Gao Xingjian aboga por una literatura «fría»

El artista Gao Xingjian. https://www.nuevarevista.ne El artista Gao Xingjian.

Por Márcia Batista Ramos

Pondero que todo ser humano es un libre pensante, la diferencia entre seres humanos radica en que el artista lo manifiesta. Asimismo, pienso que un escritor es un ser humano sensible, que se manifiesta a través de su arte, que comunica su dolor al mundo y desnuda su fragilidad al expresarse, al tiempo que hace frente a la sociedad, siempre solo. Ya que este oficio, el de escribir, es un placer solitario.

Oficio que solamente comunica al otro, cuando el otro decide acercarse a nuestro producto, o sea, cuando el otro decide leer nuestros escritos. Y cuando se identifica con nuestros sentimientos es cuando llega a gustar nuestra obra, pues escribimos aquello que el lector quería expresar o sintió en algún momento. Es una fusión a un nivel mental, que llega a entrelazar a todos los seres humanos.  Motivo por el cual, la literatura es una expresión universal de índole inmutable que presupone la libertad de pensamiento y de reflexión.

Tuve la suerte de leer Gao Xingjian, el primer autor de lengua china en recibir el máximo galardón de la literatura universal, el Premio Nobel en el año 2000 "por una obra de valor universal, de amargo instinto y rico lenguaje, que ha abierto sendas nuevas a la novela y al drama chinos".

Cuando Gao Xingjian fue premiado, con el mayor galardón universal en literatura que una nación pueda desear para un hijo suyo,  la noticia fue recibida con indignación por parte de las autoridades chinas; y los medios de comunicación de la China continental no informaron sobre la concesión del premio, porque él es un disidente del régimen que impera en su patria.

La “Campaña contra la Contaminación Intelectual" emprendida por el Gobierno chino a mediados de los años 1980, le causó problemas con la censura, y el estreno de su tercera obra, El Hombre Salvaje, se pospuso hasta 1985. A partir de 1986 se prohibió la representación de sus obras nuevas.

Gao Xingjian nació en Jangsu, China, en 1940 y tiene ciudadanía francesa tras haberse exiliado en Francia en 1987. Hoy, China hace parte de su pasado y Gao escribe en francés para el mundo. Ya que la concesión del Premio Nobel le dio fama mundial. Sus obras empezaron a traducirse al español y otros muchos idiomas a partir de ese momento. Su obra refleja influencias del modernismo y el teatro del absurdo. Como un artista del Renacimiento, tiende a abarcar el arte en sus distintas disciplinas y en cada una de ellas investiga una forma personal de expresarse mezclando técnicas, estilos y géneros.

Gao posee gran riqueza de pensamiento humanista, es un hombre que se expresa a través de la escritura, dramaturgia, traducción, crítica, pintura y  dirección de cine, es un artista  que  grita al mundo y a la sociedad  por medio del silencio de su obra, que quizás solo llegue a ser descifrada y plenamente entendida o admirada, cuando el artista ya no resida entre nosotros.

Entre su extensa obra hay que destacar una producción teatral notable, donde destacan Signal d'alarme (1982), Arrêt de bus (1983), L'homme sauvage (1985), La fuite (1989) y Le somnambule (1993), y sobre todo sus novelas, entre ellas La Montaña del Alma y El libro de un hombre solo.

Además de recibir el máximo galardón literario, también fue reconocido con la Orden Chevalier de Artes y Letras (1992) en Francia, con el Premio de la Comunidad Francesa en Bélgica (1994) y con el Premio a la Novela en chino (1997), por "La Montaña del Alma".

Las reflexiones de Gao Xingjian sobrepasan el ámbito de la propia cultura por cuanto se revisten de una dimensión universal al incidir en la misma raíz del acto creativo literario, en la lengua en tanto que vehículo poético y en la literatura en tanto que manifestación real del individuo.

Para entender el pensamiento de Gao Xingjian es necesario tomar en cuenta su historia personal, y el contexto socio político en donde se ha desarrollado, ya que durante la Revolución Cultural Proletaria China, él fue internado en un campo de trabajos forzados por seis años, donde tuvo que trabajar como agricultor con el fin de ser “reeducado”, por haberse dedicado a la escritura y, además, fue obligado a quemar sus manuscritos, ya que en aquél momento, estaba prohibido escribir y editar en China.

La idea de la Revolución Cultural era que la nueva China debía romper con los hábitos feudales del pasado;  las consecuencias  fueron nefastas para la cultura tradicional china.

La interpretación de qué o cuáles elementos de la sociedad merecían la consideración de antiguos o burgueses quedó en manos de los propios guardias rojos, quienes, ávidos de demostrar su espíritu revolucionario, se embarcaron en una campaña de destrucción de obras de arte, libros, templos y edificios antiguos, a la vez que sometían a humillantes sesiones de autocrítica a intelectuales y altos cargos del partido a los que acusaban de reaccionarios.

La gran Revolución Cultural Proletaria destruyó numerosas obras de arte y gran parte del patrimonio artístico, que sería restaurado en años recientes.

Dado que cualquiera que hubiera expresado en su vida pública un interés cultural o artístico hacia cualquier asunto que no fuera la exaltación de la figura de Mao, podía ser acusado de reaccionario. No es de extrañar que la inmensa mayoría de los escritores y artistas sufrieran persecuciones durante la Revolución Cultural, y fueron muchos los que resultaron heridos e incluso muertos. Otros muchos acabaron suicidándose, como el famoso escritor Lao She. Se estima que fueron miles las víctimas mortales de la violencia de los guardias rojos y más de tres millones de miembros del Partido fueron víctimas de las purgas en la cúpula del poder.

En cualquier dictadura, la mera expresión de un problema constituye una declaración de principios, una manifestación de disconformidad y, al mismo tiempo, una infracción a las leyes del poder vigente, que exige un sometimiento silencioso.

Todos coincidimos en  que expresarse es algo intrínseco al ser humano, empero, los regímenes totalitarios, invariablemente, temen a los artistas con una fobia particular, por miedo de que ellos puedan generar, a través de su arte, un movimiento de resistencia al régimen o incluso puedan propiciar la caída del régimen; de tal suerte que quien se atreve a manifestarse artísticamente bajo cualquier dictadura, corre el riesgo de ser mal interpretado poniendo en riesgo a su libertad y a su propia vida.

Percibo que la experiencia negativa de vivir en un Estado de facto, fue de gran influencia en el pensamiento de Gao Xingjian, sobre la importancia de la manifestación literaria libre de presiones e imposiciones de cualquier índole; por eso, él aboga por una literatura «fría», de libre expresión espiritual,  que solo esté comprometida consigo misma, expresando la necesidad de un pensamiento que supere la fragilidad del mundo.

Seguramente Gao Xingjian vio, en un momento dado, en su país de origen, la  creación literaria al borde de la línea de la muerte; y muy probablemente, toda manifestación artística también; por eso, Gao afirma que la literatura nunca puede morir, pues "es un reducto de libertad espiritual y conforma la última línea de defensa de la dignidad humana".

Gao Xingjian defiende la individualidad en la creación literaria, entendida como alejamiento de toda presión política, comercial o artística, y la búsqueda de un lenguaje propio que supere las formas tullidas de la ortodoxia tradicional. Al mismo tiempo, que crítica el liberalismo actual, donde la ley de mercado lo invade todo, incluso la literatura. Reconoce que existe una crisis no solo económica, sino también social y de pensamiento. Y tanto la literatura como el arte se han convertido en productos de consumo, y asistimos a esta proliferación de best-sellers. Ya no es una literatura de pensamiento, es un producto de consumo al dictado de la moda, expresa Gao.

Gao reconoce que como sociedad estamos en una crisis no solo económica y financiera, sino también social y de pensamiento, porque hemos quedado estancados en las ideologías del siglo XX.  Exhorta a los intelectuales de todo el mundo a abordar la realidad y poner en marcha un nuevo pensamiento, un nuevo renacimiento, propone: cultura para salir de la barbarie.

El Nobel de Literatura afirma que la época de la literatura tempestuosa y grandilocuente propia de la revolución concluyó, en el momento en que la revolución puso fin a sus propias ansias transformadoras dejando tras de sí una estela de amargura y sinsabor, una sensación de tedio lindante con la náusea.

Gao puntualiza que la literatura, por naturaleza, no tiene nada que ver con la política, pues es una actividad puramente individual: es un observar, una mirada retrospectiva sobre la experiencia, una serie de conjeturas y sensaciones, la expresión de cierto estado de ánimo, conjugado, todo ello, en la satisfacción de la necesidad de reflexionar. Considera que el compromiso del artista debe ser con el arte. No cree en la creación que da lecciones morales o hace juicios políticos. Pues, la literatura convertida en instrumento pierde su propia naturaleza ya que el escritor no es un héroe que intercede por la salvación del pueblo.

Asimismo afirma, que la única relación que en realidad existe entre el escritor y el lector es una relación de índole espiritual, en la que uno no necesita conocer al otro o a los otros ni permanecer en contacto con ellos, pues sólo se comunican a través de lo escrito. Ni el escritor tiene obligación alguna con el lector ni el lector exigencia alguna que plantearle al escritor, pues es libre de leer o no su obra. En ocasiones, Gao insistió que las obras son las que tienen que hablar al lector, al público. No el escritor o artista con sus opiniones.

El Nobel de Literatura, insiste que la literatura es una actividad humana irreprimible en la que participan de manera voluntaria el lector y el escritor: por ello no tiene obligación alguna con las masas o la sociedad, y cualquier veredicto en torno a su mayor o menor corrección ética o moral no es más que hojarasca propia de críticos entrometidos, un aditamento ajeno al propio escritor.

 A esta literatura, empeñada en recuperar su naturaleza intrínseca, Gao Xingjian denomina  literatura «fría» para diferenciarla de esa otra literatura que persigue el adoctrinamiento, la censura política, el compromiso social o incluso la expresión de los sentimientos. Es una literatura carente de valor periodístico, pues no sirve para atraer la atención del público. Si existe, es sólo porque el género humano necesita buscar una actividad puramente espiritual que trascienda la simple satisfacción de los deseos materiales.

Como es obvio, recalca Gao Xingjian, es una literatura que no data de hoy día. Pero si en el pasado tenía que rechazar ante todo el poder político y la opresión de los usos sociales, hoy ha de oponerse al mercantilismo que impregna esta sociedad de consumo, y para poder sobrevivir se ve abocada a la soledad.  

El escritor consagrado a esta literatura afronta, en unión de sus obras, una dificultad añadida, ya que no puede vivir de ella y no tiene más remedio que buscar su subsistencia con otra actividad; - (Como muy bien sabemos los escritores Sud Americanos porque lo vivimos en nuestro día a día.) -por eso no puede ser considerada sino un lujo, una pura gratificación espiritual del propio yo. Aun así, la sociedad que no acepte esta clase de actividad espiritual sólo puede producir tristeza, por próspera o vitalista que parezca.

 Entonces el Nobel de Literatura desahoga, con su franqueza habitual,  que a la historia poco le importa esta tristeza, pues la historia sólo se ocupa de registrar los hechos humanos, y a veces ni siquiera eso. Si esta literatura «fría» tiene la suerte de ser publicada y difundida, es gracias al esfuerzo del escritor y sus escasos amigos. Ejemplos de ella son Cao Xueqin y Kafka, autores que no pudieron publicar en vida y menos aún crear algún movimiento literario o ser grandes celebridades; autores que en su mayoría vivieron en los márgenes e intersticios de la sociedad entregados de lleno a una actividad espiritual, por la que no esperaban recompensa ni reconocimiento social alguno, autores que escribían por el propio placer de escribir, puntualiza Gao Xingjian.

La corrección política y ética ha agotado a la literatura china de este siglo y la ha sumido en toda clase de «ismos», en el cenagal sin salida del llamado debate entre la ideología y el modo creativo, en cuestiones que poco tienen que ver con la literatura misma, y los escritores sólo han podido sobrevivir alejándose de estas polémicas interminables y frívolas. La creación literaria es por naturaleza una actividad solitaria, y los movimientos o grupos, lejos de servir de ayuda, no pueden sino asfixiarla. El escritor sólo puede conquistar su libertad completa cuando actúa como individuo independiente y no está supeditado a los postulados de ningún grupo o movimiento político.

Más ello no significa que el escritor carezca de actitud política o ética. Sujeto siempre a la presión y al agobio de la política y la sociedad, tiene, como es natural, cosas que decir, y bien puede pronunciar discursos o hacer declaraciones; pero no tiene necesidad de incorporar todos estos elementos a su propia creación literaria. La inclusión de elementos políticos o sociales en la creación literaria es, no tanto un «compromiso» como una «evasión», pues si el autor recurre a ella, es para contrarrestar la presión que la sociedad ejerce sobre él, para buscar cierta distracción espiritual, asevera Gao Xingjian.

El problema, desde el punto de vista de Gao Xingjian, es que las continuas guerras, revoluciones, movimientos políticos y luchas políticas que han conmocionado la sociedad china en los últimos cien años arrastraron consigo incontestablemente a la totalidad de los círculos intelectuales de la nación y obligaron a sus miembros, amenazados con perder toda posibilidad de subsistencia, a convertirse en combatientes natos, unos combatientes que a la postre, lejos de salvar al pueblo o a la nación, sólo lograron arruinar su propia vida. Y la literatura «fría» sólo puede existir cuando el autor se halla libre de la presión política y social y tiene los medios de subsistencia asegurados.

Por eso la literatura «fría» es una literatura que se evade para sobrevivir, una literatura que no se deja asfixiar por la sociedad porque busca la propia salvación espiritual. La nación que no pueda dar cabida a esta literatura no utilitarista sumirá en el infortunio al escritor y demostrará ser una nación pobre de espíritu. Al menos así lo creo, ratifica Gao Xingjian, al tiempo de corroborar que aboga, por ello, por una literatura «fría».

(*) Nacida en Brasil, Márcia Batista Ramos es escritora y vive en Bolivia hace varios años.

Modificado por última vez enMartes, 04 Septiembre 2018 10:26
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