguientes libros de cuentos: "Arteaga el Inmortal"; "Con Papá en el Zoo"; "El toro". Algunos de sus cuentos fueron llevados al video y figuran en antologías nacionales y extranjeras. Además de traducidos al alemán, inglés, quechua y aymara.

Emparentado con el insigne investigador y escritor boliviano D. Ramiro Condarco Morales, heredero de una notable tradición intelectual, quien fue considerado una de las figuras más esclarecidas de la cultura boliviana durante la segunda mitad del siglo XX.


MB.- Tu tío, don Ramiro Condarco Morales, ¿tuvo alguna influencia en tu formación?

CCS.- En realidad, no. Mi tío fue a residir en la ciudad de La Paz, alrededor de 1960, yo, por entonces, me encontraba cursando la secundaria. Había pasado algunas vacaciones en compañía de mi tío en la hacienda Urmiri, administrada por mi padre. Desde niño,  sentía una viva admiración por mi tío, sabía que era un poeta notable, un excelente sonetista, pero, todavía no había leído su obra. Era el personaje admirado de la familia.

Posteriormente, el año 1968, cuando fui a la ciudad de La Paz a proseguir mis estudios superiores, el acercamiento con mi tío fue mayor. Ramiro era catedrático en la facultad de Filosofía y Letras de la UMSA. Nos reuníamos con frecuencia y sosteníamos largas y amenas conversaciones. Se presentaba una circunstancia muy especial, ambos sentíamos admiración por los poetas del Siglo de Oro español y los modernistas. Conversábamos en torno a Darío, Jaimes Freyre, Lugones, Herrera y Reissig y muchos otros más. Entre los autores bolivianos, rendíamos admiración a René Moreno y Franz Tamayo.

Era sorprendente la erudición de Ramiro Condarco en muchas disciplinas. Fue muy versado en Antropología, Historia, Arqueología, Lingüística, etcétera. Conocía el inglés, el francés y el alemán. El griego clásico y el latín, no le fueron ajenos.

Al terminar el colegio, leí los dos poemarios de mi tío: Cantar del trópico y La Pampa  y Mares de Duna y Ventisquero. Me entusiasmaron sus sonetos. Pasado un tiempo, yo elegiría, a esta exigente forma métrica para expansión de mis emociones. Si bien es verdad que ya había sufrido la fuerte impresión de grandes sonetistas como Quevedo, Góngora y Lope de Vega. Desde aquí, en este momento, rindo mi homenaje al insigne polígrafo Ramiro Condarco Morales.

MB.- ¿Cuáles fueron tus primeras lecturas serias?

CCS.- Creo que debo retomar lo expresado más atrás. Autores como Homero, como Virgilio, Horacio,  Luciano de Samosata, Cervantes, Quevedo, Góngora, deben ser considerados serios; éstos fueron muy frecuentados por mí durante mi temprana adolescencia. Posteriormente, ingresé en los predios de la Filosofía con Platón y Aristóteles. Por aquel tiempo, también leí la obra completa de lo que ha quedado de los tres grandes trágicos griegos. Dediqué bastante tiempo de mi juventud a leer a Voltaire, a Schopenhauer y Nietzsche. A éstas se sumaron muchas otras lecturas. Debo mencionar el gran magisterio que ejercieron sobre mí don Marcelino Menéndez y Pelayo y don Ramón Menéndez Pidal.

Al presente, la lectura continúa siendo una de las razones fundamentales de mi existencia.

MB.- ¿Te sientas a escribir sistemáticamente o lo haces sólo cuando sientes la necesidad de hacerlo?

CCS.- Escribo cuando siento que debo expresar algo y me encuentro con ánimo para hacerlo.


Su obra siempre fue muy bien recibida por la crítica. Vale recordar las palabras vertidas al respeto: Edmundo Miranda Castañón se refiere al cuento "Arteaga el Inmortal" de la siguiente manera: "Es una obra muy bien lograda, con un mensaje profundo e inquietante, que nos lleva a pensar en el hombre y su destino, alejándonos de toda interpretación materialista de la sociedad de consumo y proyectándonos a su dimensión trascendental".

Escribió la novela "El tesoro de Sacambaya". Sobre esta novela Ramón Rocha Monroy dijo: "que la novela está cargada de nostalgia y de buen humor británico, sino porque contiene un episodio en el cual tres amigos a caballo descienden hacia Capiñata y, en el templo del lugar, descubren, entre incunables, un diario manuscrito del cura del lugar, donde se habla de uno de los personajes más entrañables de nuestra mitología republicana, lastimosamente olvidado por la historia oficial, un cronista de la guerrilla de la independencia de Ayopaya que dejó escrito su Diario. Hablo como es fácil suponer de José Santos Vargas, el Tambor Vargas, orureño valeroso cuya memoria debería ser inmortalizada en un espacio escultórico gigante…".

Alejandro Gómez Pacheco, quien al referirse a los cuentos de Condarco, señala: "el sello inconfundible de este escritor: su prosa rítmica, rica en imágenes, con notables pinceladas de poesía, con un vocabulario tan selecto y castizo que a veces se nos antoja un estilo rebuscado. Al leer a Condarco Santillán comprobamos en él una formidable formación clásica, una maestría en el manejo del idioma como pocos lo han logrado en este ingrato oficio de decir cosas bellas con palabras aún más bellas.


MB.- ¿Cuál de tus libros prefieres y por qué?

CCS.- Le tengo especial cariño a La serranía sagrada de los Urus, porque este ensayo, a pesar de su modestia, es un importante aporte para la comprensión de los más profundos estratos de la cultura de la ciudad de Oruro. Estos estratos son los espirituales.


Coincidentemente, me es muy grato el recuerdo del coloquio de Condarco Santillán: "La Serranía Sagrada de los Urus", que se llevó a cabo en mi domicilio en el año de 2007.

Carlos Condarco Santillán es muy conocido en nuestro medio por las innúmeras conferencias dictadas en torno a la antropología, historia y literatura. Destacan también los ensayos: "La Evolución de la Crítica Literaria de Gabriel René Moreno"; "Uru Uru, Espacio y tiempo Sagrados"; y "La Dedicatoria de ‘La Prometheida’. Apuntes para su análisis".

 Fue fundador y primer presidente de la Sociedad de Escritores de Oruro; refundador y expresidente de la Sociedad de Historia y Geografía de Oruro. Es miembro del grupo de Investigación Antropológica "Pukara". Es miembro de la Sociedad Boliviana de Escritores; también es miembro fundador del Grupo de Jinetes de aventura "Escuadrón José Santos Vargas".

Como jinete hizo travesías reconstruyendo los tramos de la historia como si buscara vislumbrar un pasado grandioso de la nación, que hoy está perdido en el tiempo y en el viento. Fue su amigo, el escritor Ramón Rocha Monroy, quien dijo: "Condarco es un viajero pertinaz que recorre la geografía andina a caballo; es un auténtico Tambor, que registra la crónica de nuestro pasado remoto y nuestro presente vivo".

Recordando más de una década de nuestra amistad y de nuestras familias.


MB.- ¿Qué es para ti la amistad?

CCS.- Es el sentimiento más noble y puro que experimentan los humanos. No está afectado por los sentidos, se desarrolla en el ámbito de la pura espiritualidad. Platón, en uno de sus Diálogos, definió la amistad de manera magistral.En la coyuntura que vivimos, la incerteza galopa hacía nuestro mundo; tal vez el desencanto llegué para quedarse sobre nuestras vidas; no es lo que queremos…

MB.- ¿Cómo imaginas el futuro de Bolivia?

CCS.- Con mucha intranquilidad y bastante pesimismo. Nuestra sociedad vive agobiada por la crisis de los valores éticos más elevados que dignifican a la Humanidad. Bolivia debe superar esta tremenda crisis.

(*) Nacida en Brasil, Márcia Batista Ramos es escritora y vive en Bolivia hace varios años.

Modificado por última vez enMiércoles, 22 Agosto 2018 13:31
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