San Severino, “El Santo de las Lluvias” de Tarata

La imagen de San Severino en la Iglesia de Tarata (Cochabamba-Bolivia), que se celebra el último domingo de noviembre. FOTOGRAFÍA TOMADA DE https://www.facebook.com/sanseverinomartir/ La imagen de San Severino en la Iglesia de Tarata (Cochabamba-Bolivia), que se celebra el último domingo de noviembre.

Lic. Juan Clavijo Román (*)

LA TEOLOGÍA DE LAS FIESTAS RELIGIOSAS

Según: Rodrigo Sánchez Arjona, S.J. “La celebración de la fiesta saca a la comunidad de su vida cotidiana y de su quehacer monótono, y la introduce en la esfera de la luminoso al electrificar los espíritus con una experiencia religiosa”.

“La experiencia religiosa no es otra cosa, que el acuse de recibo de haber sido tocado por un poder extraño. La experiencia religiosa es la vivencia de que Dios está presente. Esta experiencia sentida en la humanidad desde su origen muestra que el hombre no crea la religión, sino que lo divino se le viene encima”.

“Ante la aparición de lo divino en la conciencia, el espíritu humano se siente conmovido por el misterio. La presencia de lo sagrado causa un claro temor y pavor; pero junto a este aspecto ‘tremendum’, que distancia por su majestad, lo sagrado atrae, capta, es algo ‘fascinans’”.

“La presencia de lo divino produce un profundo respeto, se trata de un respeto QUE SE TRADUCE POR TERROR Y TEMBLOR ANTE EL MISTERIO. Lo sagrado es misterio para el hombre, no porque el entendimiento humano tiene respecto a él límites infranqueables, sino porque el hombre tropieza con algo totalmente insólito y extraño y por esta razón retrocede espantado”.

“Por otra parte lo divino manifestado atrae, fascina al corazón humano, lo capta, lo seduce. Y el hombre así visitado quisiera permanecer toda su vida en la contemplación de esta presencia”.

“Además de estos dos movimientos contradictorios del espíritu, la experiencia religiosa trae sobre el hombre la certeza de que lo divino le ha dado alcance y que este encuentro no ha sido ni una ilusión, ni una fabricación de los anhelos ocultos del subconsciente”.

“El fenómeno religioso consiste en la aparición súbita, insólita, fulgurante de lo divino a la conciencia humana, pero esta aparición se lleva a cabo a través de las realidades de aquí tangibles por los sentidos humanos. Estas realidades mundanas que sirven de puerta, de punto de inserción de lo divino, son las que llamamos teofanías o hierofantas”.

“La hierofanta es todo aquello, persona, cosa, acción o fenómeno, que pone de manifiesto la presencia o la acción de lo divino. Si se manifiesta es que estaba oculto, mas aún su esencia es estar oculto a los ojos de los hombres. La hierofanta nos manifiesta lo sagrado y nos muestra la permeabilidad de lo mundano y profano para hacerse transparencia de lo divino. Esta transparencia de lo profundo para manifestar lo sagrado, nos lleva a un modo de captar, de conocer a Dios, que no es el puramente racional deductivo, sino el sapiencial simbólico”.

Podemos señalar tres notas propias de todo acto de culto religioso:

-Lo sagrado se manifiesta a una comunidad reunida para el culto.

-El encuentro con la divinidad tiene por objeto la salvación de la comunidad. Este beneficio de la salvación es simbolizado por el banquete sagrado, señal de amistad y comunión de vida entre el grupo humano y la divinidad benéfica.

-El encuentro con la divinidad salvadora desencadena en la comunidad todo un ambiente de alegría y fiesta que libera y pone a los espíritus en tensión de júbilo, lo cual queda simbolizado por el canto y la danza, que continúa durante todo el día. En las religiones paganas la fiesta culmina con la orgía sagrada.

“De aquí resulta que el culto es el germen y la cumbre de la experiencia religiosa. Por la acción litúrgica la comunidad sale del tiempo cotidiano, monótono, para sumergirse en el tiempo mítico original, en donde se realizaron las acciones salvadoras y las gestas libertadoras del Dios protector, y donde el hombre amenazado y aterrado halla la fuente de la vida y el paraíso perdido, es decir la cercanía de Dios experimentada en intimidad existencial”.

“A través de las acciones culturales el hombre ve en su contemplación religiosa extática esas gestas salvadoras del Dios, bebe de la fuente de la vida, se pasea tranquilamente por el paraíso en compañía de su Dios, y sale del tiempo duro y áspero del mundo para navegar dulcemente IN ILLO TEMPORE, en el cual la divinidad mostró su amor sin límites a los humanos. Este encuentro cultural de la comunidad con su Dios se llama el Misterio litúrgico”.

“El misterio litúrgico es un mar sin orillas, abre más y más su profundidad al hombre sediento de Dios”. Odo Casel ha escrito sobre este asunto unas frases que nos aclaran lo dicho sobre el culto: “El misterio permanece siempre misterio. Y no todo se puede abrir inmediatamente a todos. Se revela poco a poco a los ojos de los limpios de corazón y a los humildes. Con esto no decimos ninguna cosa exótica, pues ni la formación intelectual, ni la cultura estética, sino la sola humildad y la pureza interior dan acceso en forma franca a los divinos misterios. La esencia del misterio es algo en alto grado popular, precisamente porque el pueblo ama lo concreto y al mismo tiempo atisba lo divino entre el misterio”.

RESUMEN HISTÓRICO DE LA VIDA Y MARTIRIO DE SAN SEVERINO

Nació en Roma, allá por los años 260 de nuestra era cristiana, pertenecía a la noble familia de los SEVEROS, su padre era tribuno, título suficiente para incorporarse a la guarda imperial del entonces Dioclesiano, uno de los peores perseguidores del cristianismo. Entre otros motivos para pertenecer al gobierno despótico de los emperadores, era conservar por todos los medios, aquellos principios que hacían de Roma el centro del mundo occidental y oriental: La unidad de legislación, el derecho romano, la unidad de lenguaje, el latín, la unidad de religión, etc. Para los romanos la religión era cuestión de Estado y el estado romano consideraba el culto de los dioses como su propio fundamento, y ponía todos los cuidados en mantenerlos. El Panteón era el lugar donde debían tener su morada todos los dioses, aún en los pueblos sojuzgados; pero, con el cristianismo el contraste era inevitable, desde el momento en que se presentaba como una religión universal y exclusiva destinada a suplantar todas las religiones, frente a la teocracia pagana que concentraba en el Emperador todo el poder religioso y civil.

La religión cristiana distinguía dos poderes, sustrayendo el poder civil al dominio de las conciencias y negando al Emperador, el culto destinado solamente a Dios. Los cristianos por esa causa, acusados de ateísmo y de odio al Emperador, eran señalados como causantes de todas las desgracias públicas; el paganismo era el culto a la materia, al placer sensual de las pasiones; en cambio el cristianismo predicaba la mortificación, la caridad, la igualdad entre los hombres y el perdón a los enemigos. Era inevitable que se produjera una terrible oposición entre ambas corrientes.

En esta época y en estas circunstancias, apareció SEVERINO, una vez incorporado a la guardia del Emperador, le dieron la misión de vigilar a los cristianos, tanto de día como de noche, en sus reuniones privadas y en la asambleas públicas, evitando que nadie pueda hablar contra el imperio ni la religión; cuando encontraba gente sospechosa por sus costumbres y forma de vida contraria a la educación en Roma, debía denunciar inmediatamente para infringirles el castigo emanado del Emperador, ya sea destierro, persecución o muerte, aunque sea de la misma casa del Emperador, incluso a sus mismos familiares, hijos, mujeres, etc.

En cumplimiento de estos decretos, SEVERINO dio estricto cumplimiento a su deber de soldado, controlando el movimiento de los cristianos; pero, luego se convenció que nadie hablaba contra el imperio ni contra la religión, más bien escuchaba que la religión cristiana era muy humana, muy caritativa. En la vigilancia nocturna, se acercaba a sus reuniones donde oía con admiración elevar sus oraciones a Dios, invocar a Jesucristo que por nosotros se entregó a la muerte, compartiendo entre ellos esa doctrina tan bondadosa, él se acercaba a ellos, escuchaba sus enseñanzas y al fin, se convirtió y tanto él como sus compañeros pidieron el bautizo al Obispo de Milán y viendo la sinceridad de sus corazones los bautizó, empero; inmediatamente fueron encarcelados. Ya en la cárcel, el mismo SEVERINO quitó las cadenas de los que seguían la doctrina de Jesucristo, haciendo públicas manifestaciones a favor del Dios de los cristianos y contra los dioses del paganismo.

Al enterarse el Emperador de la burla que le habían hecho sus mismos soldados, los mandó a buscar para castigarlos severamente y saber a la vez el paradero de los presos cuya custodia se les había confiado, para que los acompañantes sufran el castigo de traición al imperio. Fueron sorprendidos todos juntos en una casa de campo junto a la ciudad y como los encontraron en oración, dando gracias a Dios por haberlo conocido y proclamaban a Jesucristo como el rey de los hombres sobre la tierra, los verdugos especialmente se hicieron contra SEVERINO, por haber desertado y no cumplir con su deber del juramento de fidelidad al Emperador, y una vez saciados, los decapitaron a todos, terminando así su santa vida con la palma del martirio; entre los compañeros de martirio de SEVERINO se citan los nombres de: Carpóforo, Exanto, Segundo, Licinio y Casto.

Sabedores los cristianos de Roma del martirio padecido por ellos, se trasladaron al lugar de los hechos, recogiendo sus restos, a SEVERINO que tenía un vaso de sangre en el momento de su martirio, lo llevaron y dieron sepultura en las Catacumbas de San Calixto, de la Vía Apia, con su vaso de sangre, con esta inscripción esculpida al pie del mismo sepulcro: SEVERINUS DEPOS IN PASE. Su martirio está fijado en el año 283 del imperio Dioclesiano.

LLEGADA DE SUS RESTOS A BOLIVIA

Desde entonces hasta 1835 los restos de SAN SEVERINO se quedaron en las catacumbas de San Calixto de la Vía Apia, cuando el reverendo padre Andrés Herrero, yendo a Roma, pidió al santo padre, el Papa Gregorio XVI, ordenando éste al cardenal Plácido de San Benito, de la Congregación Camalduria, Vicario General del Santísimo Papa y Juez ordinario de la curia romana y de sus distritos, etc.; sacar los restos de SAN SEVERINO y entregar al citado padre Herrero con esta recomendación: A todos y cada uno  de los que leyeran las presentes letras, dejamos constancia y atestiguamos que, nosotros para mayor gloria de Dios y sus santos, reconocemos con veneración y damos como un obsequio al muy R.P. Fr. Andrés Herrero, Procurador de las Misiones en la República de Bolivia de la América del Sur, EL SAGRADO CUERPO DE SAN SEVERINO MARTIR, en nombre propio para la ciudad de Tarata en al Alto Perú, sacado por nosotros por mandado de S.S.D.N.P.P. Gregorio XVI, el 2 de marzo de 1834 del cementerio de San Calixto de la Vía Apia, con un vaso teñido de su sangre y con esta inscripción esculpida al pie del mismo sepulcro: SEVERINUS DEPOS IN PASE.

Este mismo cuerpo lo hemos puesto en un cajón de madera cubierto con un papiro pintado, bien cerrado y amarrado con un cordón de seda de color rojo y la impresión de nuestro sello y el mismo que le hemos entregado con la recomendación y facultad de tenerlo para sí, o de donarlo a otros que le puedan sacar fuera de Roma y exponerla a la pública veneración de los fieles en cualquier oratorio o iglesia. Para su constancia les entregamos en estas letras testimoniadas firmadas por nuestra mano, ratificadas por nuestro sello y firmadas, mandando su ejecución por el infrascrito Custodio de las Sagradas Reliquias.

Roma, en nuestra residencia el día 25 de abril de 1834.

Registrado Tomo III. Pág. 285

FDO. Archiv.- Irusperust.- Visegerens.- Gratia.

Es copia fiel del original, tomada del Archivo Franciscano de Bolivia.

Tomo III.- Pág. 376.- Año 1916.

De este modo llega a Bolivia, La Paz, el 6 de abril de 1835. Cajones donde venían los cuerpos de los Santos Mártires: Santa Felicidad, San Plácido y San Severino; por la bondad del Papa Gregorio XVI que quería testificar su paternal afecto al pueblo de Tarata. El cuerpo de San Severino fue exclusivamente para esta ciudad, llegando en julio a la misma como lo afirma el M.R.P. Comisario General Fr. Wolfgango Priewasser, en su panegírico del 26 de noviembre de 1916.

Llegando a Bolivia el padre Andrés Herrero con las reliquias auténticas de los Mártires, tuvo un recibimiento apoteósico en Tarata –dicen las crónicas– la comunidad franciscana del convento en gran número de religioso se trasladó a la estación; las autoridades y todo el pueblo en sí acudió al recibimiento, las campanas se echaron a vuelo, miles de flores volaban al aire, bandas y vítores llenaron de alegría el ambiente después de una procesión solemne por las principales calles se llegó al Convento donde fueron depositados en un altar dedicado al Santo Mártir.

Los padres Franciscanos reunidos en cabildo con las autoridades y principales vecinos tomaron acuerdos en cuanto al señalamiento de la fecha de su festividad anual, señalando sea el último domingo de noviembre como fecha clásica de ésta festividad.

Es así que más de dos décadas atrás cuando una sequía desolaba los valles cochabambinos, se preparó para sacar en rogativa (procesión) a iniciativa del entonces administrador del Convento, Hno. Grover Toro P., sacándose en una primera oportunidad hasta la salida a la comunidad de La Maica, pero la segunda vez, cuando se disponía a salir en un cielo azulado y encabezado por el entonces ayudante de la Parroquia de Tarata, Héctor Almaraz, antes que el Santo llegue a la mampara, arrasó una lluvia que inundó a casi todo el centro poblado de Tarata. Desde entonces se lo conoce y nombra como el “Santo de las Lluvias”, es así que en cada festividad siempre llueve, desde entonces es clásico realizar las romerías cada últimos domingos de mes y la fiesta majestuosa el último domingo del mes de noviembre y creciendo así la devoción de propios y extraños.

FUNDACIÓN DEL CONVENTO FRANCISCANO DE TARATA

Por Decreto Real de Carlos IV en 1788 a 1808 y aprobado en 20 de noviembre de 1792, fue fundado el colegio misionero de Propaganda FIDE de Tarata, cuya erección jurídica, según declaración del Consejo de Indias, data de octubre de 1792.

La parte resolutiva del citado decreto real dice: “… y habiendo visto en mi Consejo de las Indias con lo informado en este asunto por el expresado Gobernador Intendente, mi Virrey de Buenos Aires, y el Comisario General de Indias de la religión de San Francisco lo expuesto por mi fiscal, y consultándose sobre ello el 10 de septiembre próximo pasado, he venido en conceder mi real Licencia para que en el pueblo de Tarata se funde un colegio de misioneros de propaganda FIDE de la religión de San Francisco, para la conversión y aumento de las misiones de indios que hay en el oriente en el Obispado de Santa Cruz de la Sierra, destinándose para esta fundación y empleándose en ella los veinte mil pesos que por vuestro ardiente celo ofreceís para una obra tan interesante en bien de la religión y el estado, invirtiéndose precisamente la referida cantidad en la erección del colegio…”.

Don Alejandro José de Ochoa y Murillo fue el principal promotor de la fundación del Colegio Apostólico de Tarata, por entonces electo obispo de la Diócesis de Santa Cruz de la Sierra en 1782.

En abril de 1790 estuvo en Tarata, tal vez en visita canónica, pocos meses después de junio, se dirige directamente al Consejo de Indias para que autorizara con beneplácito real, a fundar el deseado colegio de propaganda FIDE, ofreciendo de su propio peculio ad-hoc veinte mil pesos fuertes, aumentables con las obras pías legados por Don Francisco Pallares y que tuviese por patrón a SAN JOSÉ (referido en el decreto real).

El 11 de abril de 1791 fue el señor Ochoa promovido a la silla episcopal de La Paz, allí recibió la aludida Cédula Real de la fundación y más la noticia de que ya se había encargado el reverendo padre Pablo de Moya, comisario general franciscano de Indias, de realizar el Decreto Real, nombrando éste como colectador de los nuevos misioneros al R.P. Bernardo Jiménez Bejarano. Su ilustrísima acudió, en consecuencia al gobernador Viedma para el “cúmplase”, lo que éste hizo el 11 de noviembre de 1795, en la leal y valerosa ciudad de Oropeza, valle de Cochabamba. Este ilustrísimo señor Ochoa  murió en La Paz hacia el año 1796. El colegio de Tarata puso, el año 1808 en recuerdo de su bienhechor, un retrato de su Ilustrísima, en la sala principal del colegio, ostentándose sobre la portería del convento el escudo del prelado fundador.

La erección jurídica, según declaración del Consejo de Indias, fue exactamente el 3 de octubre de 1792, datos confirmados por Fray Francisco Pierini, a los religiosos recién llegados bajo su superior R.P. Bernardo Jiménez Bejarano, facilitaron como es sabido en 1796 los padres Agustinos su hacienda  e iglesia de Collpa, cerca de Arani, valle de Cliza, solo cinco años después pudieron los franciscanos trasladarse a Tarata (1810) donde el convento estaba aún inconcluso. Los sacerdotes que en total eran veinte y cinco, más dos hermanos legos, eran PP. Alejandro Delgado, Ángel José Aguado, Antonio Fermín Gonzales, Bernardino López Pantoja, Domingo Real, Francisco Lacuela M., Mendiola Gaspar Alegre, Hilario Ochoa, Juan Benito, Juan Hernández, Ramón Lapido, Ramón Soto, Vicente Esquiros, Vicente Ralfe, Vicente Sabanes y Fransisco Lorda. Condujo a éstos religiosos como superior fundador y Comisario perfecto de las misiones a fundar el padre Bernardino Jiménez Bejarano.

A través de la historia de las misiones entre infieles hallaremos a varios de éstos religiosos escribiendo las mejores páginas de nuestra historia misionera de Bolivia.

Fuente: Archivo de la Comisaría Franciscana de Bolivia. Extracto del P. Fernández.

MISIONES DEL COLEGIO DE TARATA

Para reproducir la historia de las misiones, nos sustentamos en el libro “Las misiones franciscanas”, escrito por el R.P. Fr. José Cardús (alumno del colegio de propaganda Fide de colegio de San José de Tarata y ex-conversor de los guarayos). Descripción realizada en los años 1883 y 1884.

“Las Misiones que los Padres del Colegio de Tarata tienen a su cargo, son conocidas con el nombre de Misiones de Guarayos, por ser indios Guarayos, los neófitos que las componen, y llámase así de Guarayos el lugar en que están.”

“La lengua que los guarayos hablan, es un dialecto de la lengua guaraní. En 1849 el P. Viudez, escribió sobre los guarayos: “Estos indios, son pocos en número: apenas alcanzarán hoy día a tres mil almas, incluidas las pocas familias que están todavía esparcidas por el monte. En cuanto a su civilización, poco han progresado en ella hasta ahora, pero hay fundada esperanzas se conseguir su completa conquista, si el Supremo Gobierno, mirándoles con ojos paternales, les envía sujetos capaces que los instruyan. Son por lo regular muy bien formados, de estatura mediana y robusta, y uno que otro medio agigantado: de color moreno y de barba bien poblada, particularmente algunos que la dejan crecer larga, como también el pelo que tampoco lo cortan, y llevan tendido a lo nazareno, hombres y mujeres. A pesar de darse en esta fértil tierra todas las cosas en abundancia, y una de ellas es el algodón, de que podrían hacerse sus vestidos, andan casi completamente desnudos; todo su vestido se reduce a unas trenzas, o hilos que se atan colgando en las piernas como ligas, y otras más pequeñas en la garganta del pie. Las mujeres llevan en la cintura una faja de poco más de un palmo, como también las ligas expresadas, y unas grandes sartas de semillas o avalorios alrededor del morcillo del brazo, junto al codo; por lo demás andan desnudas sin el menor pudor”.

De las varias creencias, indicamos una: “Cuando sucede algún eclipse de luna, creen que es el tigre que se la quiere comer, y con esta persuasión le dan gritos y tiran flechas encendidas para hacerlo huir y salvar la pobre luna”.

“El Gobernador de Santa Cruz, D. Francisco Javier Aguilera, influyó en el gobierno para que los religiosos del Colegio de Tarata, como medio más apropiado para la total reducción de los guarayos, pasando una orden a estos para que se hiciesen cargo de los Misiones de Guarayos”.

“Los Padres misioneros desplegaron mucha actividad y manifestaron el grande interés que tenían por el bienestar de los guarayos. Estos lo comprendieron, porque lo vieron, y, a los menos exteriormente, empezaron a cobrar afecto a sus nuevos bienhechores, manifestando mucha docilidad, por esto, todos asistían a la doctrina y rezo; los niños no faltaban a la escuela, y cada uno se aplicaba a aprender y desempeñar el oficio o faena que se le encargaba. Las cosechas, por otra parte, fueron variadas y abundantes, motivo muy principal del contento de los guarayos, quienes pronto pudieron apreciar la utilidad de algunas artes, que por primera vez se introducían con regularidad en aquellas tierras. Derramábase, pues, la abundancia y la alegría entre los guarayos, efecto de la contracción y desvelos de los Padres, quienes, bendiciendo el Señor sus fatigas y sudores, tuvieron la satisfacción de poner, en menos de dos años, aquellas Misiones en muy próspero estado, concibiendo, y con razón, muy fundadas esperanzas de ver en breve la total reducción y conversión de los guarayos…”

“Los Padres implantaron los trabajos en común, haciendo que los neófitos trabajasen tres días a la semana, ocupándose exclusivamente en bien de la Misión y el progreso que de ellas se deseaba”.

“En todas las Misiones hay escuelas para la instrucción, principalmente religiosa, de la juventud. Todos los niños y niñas, desde los siete años hasta que se casan, asisten diariamente a sus respectivas escuelas, las que, no pudiendo ser inmediatamente atendidas por el Padre conversor por sus demasiadas atenciones, están casi exclusivamente al cuidado de maestros y maestras escogidos de entre los neófitos de las mismas Misiones”.

Las Misiones del Colegio de Tarata, estaba a cargo de las Misiones de Yotau (1858), Ascensión (1826), Yaguarú  (1821) y Urubicha (1821), todos de lengua guaraya, de la provincia Velasco, departamento de Santa Cruz, total de almas 4439, a cargo de 4 conversores. Otras Misiones a su cargo  en Tarija, eran Chimeo (1849),  Itau (1791) y Aguairenda (1851),  provincias Salinas y Gran Chaco, de lengua chiriguana, total de almas 1035 a cargo de 4 conversores. En Sucre, provincia Acero, las Misiones de S.F. Solano (1860),  Tarairí (1854),  Tiguipa (1872) y Machareti (1869), de lengua chiriguana,  total de almas 6630 a cargo de 7 conversores.

(*) El autor es nacido en Cochabamba, historiador y tradicionalista.

Modificado por última vez enLunes, 19 Noviembre 2018 15:40
Powered by OrdaSoft!
Banner 468 x 60 px