La Revolución Cultural de los Sikuris de Taypi Ayca–Italaque

Una foto de décadas pasadas de un grupo de Sikuris de Taypi Ayca–Italaque. Fotos de Archivo de Nemecio Huanacu C. Una foto de décadas pasadas de un grupo de Sikuris de Taypi Ayca–Italaque.

Por Boris Bernal Mansilla y Nemecio Huanacu Calamani

Iniciamos este escrito primero rindiendo un homenaje a nuestros ancestros,  abuelas y abuelos que resistieron, lucharon, soportaron y brindaron su vida porque su legado cultural llegue a nuestros días. 

En estos tiempos que de cierta forma las condiciones son diferentes, una fuerte efervescencia crece en la región andina por la interpretación de la música indígena originaria ancestral. Cada día se ve más en los diferentes estratos sociales del mundo urbano: grupos, colectivos y comunidades intérpretes de la cultura ancestral originaria. Pero esto que vemos ahora con tanta alegría y muchas veces como jóvenes urbanos caemos en la arrogancia de sentirnos con mayor conocimiento y experiencia en esto, no fue una concesión política coyuntural, ni es el resultado de gestiones gubernamentales. Llegar a este momento de revalorización cultural fue un largo proceso de resistencia que desemboco en lo que ahora denominamos: “La Revolución Cultural de los Sikuris de Taypi Ayca–Italaque.

Para comprender este hecho recogemos la investigación realizada por Daniel Casteblanco en su escrito: “Dos intelectuales indigenistas y su influencia en la popularización del estilo música de los Sikuris de Italaque 1926-1963” publicada en la revista Mundo Sikur en la ciudad de Lima,Perú, el 2017, en la que describe un episodio vivido por los Sikuris de Taypi Ayca-Italaque:

“Desde los palcos del Teatro  Municipal era posible distinguir a un sector representativo de la intelectualidad paceña. Abajo, entre la crema y nata de la elite boliviana se encontraban ya en sus butacas las autoridades oficiales y eclesiásticas del momento. Después de revisar el programa del concierto con evidente desdén, el cardenal suspiró hondo, se retiró los anteojos, giró la cabeza hacia atrás y clavó la mirada de salida, que parecía distante. Pero las luces del municipal se atenuaron, sumiendo a la concurrencia en la penumbra. El público expectante rompió en aplausos y, ya entre sombras, nadie vio al cardenal apretarse las cejas sobre el tabique de la nariz, ofuscado. En la primera página del programa que ahora pendía entre sus dedos, se leía: “Concierto de Gala. Suite aymara en cuatro movimientos orquestados. Compuesta por el señor José Salmón Ballivián, presidente del Círculo de Bellas Artes e hijo ilustre de la nación. (Teatro Municipal, La Paz, 1926).

El concierto avanza sin contratiempo. Pero conforme se aproximaba el último movimiento de la obra Salmón Ballivián se frotaba las manos con ansiedad: pronto aparecería en escena la tropa de sikuris indios que había traído desde el cantón de Italaque para impresionar a la audiencia y cerrar con broche de oro su ‘Suite Aymara’. De repente se abrió el telón para el último movimiento y sobre las tablas aparecieron los músicos indígenas, ataviados con ponchos colorados y tocados con plumas de pariwana. Pero no hubo aplausos, sino un rumor sordo que empezó a crecer entre el público. Las señoras, indecisas sobre si debían aplaudir o no, miraban nerviosas hacia ambos lados como buscando la aprobación. Pero antes de que alguien se atreviera a aplaudir. O antes de que el guía de los Sikuris llenara con su aliento la primera caña, el cardenal echó su butaca para atrás asegurándose de que rechinara estrepitosamente. Un silencio dramático inundo la sala. Ante la mirada expectante de los presentes, el cardenal recogió las faldas de su sotana y se puso en pie con aire de indignación. Su silueta rolliza atrajo todas las miradas. Masculló una maldición inaudible y se dirigió hacia la salida dando pasos sonoros. Justo antes de dar el portazo con que abandono el municipal, el cardenal sacudió la cabeza de lado a lado en señal de reproche. Entonces las señoras se pusieron de pie como impulsadas por los resortes de sus asientos, salieron del teatro fingiendo enfado tapándose las narices y cacareando: - “Huele feo ¡huele feo! Uno de los caballeros que fue en pos de ellas lamento a voces: - “Una horda de salvajes…!y en el municipal!”

Cuando los palcos del teatro estuvieron desiertos, solo la pareja de guías de los Sikuris de Italaque vio a Salmón Ballivián sonreír mientras se rascaba la calva.

Invitar a un conjunto de música indígena a tocar en el espacio artístico más prestigioso de La Paz había sido una osadía sin precedentes. Lo paradójico era que, de no haber traído aymaras de carne y hueso, la evocación indigenista y bucólica de su ‘Suite Aymnara’ habría sido todo un éxito.

Aunque no lo sospechaban en ese momento, los Sikuris de Italaque se volverían a presentarse sobre esas mismas tablas pocos años después. Entonces serían recibidos en medio de los aplausos y elogios de una audiencia nueva cuyo gustos musicales estarían sujetos a una agenda política que celebraba estas músicas como parte integral de la identidad nacional boliviana”. 

Pese a estos hechos recurrentes que postulaba que esta música de indios solo tenía espacios en el área rural o espacios de indios. Quedó el registro y es innegable históricamente la destreza con que los maestros del Sikuri interpretan sus melodías, esta fama y habilidad causó que en el año 1935 un grupo de combatientes acompañados de Sikuris de Taypi Ayca-Italaque que interpretaban Jacha Marcha, Macarena, Caballara, letrita y huayños llegaran hasta la población de Villamontes para participar de la contienda bélica de la Guerra del Chaco. 

Si bien desde año 1950 lo endógeno tomó mayor vigor esto fue solo una consiga política coyuntural, llegando a instrumentalizar a los Sikuris de Taypi Ayca. Como lo recuerdan hasta el día de hoy los abuelos de Taypi Ayca, -“Don Antonio Bustillos nos llevaba a La Paz, no recibíamos nada a cambio y los premios se los llevaba el cura y él” relatan. Así en el año 1955 los Sikuris de Taypi Ayca – Italaque hacen junto al presidente de Bolivia Víctor Paz Estenssoro el recibimiento del Presidente de Chile General Carlos Ibañez del Campo. Un año después participan el 11 de agosto de 1956 del festival de danzas originarias en el Estadio Hernando Siles, donde obtuvieron el premio mayor por la música, coreografía y vestuario, los premios de este evento nunca llegaron a la comunidad de Taypi Ayca pues tanto sacerdotes como políticos dispusieron de ellos. 

Así transcurrió el tiempo donde los Sikuris de Taypi Ayca–Italaque tuvieron  que complacer y asistir a varios eventos gubernamentales. Fue hasta el año 1981 que a invitación de la investigadora Gilka Céspedes participaron en el Festival de Música Autóctona de Potosí, y  en 1983  fueron participes del Festival Lusmila Patiño en Cochabamba.

Todas sus acciones y participaciones responden a una lógica de resistencia pacífica que mantuvieron los Sikuris de Taypi Ayca–Italaque, así lo afirman los habitantes de esta comunidad: “Los indígenas nunca nos rendimos, ni sometimos plenamente a la colonia española, nuestra forma de resistencia y lucha fue a través de la música y danza del Sikuri”.

Este hecho hizo que muchos investigadores y escritores tomen al Sikuri de Taypi Ayca–Italaque como expresión de música guerrera. Así hace referencia Rigoberto Paredes en su libro “La Danza Folklórica y Popular de Bolivia”“El Sikuri como conjunto musical, probablemente sea de carácter ceremonial, tanto guerrero como religioso pues en muchos de los casos las melodías que ejecutan tienen estructuras musicales marciales y otras de carácter solemne. Entre los conjuntos de mayor fama de la región andina están los Sikuris de Italaque, provincia Camacho de La Paz, de la comunidad Taypi Ayca. La maestría con la que ejecutan la zampoña es realmente asombrosa, por la técnica dialogal que imprimen entre los instrumentos”. 

Ignacio Espinal Chavez de la Comunidad Taypi Ayca–Italaque, asevera: “Nuestros antepasados fueron curtidos guerreros que resistieron al dominio español. Cuenta la historia oral, que para este fin Taypi Ayca se valió del uso de varios tipos de instrumentos. Del cual el más efectivo era el bombo grande, que al tocar emitían sonidos tan fuertes que asustaban psicológicamente al rival”.

Estas aseveraciones coinciden con la forma de resistencia contra la invasión española del Taqui Ongoy movimiento indígena surgido en los andes durante el siglo XVI (c. 1564– c. 1572). Quienes a través de la música y el baile rendían culto a sus Huacas (Dioses) revalorizando la religión andina. Modo de confrontación no bélica contra la colonización y la evangelización española.

Otros elementos de carácter subversivo encontramos en la simbología manifiesta ya sea de carácter ontológico o estético de los Sikuris de Taypi Ayca–Italaque: “Sikuri significa en aymara víbora, y sobre el cual el mito de origen de los Sikuris cuenta que en el principio de la creación de la vida hubo un encuentro de dos fuerzas antagónicas y complementarias cuya forma era la de serpientes (Kataris o Sikuris), es por eso que hasta nuestros días los Sikuris de Taypi Ayca–Italaque  imitan en su coreografía movimientos en forma de víboras”. 

Otro elemento ontológico es el carácter energético como relata Fernando Zelada en su libro “El poder del Siku llama al Juypi (Helada)”“La simbología de los Sikuris de Italaque se representa en tres componentes,  a partir de un centro que irradia fuerza, poder, coraje llamado Qamasa”. En esa misma línea Rigoberto Paredes menciona: “La suma importancia entre los kollas, que era dedicado al Suri y al Cóndor, aves que entre ellos simbolizaban la tormenta y la fuerza”, es por eso que lo Sikuris de Taypi Ayca–Italaque utilizan en su vestimenta tocados de arte plumario como el Suri, Much´ullu y la Chakana que tienen fuerte connotación guerrera en el mundo andino.

Es así que el Sikuri de Taypi Ayca–Italaque se constituye hasta nuestros días en expresión de Resistencia Cultural contra los intentos de eliminar sus conocimientos y  sabiduría ancestral.

El año 1990 los Sikuris de Taypi Ayca–Italaque tienen un punto de inflexión, pues, pasan de la Resistencia a la construcción de la Revolución Cultural, a iniciativa de Ramón Calamani Churata (Titi-Calamani), originario de Taypi Ayca y militante del Ejército Guerrillero Tupak Katari (EGTK) se publica el escrito “Génesis del Sikuri de Italaque” en 1991 en la Reunión Anual de Etnología (RAE) organizada por el Museo de Etnografía y Folklore (MUSEF) en la cual describe y devela el origen de los Sikuris que hasta ese entonces solo se denominaba “Sikuris de Italaque”. Calamani reconstituyó y puso en su lugar al Sikuri de Taypi Ayca–Italaque. Este documento se constituye en nuestros días y es para la comunidad de Taypi Ayca–Italaque un manifiesto reivindicativo una agenda programática de vida.

Desde ese momento se da inicio a una serie de acciones y actividades de parte de los Sikuris de Taypi Ayca–Italaque, realizando trabajos de difusión, investigación y gestión, haciendo que esta ardua labor de como resultado la declaratoria de patrimonio cultural a los Sikuris Mallkus de Taypi Ayca–Italaque, esta misión  recae  sobre Nemecio Mario Huanacu Calamani originario de Taypi Ayca y representante de los Sikuris de Taypi Ayca–Italaque. Es así que el año 2008 presenta solicitud e historial al Gobierno Municipal de Mocomoco el cual a través de Ordenanza Municipal  N°005/2008 declara a los Sikuris Mallkus de Taypi Ayca–Italaque, como Cuna de Sicuris y Patrimonio Cultural e Intangible del municipio de Mocomoco. Posteriormente esta ley es remitida al Gobierno Autónomo Departamental  de La Paz  el año 2009 para que a nivel departamental sea declarado Patrimonio, luego de pasar todo un vía crucis en esa instancia en fecha 21 de enero de 2015, por fin, fue promulgada la Ley N° 080 “DECLARATORIA DE PATRIMONIO CULTURAL, INMATERIAL DEL DEPARTAMENTO DE LA PAZ A LA MÚSICA Y DANZA AUTÓCTONA DE LOS SIKURIS MALLKUS DE TAYPI AYKA–ITALAQUE DEL MUNICIPIO DE MOCOMOCO DE LA PROVINCIA ELIODORO CAMACHO”. 

Paralelamente a estos hechos desde el año 2003 Boris Bernal Mansilla (autor de este artículo), originario de Italaque descendiente del Cacicazgo Kutipa de Italaque inicia un proceso de investigación, revalorización, difusión y defensa del patrimonio cultural de Italaque, y en ese camino el año 2008 converge con la comunidad de Taypi Ayca para conjuncionar acciones y actividades de Italaque y Taypi Ayca. Así el año 2011 realizan la primera acción conjunta de defensa del Patrimonio Cultural milenario al impedir que se saque el empedrado y su simbología ancestral de la plaza principal de Italaque. A este trabajo se suma las fuerzas del actual Alcalde de Mocomoco Elías Mollehuanca.

Ahora, con la promulgación de la Ley Departamental Nº 080, Taypi Ayca, logra reconstituir y descolonizar un legado ancestral como sus Sikuris. Recogiendo dos legados históricos el de Italaque y el de Taypi Ayca.

Taypi = Centro; Ayca = bondadoso, como nos traduce Ludovico Bertonio, en el primer Diccionario de la Lengua Aymara de 1612. También Ayca es traducido como planta medicinal. Esa esencia bondadosa que hasta el día de hoy manifiestan los pobladores de Taypi Ayca–Italaque y que también se expresa en el proceso de Revolución Cultural que construyen día a día. Quedaron atrás los tiempos de discriminación o instrumentalización del Sikuri de Taypi Ayca – Italaque, ahora, son ellos quienes deciden y marcan su camino construyendo con sus propios medios o ahora con el apoyo del alcalde Elías Mollehuanca: El museo al Sikuri, la escuela del Sikuri, restaurando y revalorizando lugares arqueológicos e Históricos tanto en Italaque como en Taypi Ayca y en perspectiva a toda el territorio de la Cultura Huarcas del Municipio de Mocomoco, fortaleciendo las investigaciones culturales y promocionado a nivel nacional e internacional su cultura. 

Este el camino que decide avanzar Taypi Ayca-Italaque, camino en el cual el egoísmo, la envidia, resentimiento, violencia no tienen lugar. Donde todos y todas tienen su espacio y lugar, seamos de la  ciudad o del campo, indígenas, mestizos o extranjeros, mujeres o varones, “Un mundo donde quepan muchos mundos” en resumen. 

Por último agradecemos a la vida por darnos la oportunidad de generar un puente a través de la palabra y las letras de todo de lo que aprendimos, vivimos y sentimos en la tierra milenaria de Sikuris: Taypi Ayca–Italaque.

Modificado por última vez enJueves, 05 Julio 2018 18:31

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