La trilogía Alfileres y Alfiles de Blanca Garnica: una especie de laberinto en busca de una salida

La literatura boliviana se viste de fiesta, porque el poemario “Los alfileres del cuento”, de la poeta Blanca Garnica, sale a consideración del público lector; concluyendo, así, la trilogía “Alfileres y Alfiles”.

Si la lectura del primer y segundo libro de los tres que forman la trilogía “Alfileres y Alfiles” me habían encantado, el tercero no ha sido para menos, especialmente, porque tuve el honor de leer el manuscrito.

Un tercer libro que, al igual que ocurre con los anteriores, el tema principal sigue siendo el sufrimiento diario de las mujeres, que está invisibilizado en la sociedad patriarcal –y por ende machista—en que vivimos. Un tema que, de verdad, sorprende que no haya levantado ampollas en contra de la autora, ya que ella no se calla nada, sino que expone las cosas como son; dando lustro, así, al carácter universal que adquiere su poesía al hacerse voz de nuestro siglo.

Blanca Garnica siempre conmueve, en cualquier caso. Porque la mayor satisfacción se origina siempre en el contagio del asombro ante algo que conmueve. Porque el asombro es, en sí, el origen de todo.

También me atrae la belleza siniestra que subyace en su obra y que revela sutilmente lo que no debería desvelarse: “la inquietante extrañeza” freudiana. Todo lo que debería permanecer en secreto y salió a la luz…  

Blanca Garnica sabe, de la sal de la sangre y de las lágrimas, en un mundo dominado por hombres y mujeres que construyen los estereotipos machistas que subyugan a las mujeres, porque Blanca es mujer; porque Blanca es poeta.

Blanca tiene un estilo muy bueno, escribe poesía desde el extrañamiento y perplejidad, del dolor e interrogante, mientras hace poesía, la poesía le construye a ella.

De nuevo, Blanca Garnica, supo cautivar.

“Los alfileres del cuento”, a pesar de formar parte de una trilogía, puede leerse perfectamente por separado al igual que ocurre con los anteriores poemarios: “Alfileres de plata” (2012) y “Alfileres y alfiles” (2012) y permite, de igual manera, zambullir en su alma de cristal.

Su poesía es tan densa y está tan bien escrita que no solo complementa los anteriores poemarios, sino que tiene una personalidad propia.

Los inusitados alcances de su apuesta estética la convierten en una de las escritoras contemporáneas fundamentales de la literatura boliviana y de la poesía hispanoamericana.

El gran tema de su obra es el paraíso perdido de la inocencia, el desamparo ante el sexo, la muerte y los miedos de la infancia.

Esta trilogía es un viaje a la poeta boliviana Blanca Garnica, una criatura inclasificable. Blanca Garnica: la del silencio, la de la voz suave y emotiva. Blanca: la tímida que se enciende cuando recita sus poemas, recordándonos una sacerdotisa druida. Blanca Garnica: la mujer que grita a través sus poemas. Blanca Garnica: la niña que mira al mundo incomprensible a través de los ojos bañados de melancolía, de la mujer adulta. Su personalidad deslumbrante y su postura alumbran y se entremezclan con zonas misteriosas de su obra.

Blanca Garnica, sin lugar a duda, tiene influencia Pizarnikiana; y al igual que Alejandra Pizarnik, Blanca Garnica es brevedad y silencio…

Su escrita construyó un personaje poético y anatómicamente coherente e igual a Alejandra, Blanca también alberga trazos de influencia surrealista –atraídas por la magia de la metáfora que les proporciona esta corriente– y, Blanca crea una imagen poética sobre lo doloroso de la realidad y construye un andamiaje de denuncia y en un instante, su voz se universaliza porque define la condición femenina en nuestro siglo. Empero, el vocabulario de Blanca Garnica, el estilo e imagen son exclusivamente suyos.

Blanca no se fragmenta como Alejandra y la niña que fue Alejandra Pizarnik, en donde la niñez y memoria aparecen, como aliadas, como voces de esa otra dimensión que representa el tránsito a la orilla opuesta, al otro lado del espejo; que las hace posibles y las impulsa a dialogar en el origen, en la ilusión del retorno. 

El pasado, para las dos poetas, no es sólo un trazo positivo en la línea de tiempo, sino un punto de referencia y de contraste, el espacio del retorno, imprescindible para entender, explicar y aun justificar todo otro momento, sea futuro, presente o pasado, que hubo de suceder.

Blanca camina unida a la niña que fue y que jamás se apartó, porque su niña interior además de ayudarle a pasar la vida y ser testigo de todas sus circunstancias, también cobra voz con una especie de angustia que añora ante las pequeñas depresiones consecuentes del diario vivir.

La niña que le acompaña en el trance de la vida e interroga todo lo que no comprende del mundo feo e injusto; la niña que percibe las pequeñas cosas del mundo fracturado y vacío a que están recluidas, o la niña que se permite llorar cuando la mujer calla. Eso se ve con mucha más fuerza en “Los alfileres del cuento”. Donde se entremezclan emociones como el miedo, la sorpresa, el desasosiego y el deseo, siempre con una voz trémula y delicada.

Poeta concisa y singular, cuya obra respondió siempre a las exigencias de su mundo interior, donde la naturaleza, la cotidianeidad y el misterio, se convirtieron en importantes protagonistas.

En su obra no existe un espacio de consuelo porque cada momento está acompañado por el miedo o por la incomprensión. Y su única salvación es la palabra.

Sin pretensiones diagnósticas y a partir de los enigmas que la obra nos entrega, se puede decir que nada se halla en este pequeño volumen que sea hijo de la ficción y que no esté realzado por la verdad.

Su mérito es el sentimiento, y es ésta la principal cualidad que caracteriza este género de poesía peculiarmente intimista; peculiar porque se muestra en su totalidad, al tiempo que, se reviste de mucho pudor y jamás se desnuda por completo, requiere un estilo puro, sencillo y muy expresivo, cuyos versos fluyan con la facilidad de un arroyo, transparenten el alma como un cielo, por donde se ven pasar las nubes de las percepciones, unas ligeras, brillantes y matizadas de colores; otras tristes, sombrías y grises.

Su tono dulce y melancólico es el eco del dolor de la incomprensión y del desencuentro, de los recuerdos, cuya ilusión es la última que nos abandona al pie del sepulcro.

Su escritura es la de quien crea porque no sabe ni puede hacer otra cosa ante las circunstancias que le toca ver o vivir, puesto que, no conoce otro modo de salvarse que no sea el del lenguaje. Aun cuando está segura de que la redención no existe; entiende que la palabra ayuda a transitar por el tiempo y el espacio que tercian entre la búsqueda y el hallazgo, y eso sostiene la existencia y la cordura, eso le impide sucumbir.

Blanca Garnica escribe para salvarse de la vida y del mundo; escribe para acceder al conocimiento del mundo y especialmente, del otro, sabiendo que no puede ya restituirse en él.

Toda persona necesita un espacio de protección y reflexión creativa en su interior. En este espacio es donde habita la deidad y los seres que nos guían por el camino del amor, la dulzura y las ganas de vivir. Tal vez, ángeles que nos hacen sentir que estamos protegidos, que nunca nos abandonan. Nos acompañan en todas las situaciones de la vida, en la soledad, en el miedo, en la depresión, en nuestra resignación y hasta en la muerte.

La escritura logra crear ese espacio de autoconocimiento, de diálogo interno, de resignación o de lo que se quiera llamar, pero que, en el caso de la poeta emblemática de la literatura boliviana, Blanca Garnica, se convierte en un refugio a buen recaudo del devenir y de la fractura, del abismo que se interpone entre quimera y realidad. Porque ella busca una salida y no encuentra, y después de mucha marcha en el afán de entender lo ininteligible, en el afán de encontrar respuestas la poeta dice: “Callo\ con las rodillas\ curvas\ frente a Ti”.

El acto de la escritura para Blanca Garnica, es como ingresar en una especie de “bunker” o una trinchera bien elaborada, para protegerse y salvarse, para ocultarse y acceder; es un espacio de redención, que permite conocerse y comunicar la experiencia e, incluso, la no-experiencia; revelando que no hay nada en el paisaje exterior que pueda compararse con el paisaje interior de la poeta.

Y ella escribe: - “Masticada la idea\ es un fruto maduro\ el resultado\ \De los nogales\ colgará nuestro mundo\ resucitado”.

Así, es Blanca Garnica, la que siempre está resuelta a hilvanar cera y plumas para que Dédalo huya sobrevolando el laberinto; o tal vez hilvane plumas y cera, para que Dédalo se eleve y vislumbre una salida.

Total… siempre me sobrecogen esos raros instantes donde realidad y ficción se ordenan o superponen. Y la poeta escribe: - “Sin el alma\ las piernas desnudas\ de Pinocho\ colgaban de la cama\ \ No recordaba\ su cuarto de juguetes”.

Toda su poesía es sin excusa, una larga evocación de la infancia interrelacionada con la vida misma, dando a luz a un universo perturbador, poblado de raras criaturas entre las que ella destaca. En fin, es una especie de laberinto en busca de una salida.

(*) Nacida en Brasil, Márcia Batista Ramos es escritora y vive en Bolivia hace varios años. 

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El Canto Sutil de Norma Mayorga

Por Márcia Batista Ramos (*)


Espejos del Tiempo

Sin maderas ni cinceles

esculpiste mis rostros

oh! Dios infinito.

En los espejos del tiempo

observo mis perfiles:

de talle delgado

vestida de luna,

llevo en mis alforjas

palabras fragrantes.

De mirar lejano

y palabra franca,

llevo pantalones

y aprietos botines,

soy la amazonas

que empuña el verbo

y clama justicia.

Con las manos juntas

Y mirando al cielo

elevo mis versos

para hablar Contigo.


Norma Mayorga es una escritora consecuente en el cultivo y difusión de la poesía y la narrativa. Su verso bien trabajado: con esmero y arte; brota suave y generoso, como las olas espumeantes que acarician la playa, pero con la fuerza y entereza de las montañas cubiertas por cardos, que soportan los latigazos del viento.

Norma Mayorga es hija de padres cochabambinos, nacida en La Paz  en el 17 de julio de 1950. Tuvo la niñez bordada por hilos de luna en los huertos de los valles de Cochabamba.

Es profesora de Literatura y asesora pedagógica jubilada. Realizó estudios superiores en la Universidad Mayor de San Simón en Administración Escolar, con especialidad en Japón.

Su poesía tiene gracia y equilibrio, algunas veces explorando sutiles diferencias en el conjunto cotidiano de sensaciones que nos rodean, otras substituyendo perspectivas habituales para vislumbrar en nuestras realidades cotidianas, cualidades desconocidas.

Publicó los poemarios: “Camino de Cardos” (2006 y 2008 segunda edición); y “El Canto de las Olas” (2012), que fue recomendado por la Academia Boliviana de Literatura Infantil y Juvenil como mejor publicación 2012-2013 en poesía juvenil.

Como referente en la poesía nacional, fue elegida con otras diez poetas, por la investigadora norteamericana Katy Leonard, para su libro: “Una Revelación desde la Escritura”.

Solo el poeta sabe que es inseparable de su brevedad y del dolor inherente a tal brevedad, porque cada uno sabe del dolor de ser lo que es. Así, su poesía está salpicada por la nostalgia y por cierta melancolía, que la hace hermosa en el misterio que representa, pero triste... De una tristeza, cómo la que ostentan las tardes nubladas, vestidas de amarillo… Y Norma revela: “Dicen que mi madre\ me tejió una noche\ con hilos de luna\ y agujas de amor (…)”

Norma es poeta sutil, que proyecta el ámbito local de sus imágenes del mundo a un mundo siempre vasto de sus referentes multitudinarios. Ella se mueve con espontaneidad y destreza, como pez en el océano, manejando situaciones insólitas ante la mirada ajena: “Esto\ es la agonía\ de mi fe esculpida,\ Un caer abajo\ sin llegar al fondo. (…)”.

 Norma, en su poesía, habla de cómo ella se relaciona con las palabras al decir: “Cómo cuesta\ tallar la palabra,\ agua clara,\ diáfana y auténtica.\ (…)”, y la talla, con sutiles cinceles que permiten introducir color, sabor y sonido en cada poema.

Norma Mayorga representó a Bolivia en el Fórum de la Palabra en Barcelona el 2004, como parte del Comité Escritores en prisión del PEN Bolivia. También, representó a Bolivia en Arequipa, Iquique y Santiago en el Movimiento Humanista.

Su pasión por escribir se manifiesta en la poesía y la narrativa. Sus cuentos se encuentran en diversas antologías: “Antología de Narradores Cochabambinos de Fin de Siglo”; “PEN”, Ed. Los Tiempos;  “El Océano En Un Pez”, antología cubana - boliviana; “Cuentos y Cuentos”,  Ed.  Escritores Unidos.

Fue secretaria general del PEN Bolivia (2003-2004), vicepresidenta en el Comité de Literatura Infantil y Juvenil-Cochabamba (1995-1996), y cofundadora de Escritores Unidos. También es integrante del mega proyecto: Poetas del Mundo. Asimismo, es fundadora e integrante activa de Escritores Unidos (asociación editora y difusora de libros); además pertenece al Comité de Literatura Infantil y Juvenil Cochabamba.

Escribir literatura infantil es una de las tareas más “difíciles”, según el escritor peruano Mario Vargas Llosa, ganador del Premio Nobel de Literatura del 2010; sin embargo dedicada a esa “tarea difícil”,  Norma Mayorga como escritora y poeta consagra mucho de su tiempo y creatividad para escribir literatura de calidad para los niños, ayudando a formar nuevos lectores, campo donde también se destacó.

Es miembro de la Academia Boliviana de Literatura Infantil y Juvenil.

Sus cuentos infantiles y fábulas figuran en antologías como: “Cuentos para Niñas y Niños”, selección de Manuel Vargas, Ed.  Muela del Diablo,  La Paz (1998). “Antología Literaria para Niños-Hojitas Pintadas”, Reforma Educativa (1998). “Salta el Arcoíris”, Antología del Comité de Literatura Infantil Cochabamba (1999). “La Fábula en Bolivia”, Antología realizada por César Verduguez Gómez (2007).

Su producción en literatura infantil alcanza su mayor expresión, pues, Norma Mayorga tiene una larga serie de cuentos que se destacan por el carácter pedagógico de los mismos; donde los sucesos del mundo se reflejan en historias que tratan de los sentimientos humanos; además, se desarrollan en un escenario donde la fantasía forma parte natural de la realidad.

La técnica y la sencillez expositiva logradas por Norma Mayorga en sus cuentos infantiles, contribuyen al desarrollo del imaginario infantil, pues, el escritor es un sembrador de belleza, que inspira lo que existe de mejor dentro de cada uno de nosotros.

Norma Mayorga publicó: “Bajaron las Nubes” (2009), este libro contiene cuentos y poemas para niños; “Es un Bóxer mi Doctor” (2010), cuento en verso en tres partes; “Navidad Sin Papá Noel” (2011), cuento que enfatiza los valores antes que el consumismo; “Otra Vez la Gata” (2011), cuentos y rimas que ponderan el amor a los animales y la tolerancia; “Colección Aracely Pinta” (2012), contiene cuatro libros con hermosas ilustraciones para pintar acompañados de rimas referidas al tema: “Ellos Habitan mi Jardín”, “Ya aprendí los colores”, “La canción del Cuerpo” y “Las Flores de mi Jardín”, recomendado por la Academia Boliviana de Literatura Infantil y Juvenil, como mejor publicación en poesía infantil (2012-2013); “Un Dragón en Sipe Sipe” (2015), cuento fantástico que motiva al conocimiento de nuestra tierra. Próximos a publicar: Cuentos para jóvenes “Entre el Terror y el Amor” y para los niños “Medicinas de mi Abuela” y “Un gusano turista”.

Su obra también se encuentra en antologías como: “Antología de la Poesía Boliviana”, Latina Ediciones; y “Antología Comentada de la Poesía Boliviana”, de Roberto Agreda.

Norma Mayorga, como pocos escritores en el medio, tiene su propio sello editorial que se llama: Ediciones Mayorga; y salió con el Grupo Editorial Kipus con la obra: “Un Dragón en Sipe Sipe”. Así, es como Norma innova en la difusión de sus obras literarias, siempre con mente muy abierta, buscando atajos para llegar al público lector.

El canto sutil de Norma Mayorga va tejido en verso y prosa, para adultos e infantes, un mundo claro y preciso, pues muestra tener complicidad con las palabras, pues logra dar duración a instantes transitorios: “Aquí\ con el sol jabonando\ entre las manos\ y la vida\ que resbala\ por mi espalda”.

Norma Mayorga, jamás se aleja de lo estético, por el contrario, sabe encontrar las palabras adecuadas para hacerlas vivir, sensiblemente, en el poema; logrando construir silencios con las palabras cuando expresa la quietud de los detalles: “Y callan mis latidos\ para escuchar los tuyos”.

Además, Norma construye su prosa y verso configurando secuencias, estableciendo analogías con estructuras visuales y auditivas, convirtiendo en versos sensibles y sugerentes, experiencias específicas en las cuales cristalizarán imperativos mayores.

(*) Nacida en Brasil, Márcia Batista Ramos es escritora y vive en Bolivia hace varios años. Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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El inolvidable Augusto Guzmán: pieza clave en la historia de la literatura boliviana en el siglo XX

Por Márcia Batista Ramos (*)

El prolífico escritor Augusto Guzmán, indiscutiblemente, es pieza clave en la historia de la literatura boliviana en el siglo XX. Fue persona ejemplar, escritor profundo e historiador riguroso. Nació en Totora, departamento de Cochabamba, en 1903 y falleció en la ciudad de Cochabamba en 1994.  

Se destacó por su hombría de bien, su gran preparación y su talento como escritor. Fue narrador, periodista,  biógrafo, ensayista, también crítico literario y parlamentario, siendo abogado de profesión también ejerció como diplomático.

En 1961 le fue conferido el Premio Nacional de Literatura, en 1969 la Medalla al Mérito del Ministerio de Cultura, en 1985 recibió la Condecoración del Cóndor de los Andes en grado de Comendador, en 1990 fue condecorado por el Ministerio de Educación y Cultura con la Gran Orden de la Educación Boliviana en el grado de Comendador entre otros  inúmeros premios y distinciones a lo largo de su vida.

Ejerció la docencia universitaria y por donde anduvo dejó huella imborrable por sus diversas actividades; fue fundador de la Carrera de Arquitectura y de la bandera de la Universidad Mayor de San Simón. Dictó clases de literatura, derecho social y minero e historia del arte en diferentes universidades, en las ciudades de La Paz y Cochabamba.

Perteneció al Pen Club Internacional, a la Sociedad de Escritores y Artistas de Bolivia y a la Comisión Departamental de la UNESCO en Cochabamba.

Hombre marcado por la Guerra del Chaco (1932-1935), confrontación bélica  en la que participó y cayó prisionero en Paraguay. Nadie sale ileso de una confrontación bélica; empero, la guerra no destruyó su profunda vocación humanista, por el contrario, lapidó el espíritu humanista siempre abierto a nobles inquietudes y justas aspiraciones.

Miembro de la Academia Boliviana de la Lengua y también de la Academia Boliviana de Historia.

Absolutamente realista, con frecuencia detallista, muestra un profundo análisis psicológico en sus novelas que reflejan su compromiso con el ser humano, denunciando siempre las injusticias sociales. Escritor polifacético que escribió, entre otras temáticas sobre la reforma agraria y la Guerra del Chaco.

Con la obra "Prisionero de Guerra" (1937), comenzó la consagración de Augusto Guzmán como una de las principales personalidades culturales de Bolivia.

Es difícil identificar dentro de su abultada producción, cual puede ser considerada su obra maestra. Su narrativa suele combinar el análisis introspectivo con hechos históricos.  Augusto Guzmán escribió 44 obras además de innumerables artículos para periódicos y revistas consignándose como uno de los intelectuales y artistas más destacados de Bolivia durante el siglo XX.

Desde sus primeras novelas Augusto Guzmán se destacó. La precisión de su escritura es un obsequio verbal de la más alta calidad. Es auténtica, legítima y grande. Su riguroso formalismo, se constata en la ordenada y precisa construcción de su narrativa.

Dejó un vasto legado para la literatura boliviana, incluyendo un trabajo muy valioso de crítica literaria e historia del siglo XX.

Obra: La Sima Fecunda (1933); Prisionero de Guerra (1937); Historia de la Novela Boliviana (1938); Machuyunga (1939); El Kolla Mitrado (1942); Tupaj Katari (1944); El Cristo Viviente (1946); Baptista (1947); Gesta Valluna (1953); Cuentos de Pueblo Chico (1954); La Novela en Bolivia (1955); Adela Zamudio (1955); Antología Colonial de Bolivia (1956); En la Ruta del Indiano (1957); Diccionario de la Literatura Latinoamericana (1958); Derecho Internacional Privado Boliviano (1959); Pequeño Mundo (1960); Historia Social del Arte (1960); Historia de la Arquitectura  (1961); Arquitectura Moderna y Contemporánea (1962); Bellacos y Paladines (1964); Panorama de la Literatura Boliviana del siglo XX (1967); Breve Historia de Bolivia (1969); Cochabamba (1972); Historia de Bolivia (1973); Panorama de la Novela en Bolivia (1973); Poetas y Escritores de Bolivia (1975); Cuentos (1975); Proceso Histórico y Cultural de Cochabamba (1978); Casimiro Olañeta (1978); Geografía de Cochabamba (1978); Biografías de la Literatura Boliviana (1982); Biografías de la Nueva Literatura Boliviana (1982); El Ensayo en Bolivia (1983); El Arte de la Biografía en Bolivia (1984); La Novela Situacional en Bolivia (1985); Paz Estenssoro (1986); Remanso (1986); Microestudios (1986); Eco de Palabras  (1987); Veinte Autores Rusos del Siglo XX (1987); Historia Lacónica de la Literatura Italiana (1988); Cruel Martina (1989); Mis hazañas son mis libros (1994); La amistad no es sólo un símbolo  (biografía de Héctor Cossío) (1994).

Perteneció al movimiento conocido como la Generación Combativa, surgido tras la guerra del Chaco que tuvo una gran influencia en la renovación de la literatura y de las artes en Bolivia.

Se hizo inolvidable a través de las letras, prueba de ello, es el inmenso legado que ha dejado a la literatura boliviana del siglo XX algo que nunca agradeceremos bastante porque su labor, vista, desde la perspectiva que da el tiempo, nos parecerá siempre impagable.

El ilustre e inolvidable Augusto Guzmán dejó una obra tan diversa como fecunda, evidenciando, desde mi punto de vista, que es pieza clave en la historia de la literatura boliviana en el siglo XX.

 

(*) Nacida en Brasil, Márcia Batista Ramos es escritora y vive en Bolivia hace varios años.

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“La más lejana medianoche”, nuevo libro de Ronald Rodríguez

Por Plaza Catorce

El próximo miércoles 3 de octubre, a las 19:00, en el Centro Simón I. Patiño, el escritor Ronald Rodríguez Gonzales presentará su nueva producción literaria. Se trata de “La más lejana medianoche”, una novela de ficción sobre el conflicto bélico en Afganistán y Siria, y que representa un drástico cambio en la temática hasta ahora explorada por el autor cochabambino.

Ganador del Premio Nacional de Literatura 2011, convocado por la Alcaldía de Santa Cruz, con su libro “El evangelio de las profundidades”, que tuvo como jurado a Homero Carvalho, Peter Levy y Pablo Deheza, Ronald Rodríguez publicó luego “El libro de las sombras” y "El mártir de los orígenes", los tres parte de "Hyperrealidad", donde habla sobre el ocultismo, la magia, la numerología, la simbología y la brujería, temas con los que logró conquistar a un amplio grupo juvenil.

Lejos ya del género de ciencia ficción y fantasía donde se encasilló su obra, ahora presenta este nuevo trabajo que tiene como protagonista a Esteban, hijo de un narcotraficante francés que en los años 80 del siglo pasado importaba cocaína de Bolivia hacia Francia y quien se involucra con una boliviana que lo rescata luego de ser abatido por la policía en el aeropuerto de El Alto. Producto de esta relación nace Esteban, bajo la condición de ser criado en Francia. Al cumplir tres años el niño es enviado con su abuela paterna y termina estudiando en la Sorbona y graduándose como ingeniero en seguridad de instalaciones corporativas. Ni bien termina su carrera especializado en desarrollar “análisis de escenarios de conflicto para anticipar contingencias, Esteban es contratado por una empresa de seguridad privada inglesa, dígase mercenarios, para trabajar en instalaciones de multinacionales en países de alto riesgo, como Sierra Leona, Afganistán, Irak, y Pakistán”, explica el escritor en una entrevista con Plaza Catorce.

Paralelamente a esta historia, nace una niña en Afganistán, Rahima, durante el bombardeo de Kabul bajo el régimen talibán, en el seno de una familia muy pobre y, odiada por su padre por ser mujer, la pequeña termina creciendo en una cárcel. “Ahí aparece otro personaje, Yaryna Pavlichenko, que es una ingeniera ucraniana que trabaja con empresas de instalaciones y servicios petroleros. La mujer tiene un know-how increíble sobre cómo manejar esos negocios, pero a la par desarrolla un interés humanitario por las mujeres y niños pobres en esos países donde están las mayores operaciones petroleras” y termina involucrada con Esteban y Rahima.

CÓMO NACE LA NOVELA

El origen de esta nueva novela de Rodríguez se remonta a principios de este siglo XXI, cuando el autor, entonces licenciado en Derecho, decide hacer una especialidad –en Santiago de Chile—en Derecho Corporativo con mención en Derecho Petrolero. “El estudio de los hidrocarburos es más un aspecto técnico y más que un aspecto técnico es un aspecto geopolítico. Entonces, mi diversión, mi hobby, mi gusto, era estudiar geopolítica”, cuenta. Una vez de retorno en el país, Ronald Rodríguez empezó a trabajar en Santa Cruz en la empresa Transredes (hasta que fue nacionalizada), por lo que siguió ahondando en el tema, además que como docente de la materia en postgrado y en pregrado, “tenía que contagiar a mis alumnos ese interés por ver cómo se manejaba el negocio del petróleo, que es un manejo geopolítico más que corporativo. Entonces, he estudiado 15 años la geopolítica de los hidrocarburos y un día decidí, después de terminar ‘Hyperrealidad-El libro de las sombras’ (novela anterior a ésta), que tenía que sacar todo ese conocimiento. Pero ese conocimiento todos los años cambiaba, cambiaba, cambiaba y cambiaba… Es tan dinámico el tema que me he concentrado solamente en la parte de los conflictos y la visión del personaje principal es la visión mía de los problemas”.

Si bien “La más lejana medianoche” fue pensada durante más de una década, recién comenzó a ser escrita el 2014  durante un proceso muy doloroso para el escritor. “Me divorcié, renuncié a mi trabajo en Santa Cruz, volví a Cochabamba, estuvimos solos con mi hija y fue un proceso en donde volví a encontrarme como persona, como hombre a lado de mi familia, que es mi hija. Entonces, ese proceso de identificación personal, de perdón, todo está en el libro. Ha sido mi escape emocional. Podría entenderse como una autobiografía novelada, pero es un mucho más doloroso el libro que mi vida, porque hay en la novela el trasfondo de la guerra que muchos ignoramos y esa ignorancia del problema es lo que quiero mostrar a través del libro, que es muy íntimo”.

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El idea del samurái Yukio Mishima (El camino de la pluma y de la espada)

Por Márcia Batista Ramos (*)

Yukio Mishima fue un genial y polifacético escritor, novelista, dramaturgo, poeta, ensayista, crítico y actor japonés. Considerado uno de los más grandes escritores de la historia del Japón, cuyo verdadero nombre era Kimitake Hiraoka (Kimitake, significa príncipe guerrero), nació en Tokio el 14 de enero de 1925. Murió en Tokio el 25 de noviembre de 1970.

Después de una breve relación con Michiko Shoda, quien tiempo después se convertiría en esposa del Emperador Akihito, se casó con la hija de un conocido pintor, Yoko Sugiyama, en 1958, con quien tuvo una pareja de hijos.

Nacido en una familia de la burguesía, Mishima se orgullecía de pertenecer por línea de sus antepasados a la clase de los samuráis de la era Tokugawa. Estudió en la famosa escuela Gakushüim, donde se graduó con honores y escribió su primer cuento a la edad de doce años.  Desde 1938 hasta 1941 escribió su primer libro de relatos aunque empezó a prosperar y se convirtió en el miembro más joven de la junta editorial en la sociedad literaria de la prestigiosa escuela.

Fue invitado a escribir un relato para la célebre revista “Cultura literaria'” y presentó “El bosque en todo su esplendor”. La historia fue publicada en forma de libro en 1944, si bien en una pequeña cantidad debido a la escasez de papel en los difíciles tiempos de guerra.

A los dieciséis años publica su primer libro de relatos, que coincidió con su ingreso en la Facultad de Derecho en Universidad de Tokio. Aunque su padre le había prohibido escribir y, peor, abrazar la carrera de escritor, Mishima continuó escribiendo en secreto cada noche, apoyado y protegido por su madre Shizue, quien era siempre la primera en leer cada nueva historia. A propósito de la prohibición de su padre, existe la célebre frase del escritor: “Las buenas maneras no presuponen la obediencia a la voluntad ajena”.

Después de graduado, obtuvo un trabajo como funcionario en el Ministerio de Finanzas japonés donde trabajó por un año y dimitió para dedicar su tiempo completo a la escritura.

Mishima comenzó su primera novela, “Ladrones”, en 1946 y la publicó en 1948, colocándose  en la segunda generación de escritores de posguerra. Le siguió “Confesiones de una máscara”, en 1948, una obra de final abierto, que cosechó un inmediato éxito y que supuso su definitiva consagración en el mundo literario; supuestamente una obra autobiográfica sobre un joven que debe esconderse tras una máscara para encajar en la sociedad. La novela tuvo un enorme éxito y convirtió a Mishima en una celebridad a la edad de 24 años.

Escritor pródigo, hermético y seductor, disciplinado y versátil, irónico y difícil, cuyo principal interés se centró en los valores tradicionales japoneses y la esterilidad espiritual de la vida contemporánea. Mishima escribió cuarenta novelas, más de una decena de obras de teatro, una veintena de libros de relatos, y, al menos, veinte libros de ensayos, numerosos cuentos, poemas, artículos, así como un libreto. También escribió obras muy aclamadas para el teatro kabuki y versiones modernas de dramas no tradicionales. Obras destacadas: “El pabellón de oro” (1956); “Nieve de primavera” (1968); “Caballos desbocados” (1969); “La corrupción de un ángel” (1970) y “El templo del alba” (1970), entre muchos otros.

Yukio Mishima es un autor que fascina por su existencia; tuvo una vida desgarrada en múltiples direcciones que proporciona a su obra una riqueza impresionante. No deja de ser, sin embargo, uno de los autores que van en contra de las opiniones dominantes tanto en su obra como en su vida: un romántico, al fin y al cabo, recuperable ahora por los nostálgicos de 1968. Efectivamente, gran parte de estos escritos hacen referencia a las revueltas estudiantiles japonesas de 1969 y 1970, revueltas con las cuales mantiene una relación intelectual de ambivalencia…

Fue reconocido como uno de los más importantes estilistas del lenguaje japonés de posguerra. De temática audaz y despojada, atenta a los aspectos más oscuros de las pasiones humanas, contrasta con la delicadeza y contención de su estilo. Trazó con doloroso detalle el desarrollo de la personalidad y el efecto devastador de las crueles paradojas de deseo y rechazo, de belleza y violencia… A través de la escritura, Mishima, adquirió fama internacional, siendo muchas de sus obras traducidas al inglés y otras lenguas europeas.

Fue propuesto para el Premio Nobel de Literatura en tres ocasiones. Sin embargo, en 1968 su primer mentor Yasunari Kawabata ganó el Nobel de Literatura y dijo: "No comprendo cómo me han dado el Premio Nobel a mí existiendo Mishima. Un genio literario como el suyo lo produce la humanidad sólo cada dos o tres siglos. Tiene un don casi milagroso para las palabras… Es un genio universal."

Muchos grandes escritores, de talla universal, escribieron obras sobre Mishima, como: “Vida y muerte de Yukio Mishima”, de Henry Scott Stokes, 1974; “Mishima o la visión del vacío”, ensayo de Marguerite Yourcenar; “Mishima”, biografía escrita por John Nathan, su traductor; “Mishima, o el placer de morir, análisis psicológico de Mishima” por Juan Antonio Vallejo-Nágera, 1978; “Un parque”, ópera de Luis de Pablo, 2006, sobre un relato de Mishima; “Reflexiones sobre la muerte de Mishima”, de Henry Miller y la  película “Una vida en cuatro capítulos”, de Paul Schrader, 1985.

Su primer trabajo extenso, “El bosque en flor”, fue publicado en 1941. Una característica de esta obra, como de “El cigarrillo”, 1946; “Ladrones” 1946-48 y de otras que escribió en el período de la Segunda Guerra Mundial y en los años inmediatamente subsiguientes, es el total alejamiento de la trágica realidad de la guerra y de la derrota.

En los años sesenta la figura de Mishima es vista siguiendo las dos distintas pero inseparables facetas de su personalidad. El Mishima hombre de acción encontró su soporte teórico en la idea de que la verdad puede ser alcanzada sólo a través de un proceso intuitivo, en el que el pensamiento y la acción no son dos modalidades distintas. Encontró la ejemplificación de ello y la suma de los más auténticos valores nipones en la ética de los samuráis. Fascinado por la ideología transmitida de los guerreros escribió: “El camino del samurái” y “En defensa de la cultura” (1968). Mishima se hace portavoz de la necesidad de restaurar los valores de la cultura prebélica y militarista.

En esa década de los años sesenta es cuando escribió sus obras más importantes. Dentro de estas obras, destaca su tetralogía considerada su obra cumbre: “El mar de la fertilidad”, compuesta de las novelas: “Nieve de primavera”, “Caballos desbocados”, “El templo del alba” y “La corrupción de un ángel” (editada póstumamente); que constituye una especie de testamento ideológico del autor que se rebelaba contra una sociedad sumida en la decadencia espiritual y moral; es una obra de notable belleza literaria, sin precedentes en la literatura moderna japonesa, contiene e invoca el sentido del honor y el respeto a las tradiciones.

Su ensayo más importante, “En defensa de la cultura”, defendía la figura del Emperador como la mayor señal de identidad de su pueblo. Mishima se preocupaba por la creciente occidentalización de su país y analizaba la transformación del Japón desde una perspectiva pesimista y crítica; para él esta metamorfosis resultaría estéril en el futuro de un país dueño de tantas y tan sabias tradiciones. Sus héroes son jóvenes rebeldes aspirantes a una pureza utópica. El autor recrea los rituales de la vida y de la muerte, de la transmigración y la purificación del alma, tan presentes en años de tradición japonesa.

Más tarde, en 1968, formaría la “Sociedad del Escudo”, una organización paramilitar de jóvenes que, desencantados con la debilidad de las instituciones imperiales y la mansedumbre constitucional del ejército, propiciaban un resurgimiento del Bushido, el tradicional código de honor samurái; con un fastuoso uniforme que él mismo diseñó y en el que pretendía reencarnar los valores nacionales de su Japón tradicional. Sin embargo, jamás descuidó su ingente producción literaria. De tal suerte que Mishima, afirmará dos caminos para superar la sociedad actual: el de las letras y el de la acción.

Mishima detestó la visión del mundo "moderno". Siempre fiel al espíritu del samurái, Mishima se preocupó profundamente por la decadencia que las ideas de la ilustración habían causado a la cultura tradicional japonesa. La crítica a la modernidad dominó sus escritos. Se opuso a la derecha liberal japonesa defensora de los ideales de "paz perpetua" y "crecimiento indefinido capitalista".

Fue un maestro de la representación, su grandilocuencia le llevó a participar en representaciones teatrales, espectáculos públicos y películas: actor de teatro, espadachín ritual, modelo de fotografías de simbología inquietante, dicen que fue un adalid de una misoginia espartana. En los últimos diez años de su vida, Mishima actuó en varias películas y codirigió la adaptación de su historia, “Patriotismo”.

Durante la Segunda Guerra Mundial, tras frustrarse su sueño de ingresar como piloto kamikaze, trabajó en una fábrica aeronáutica. Por ello, se sintió culpable por haber sobrevivido y haber perdido la oportunidad de una muerte heroica. Sobrevivir a una guerra en la que habían muerto tantos compatriotas se convirtió para él en un trauma lacerante, al asumir la culpa por haber sobrevivido al genocidio estadounidense de Hiroshima y Nagasaki, este imborrable suceso que él mismo entendió como una humillación.

Mishima preparó de forma meticulosa su muerte durante al menos cuatro años y nadie, ajeno al cuidadosamente seleccionado grupo de miembros de la “Sociedad del Escudo”, sospechaba lo que estaba planeando. Mishima se aseguró de que sus asuntos estuvieran en orden e incluso tuvo la previsión de dejar dinero para la defensa en el juicio de los otros tres miembros de la “Sociedad del Escudo” que no murieron.

La mañana de su muerte, el 25 de noviembre de 1970, Mishima envió la última parte de esta tetralogía a su editor. Después se dirigió junto con los miembros de su grupo a un cuartel del ejército que ocuparon, y tras un discurso a la tropa, él y su compañero Masakatsu Morita se quitaron la vida mediante el seppuku. Mishima realizó su seppuku en el despacho del general Kanetoshi Mashita. El cumplió con el rito del seppuku, ante las cámaras de televisión, al grito de "Larga vida al Emperador".

Yukio Mishima dijo: “Hemos visto a Japón emborracharse de prosperidad y caer en un vacío espiritual... hemos tenido que contemplar a los japoneses profanando su historia y sus tradiciones... el auténtico Japón es el verdadero espíritu del samurai... cuando vosotros (soldados) despertéis, Japón despertará con vosotros... Tras meditarlo serenamente a lo largo de cuatro años, he decidido sacrificarme por las antiguas y hermosas tradiciones del Japón, que desaparecen velozmente, día a día... El ejército siempre ha tratado bien al Tatenokai, ¿por qué entonces mordemos la mano que nos ha tendido? Precisamente porque lo reverenciamos... Salvemos al Japón, al Japón que amamos...”.

Otros elementos tradicionales de la muerte ritual fueron la composición del jisei no ku —un poema escrito por el propio samurái cuando se acerca la hora de su muerte— antes de su entrada en el cuartel general.

 Su muerte es considerada la protesta final contra la decadencia moderna de Japón. Su kaishaku ('asistente') intentó decapitarlo tres veces sin éxito. Finalmente, fue Hiroyasu Koga quien realizó la decapitación. Posteriormente, Masakatsu Morita intentó realizar su propio seppuku. Aunque sus cortes fueron poco profundos para ser fatales, hizo una señal a Koga para que también lo decapitase. Esa sería la última aparición en público de Yukio Mishima, de 45 años, un escritor altamente respetado en Japón. Una figura grandiosa en vida, Mishima, se convirtió en héroe mítico después de su suicidio ritual.

Con su muerte, desapareció uno de los críticos más lúcidos de la sociedad japonesa de posguerra y un artista, un pensador superdotado que marcó señaladamente un rumbo en la historia de la literatura japonesa contemporánea.

(*) Nacida en Brasil, Márcia Batista Ramos es escritora y vive en Bolivia hace varios años.

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Daniela Lu Gonzales “o esterillas de agonía”

Por Plaza Catorce


Daniel Lu Gonzales nació el 14 de junio de 1989 en Cochabamba, ciudad donde salió bachiller del colegio Irlandés y donde después estudió Filosofía y Letras en la Universidad Católica Boliviana San Pablo. Además de una poeta “maldita” capaz de escribir bastante bien y ser la mensajera alada y luminosa, valiente y capaz de transmitir los vacíos existenciales de su generación, era una diseñadora gráfica talentosa y una Makeup Artist llegada del futuro para enseñarnos cómo es que vendrá la historia después.

“Texturología (o esterillas de agonía)” es el último poemario rústico que hizo con sus propias manos y que presentó en la segunda Feria de Impresión y Edición Alternativa Tinta Quemada, realizada a fines de junio de este año. En este poemario están contenidos los títulos: Purpurina destroy, Estertor en esterilla, Alucinógenos de néon, Side effects, Caramelos, Oda al Clonazepam, Birras y pilas, Autocontrol, Automedicaciones conformes, Rehab o no rehab, Antidepresivos de papel maché y Politoximaniáticos.

Daniela Lu Gonzales lamentablemente murió este aciago 18 de septiembre de 2018. Aquí reproducimos tres poemas incluidos en su última publicación. En Plaza Catorce sentimos mucho, mucho dolor por su repentina pero anunciada partida.


PURPURINA DESTROY

Lo excentrado,

Narices paranoicas

Bocas con llagas

Deberíamos volver

Seres, seres infinitos

Abriendo portales unidireccionales

Pero dejar el vicio no es imperativo,

Cuando cae la noche

Bailan las neuronas

Es hora de destruirse

No necesitamos pistolas

Polvo de hadas es suficiente

No tenemos otras opciones

Malditos deformes nos dicen

Y ellos qué saben?

La morfina del horario de oficina

Es legal y elegante,

Pero no a todos les gusta ese baile

Poderosos enlodados

Quiénes son los de arriba?

Dónde estamos parados?

Tristes nubes difuminan

La caída sublime de los marginales

Al final todos somos alimento de gusanos

Polvo espacial estancado

 

CARAMELOS

La muerte es invocada, pero no siempre llega a tiempo

Así es como quedan vivos los que luego se hacen llamar poetas,

Y cada madrugada como una bola de pelos que sube por la garganta

Se atascan en ellos palabras, sueños, amores, dolores,

Que no se curan ni se callan a veces se calman

Con caramelos de propóleo

Y un masaje de mentisán en el alma

 

AUTOCONTROL

Nunca estamos dormidos

No se callan

Pero ya sabemos el canto que los arrulla

Disfruta del sol, y de la oscuridad en la bruma

Baila entre los cabellos

Ya nadie nos asusta

Danzas paganas

Deudas notificadas

Dioses pixelados

El asunto está en amar y ser amado

Eso dice y se repite

Claramente los poetas no saben nada

Tome por ejemplo este poema

Yo solo quiero llegar al día siguiente

No entiendo mucho, pero puedo caminar

Hasta su umbral, si  me explica

Como no saltar

  • Publicado en Libros

A manera de análisis: “Amalia, desde el espejo del tiempo”

Por Márcia Batista Ramos

Vallejo Canedo, Gaby. Amalia, desde el espejo del tiempo. Cochabamba, Bolivia. Grupo Editorial Kipus, 2012. Biografía novelada fruto de una exhaustiva y sólida investigación del tema manejado en la obra, que se adentra en la técnica del realismo psicológico  para arribar a una narración de enorme imaginación, sin alejarse de la delimitación epistemológica a la que debe ceñirse una biografía. Sumada a una penetrante sensibilidad, capaz de percibir la realidad a través del tiempo y manifestarla con profundo ingenio, al punto de recrear sensaciones y sentimientos sin abdicar de la fidelidad histórica, la autora incorporó materiales al novelar la obra (fruto de su imaginación) no avalados por los documentos, que enriquecieron la biografía, sin alterar, en lo más mínimo, la verdad histórica de la misma; tratando de revivir  la vida de Amalia Villa De La Tapia a través de las palabras.

Gaby Vallejo es revolucionaria al ser una intelectual capaz de hacer una crítica constructiva de la sociedad en que vivimos; como también, es una feminista capaz de demarcar sus espacios y ocuparlos sabiamente con la suficiencia de los iluminados, comprobando que las excepciones son las que inscriben su nombre en las estrellas. Tal es así, que ese espíritu feminista se lo comprueba en la biografía novelada “Amalia, desde el espejo del tiempo”, la fascinante historia de una mujer que se atrevió a convertir un sueño en realidad, y donde Gaby, en la voz del personaje (Amalia Villa De La Tapia) describe un mundo lleno de injusticias y perjuicios, forjado para las mujeres.

Cuando la potosina Amalia Villa De La Tapia sacó su brevete de aviadora en Lima (Perú) en 1922, y posteriormente en Francia, en una época donde no había ni un solo avión boliviano, ni un aviador, ni un aeropuerto, ni mujeres aviadoras en el suelo patrio; protagonizando una revolución personal y abriendo una brecha histórica, en un momento en que la mujer no tenía peso en nada. Era un modelo para las mujeres de la época, que se limitarían a aplaudirla. En fin, Amalia mujer revolucionaria, fue capaz de hacer frente a la sociedad machista de su época, como también, fue una feminista capaz de demarcar sus espacios y ocuparlos sabiamente, cuando el mundo dominante le decía no; comprobando con su actitud que las excepciones son las que inscriben su nombre en las estrellas. Y así, dejando su huella en el tiempo.

Huella, que la hábil escritora Gaby Vallejo Canedo, supo recuperar en la biografía novelada de Amalia Villa De La Tapia. Obra literaria interesante que posee muchas singularidades. La autora hizo un barrido de toda su larga e intensa vida, que se desarrolla también en una época muy especial donde las mujeres no eran tomadas en cuenta, por el simple hecho de ser mujeres. El gran aporte de la escritora a la biografía fue el de incorporar su imaginación y así, develar por ejemplo, lo que Amalia sentía al estar a 800 metros de altura, sola en un avión: las sensaciones de su cuerpo y de su espíritu, profundizando en la vida psíquica del personaje  biografiado. Todo fue descrito gracias a la imaginación de Gaby Vallejo que fue capaz de crear  un autorretrato de la casi impenetrable Amalia, que yacía olvidada en el tiempo.  Además, Gaby no solo hizo emerger ese gran personaje del olvido histórico, como también supo reencarnar al ser humano con sus alegrías y congojas, creando mundos internos a través del lenguaje, sin poner en duda la fiabilidad documental.

Así,  lo que imaginó la novelista, cuando Amalia estaba por embarcarse a un raid increíble para cruzar todo el Atlántico, desde París a Nueva York, y no lo hizo por decisión de un boliviano que estaba de embajador y que no le dio el permiso. El lector puede apreciar lo que sintió Amalia, en aquel momento de frustración, gracias a la escritora que supo encarnar al personaje, ya que las dos (Gaby y Amalia) se funden en una amalgama perfecta, por sus espíritus revolucionarios, sus almas inquietas y sus mentes hambrientas de justicia.

La biógrafa recuerda a quien fue pionera en la aviación peruana y boliviana, como alguien capaz de liberarse, como mujer, de muchas ataduras. Asimismo, la biógrafa tuvo la inspiración para ver lo que existía detrás de esa persona sensible, con muchas debilidades, resentida, insegura y con muchos miedos, pero que se presentaba fuerte ante los demás. Entonces al escribir la biografía novelada, incorporó al ser humano profundo, aquél que se desprende con el espíritu cuando se cae la vestidura corpórea. La biógrafa presenta documentos sobre los principales hechos que marcaron la vida de una mujer genial que logró, de muchas maneras, ultrapasar los límites de sus tiempos.

Como el conocimiento profundo del ser humano ya extinto, es un terreno vedado para los biógrafos, podemos apreciar que la escritora logró con mucha maestría, personificar el posible perfil psicológico, de la primera aviadora boliviana Amalia Villa De La Tapia, en su contexto histórico; como también, presentó de manera fantástica, al ente ontológico manifestándose a través de la voz del personaje, después de la transición corpórea, en lo más íntimo de sus cavilaciones. Logrando percibir la síntesis de la vida interior y de la vida aparente, al entretejer un mundo donde el tiempo y el espacio ya no existen; esfera donde las ideas y sentimientos transitan con más amplitud y libertad que en el mundo que ahora conocemos; tal vez recordando el paso seguro que nos espera a todos; o quien sabe, asumiendo una dimensión metafísica; es ahí donde la protagonista, decide reconstruir los registros dispersos de la memoria y contar la apasionante historia de su vida develando misterios, de la acción humana post corpórea:

“Es como si me removieran entera. La piel que nunca se me erizó ni en el primer momento del primer vuelo, se me ha erizado ahora. Algo así como vencer a la muerte, como vencer al tiempo y al espacio, más allá de mi recinto físico en el que me depositaron. Sé que no es mi piel la que se estremece. Ella no existe ya. Hace años que se ha deteriorado, pero existe algo como una piel mía que se ha estremecido.[1]

Gaby Vallejo logra traspasar los límites de la literatura biográfica, a lo que a la epistemología del sujeto se refiere, ya que  ha logrado dotar de identidad psicológica al personaje histórico a través de la narrativa. Ofreciendo un conocimiento más abarcador del personaje. Sin caer en pura ficción intelectual o idealismo del investigador. Sin transformarlo en un personaje ficcional o en una entidad textual, ya que demuestra pericia en crear en su personaje universos intelectuales extraordinariamente ricos e inéditos

Siempre tratando de develar el enigma del yo, en cuanto crea una personalidad imaginaria del personaje. Sin embargo, se nota una convicción: mediante la acción sale la persona del mundo repetitivo de lo cotidiano en el cual todos se parecen a todos, mediante la acción se distingue de los demás y se convierte en individuo capaz de revelar su propia imagen. Pues, sin desviarse del mundo visible de la acción (a través de la documentación), la escritora orienta la novela, hacia el mundo invisible de la vida interior, cuando su personaje, confiesa sus pensamientos y sentimiento irremediablemente olvidados. Dejando muy en claro que la búsqueda del yo siempre ha terminado y siempre terminará en una paradójica insaciabilidad.

Lógicamente, que de las conductas que se realizan en el ámbito de lo público, se pueden hacer crónicas, porque aquello que las hace públicas es su realización ante los espectadores. Pero, sobre lo privado, la intimidad del otro, únicamente se puede hacer conjetura; nunca puede ser verificada porque su ámbito de realización es interno. Tomando en cuenta que existen aspectos de la vida de una persona que son imposibles de conocer, y que la autora fue capaz de percibirlos, imaginarlos y recrearlos; entonces, aunque no se pueda comprobarlos, logran, fundamentalmente, enriquecer al texto y hacer que el personaje cobre vida. Emerja del pasado. La obra no es constantemente narrativa, tiene pasajes, procesos, formas, donde se cede lugar a formas no literarias. Y como de novela biográfica se trata, se construye a través de materiales diversos.

Aunque conjetura y ausencia de verificación sean dos limitaciones, que no se ajustan con la esperable exigencia de la verdad documental, que se presupone y a la que se ajusta la escritura biográfica, eso se supera con la literatura que permite narraciones ficticias para recrear un drama de la vida real. La literatura se relaciona con el mundo a título de espejo del mundo, esta es la amplitud de la relación entre literatura y mundo. Gaby Vallejos, en esta obra logra relacionar la literatura con el alma, utilizando su narrativa como el espejo del alma de Amalia Villa De La Tapia. En este caso el texto literario es lo que le da fama y sentido a la historia de la pionera de la aviación boliviana. En fin, es el arte mimético que se expresa a través de las palabras, como expresión de una aprehensión intuida en la realidad, en donde se pone de manifiesto la armonía de lo imitado.

La obra presenta los elementos de duda, de libertad, de rebeldía, de inconformismo, de ruptura, de sexismo, de  injusticia y de discriminación. Con pinceladas historiográficas, la autora, escribe la historia de la sociedad boliviana, al explicar los actos del personaje con arreglo al contexto social, cultural y político de la época intentando reconstruir documentalmente su pensamiento y figura. No todo lo que hay que saber lo dice la propia, novela pues, existen muchos espacios para que el lector reflexione o interprete. Muchas veces causando una empatía profunda con el lector, otras veces, creando un sentimiento de indignación por tantas injusticias. La obra cuenta con 150 páginas con fotografías y notas periodísticas originales, más un CD con fotografías y un capítulo leído por la autora.

“Amalia, desde el espejo del tiempo” es una biografía novelada escrita en primera persona, (como si de una autobiografía se tratara) como un recurso literario que rompe con el estilo del relato expositivo en tercera persona, de la vida de un personaje real, propio de la narrativa biográfica. En este caso, la narrativa en primera persona como siendo autobiográfica, fue un recurso importante que eligió la escritora para recorrer la azarosa vida de una mujer, profundamente patriota, que marcó una época y falleció a los 101 años. Siendo el dominio más importante, en que se mueve la narrativa, el de la verdad. Así, la autora logra encarnar las sensaciones, las percepciones y los sentimientos de la protagonista Amalia Villa De La Tapia, cuando expresa sus ideas directamente, como recuerdos íntimos; como ejercicios de reflexión que encarnan afirmación de un pensamiento, haciendo irrumpir su vida y circunstancias  desde sus propios recuerdos, con tanta agudeza que el lector llega a escuchar la voz de Amalia:

“Aprendí a dominar a aquel aparato hasta que pareciera parte de mi misma. Podía dominar el bastón para bajar en picada, dar un giro a la izquierda, a la derecha, subir  vertiginosamente hasta  el límite de la altura del avión.”[2]

La autora, para escribir la biografía novelada, sigue el proceso creativo: elige un personaje real con importancia histórica en el escenario nacional y sud americano, investiga sobre su vida y despliega su imaginación, jugando, constantemente, entre los elementos históricos encontrados en su profunda investigación y la invención personal. Como en el terreno de la novela no se afirma, porque es el terreno del juego y de las hipótesis. La meditación novelesca es esencialmente interrogativa e hipotética. Entonces, sin alejarse, en ningún momento,  de la verdad histórica propia de una biografía; donde el escenario histórico no es un segundo plano, un decorado ante el cual se desarrollan las situaciones humanas, es en sí mismo una situación humana. Y tomando en cuenta que la belleza es mucho más efímera que la verdad, Gaby Vallejo, pone su devoción personal de escribir ficción (ficción entendida como la idea de una persona ideando cosas que otra piensa y siente) al novelar la biografía y narrar los sentimientos (ya perdidos en el tiempo) del personaje histórico, que a través de su pluma cobra vida y humanidad otra vez:

 “Otra vez, Bolivia me llegaba con dolor.”[3]

“Cómo no recordarlo con un estremecimiento profundo.”[4]

No cabe duda,  que Gaby Vallejo nos plantea, con inteligencia y destreza narrativa la biografía de Amalia Villa De La Tapia. La trama está presentada, en su pura linealidad cronológica. Escrita, en una prosa simple, con frases cortas en un  lenguaje familiar,  articulado y eficaz. Dejando al lector, con la sensación de estar siempre en presencia de un mundo real, especialmente cuando narra el mundo interno, íntimo de la protagonista y sus cambios de atmósfera emocional. El monólogo interior atraviesa toda la novela, es la base de su construcción y también el procedimiento dominante. Tiene una configuración laxa y abierta, no tiene ninguna forma específica. Escrita en un género que permite representar una realidad psicológica o intima de forma verosímil, mientras corrobora hechos históricos reales. La obra, nos presenta situaciones y cuadros descriptivos con vislumbres surrealistas que van más allá de la lógica y de la realidad, causando una extraña y agradable sensación:

“Tantos años después me sigo estremeciendo. ¡Cómo me estremezco y hablo así, si ya he pasado yo también el trance de la muerte!”[5]

La novela biográfica como género es indefinible y es indefinida, no obstante ser considerada un género literario porque sus reglas fueron impuestas desde el ámbito de la novela, y se apodera de otros géneros para construir su propio discurso. El escritor crea una realidad distinta a la realidad efectiva y construye nuevos mundos. Como biógrafa, la autora relata acontecimientos que han tenido lugar en un momento histórico y documenta con recortes periodísticos y fotografías. Como novelista, la autora examina y construye la existencia que es el campo de las posibilidades humanas. En el caso, comprendiendo como posibilidades tanto al personaje como su mundo. Capta una posibilidad de la existencia y muestra lo que fue Amalia Villa De La Tapia y de lo que fue capaz.

Sorpresivamente, casi al final de la biografía novelada, la escritora rompe con la práctica narrativa del “autor ausente”, haciendo su aparición como investigador-personaje del relato,  cuando narra cómo el espíritu de Amalia es quien la ha buscado para que cuente su historia y dialogan sobre inquietantes hechos de su vida; dejando en relieve que escribir significa romper una barrera tras la cual algo inmutable está oculto. En fin, sondea el tiempo: el inalcanzable momento pasado; el inalcanzable momento presente en el más allá de la existencia corpórea. Comprobando así, que la biografía novelada se trata pues del otro arte, del arte de narrar.

(*) Nacida en Brasil, Márcia Batista Ramos es escritora y vive en Bolivia hace varios años.

 

[1] Vallejo Canedo, Gaby. “Amalia, desde el espejo del tiempo”. Cochabamba, Bolivia. Grupo Editorial Kipus, 2012. Pág. 9.

[2] Ibídem, pág. 21.

[3] Ibídem, pág. 64.

[4] Ibídem, pág.82.

[5] Ibídem, pág.82.

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Poetas rumanos y de otras nacionalidades se dieron cita en Telciu

Por Javier Claure C.

Entre el 15 y el 20 de agosto, se llevó a cabo la cuarta edición de los Encuentros Internacionales  en Telciu (Rumanía). Evento organizado por el poeta rumano Gelu Vlasin, el Pen Club de Rumanía, el Ayuntamiento de Telciu, la Asociación de Escritores y Artistas Rumanos de España, la Biblioteca George Coşbuc, la Asociación Española de Traductores, la Biblioteca Municipal de Bistrita y otras organizaciones culturales. Telciu es un pueblo situado en el condado de Bistrita-Nasaud, y está dividido en dos partes. Un tercio de la superficie, de este hermoso lugar, representa las montañas de los Cárpatos Orientales: las montañas Călimani , Bârgău, Ţibleş y Rodna. El resto de la superficie representa a la meseta de Transilvania.
Las lecturas de poesía se llevaron a cabo en un Liceo, en el Ayuntamiento y en la Biblioteca Municipal de Telciu. Mario Castro (Chile) y Javier Nogueras (España), ambos poetas y traductores, hablaron acerca de las traducciones literarias. Bogdan Hrib (Rumanía), dueño de la Editorial independiente  “Tritonic Publishing Group”, habló de la situación actual de la industria editorial y de las dificultades que se presentan en el mercado. Mientras que María Pop (Italia), de la Editorial Rediviva, platicó sobre la difusión de escritores rumanos, como también de la cultura rumana en Italia. Cristina Vlasin, profesora de música y esposa del poeta Gelu Vlasin, nos deleitó con su hermosa voz cantando canciones en rumano, en inglés y en español. Todo empezó en un ambiente fraternal, donde los amantes de la literatura se dieron cita para intercambiar ideas, escuchar poemas y conocerse unos a otros. Estuvimos alojados en una bella casona ubicada en un paisaje mágico entre montañas con árboles frondosos. Precisamente esos árboles convirtieron el dióxido de carbono en oxígeno poético en Telciu y sectores aledaños. El encuentro se inauguró con palabras de bienvenida por parte de Gelu Vlasin, y la presentación de los poetas. Cada discurso y las poesías de los poetas, de habla hispana, eran traducidos al rumano. Este acontecimiento literario reunió a poetas, escritores, editores y traductores, en donde cada participante daba su punto de vista a cerca de la literatura. De esta manera se enriqueció las discusiones para establecer un diálogo sobre la poesía, la escritura, la traducción y la publicación de libros. Sin lugar a dudas,  el encuentro estuvo marcado por dignificar a la poesía. Es decir, por aquello que nace de un asombro ante la singularidad del mundo, y remueve los sentimientos del alma poética. Los poetas participantes expresaron su yo poético a través de la lectura de sus obras. Según el poeta Gelu Vlasin, principal organizador de este evento, el objetivo del encuentro ha sido resaltar la literatura rumana, y la de los poetas que llegaron desde diferentes latitudes: España, Suecia, Chile, Inglaterra, Italia y  Bolivia. De este modo, se dio a conocer al público los versos que salían de la boca de cada poeta. Otro aspecto no menos importante, ha sido el taller de escritura creativa en medio de una exuberante vegetación, árboles frutales y un cielo completamente despejado. En este espacio de convivencia que tiene su propia dinámica, se habló de poesía y se leyeron poemas. Ya sabemos que no existe ninguna docencia para enseñar el oficio de escribir. Sin embargo, en este taller, cada poeta hizo volar su imaginación, puso en marcha los sentidos y la intuición para crear versos.

La visita a la casa del poeta, profesor, periodista y traductor George Coşbuc, construida en el año 1840, y que ahora es un museo fue extraordinaria. Coşbuc, hijo de un sacerdote católico y de una ama de casa, nació en Hordou (Bistrita-Nasaud) el 20 de septiembre de 1866 y murió en Bucarest en 1918. Según cuenta la historia, en esa casa vivían los padres del poeta, sus trece hermanos y su abuelo Anton Coşbuc. El recinto está compuesto por tres salas que albergan exposiciones sobre la vida y obra del poeta. Es importante recalcar que este museo tiene el sello de ser el primer museo de literatura en Rumanía (1905). En una de las habitaciones se exhiben, en varias mesas con vidrio, libros publicados por el poeta, documentos, fotografías de su familia, traducciones, correspondencia, pequeños afiches, revistas y periódicos en los que publicó sus trabajos. En otra habitación se puede observar las pertenencias genuinas del poeta: una cuna, sillas, un pupitre, un sombrero, una cama, un púlpito, manuscritos, estantes con libros, etcétera. Finalmente, en la tercera sala se exhibe la Biblioteca personal del poeta. 
Otra visita que se hizo fue a la Biblioteca “Dorin Tudoran” en Bistrita, en la cual se exponen al público las obras de Liviu Rebreano. Este ilustre escritor y periodista rumano se formó en una Academia Militar, causa que lo llevó a trabajar como teniente en el ejército austro-húngaro. Apasionado a su oficio de escritor, dejó el ejército para dedicarse de lleno al periodismo y a escribir sus obras. Fue deportado por el gobierno austro-húngaro como consecuencia de sus artículos que defendían las posiciones rumanas en el sector de Transilvania. La excursión a la cabaña abandonada, la visita a una iglesia ortodoxa y la espontánea invitación por parte de María Pop a su casa, se quedarán grabadas en mi memoria. El postre del encuentro fue, sin dudas, los momentos cuando comíamos, las trasnochadas repletas de anécdotas, de bromas, de cantos, de chistes, de conversaciones y, por su puesto, de poesía. Fueron seis días intensos inolvidables en los que hice buenas migas con todos los poetas. El último día que nos despedimos, se notaba una cierta nostalgia en la brisa que corría por aquel lugar. Pero siempre con la esperanza de volvernos a encontrar. Por mi parte, tomé el tren en una estación que se llama Salva. Y junto al poeta Mario Castro, nos fuimos a Iash. Siete horas de viaje observando ese precioso paisaje a los costados. En Iash, ciudad universitaria, visité la Universidad, la Biblioteca Mihai Eminescu, el famoso parque Copou, edificios culturales y me enamoré de ese país con gran tradición literaria.

(*) El autor es escritor y poeta boliviano que vive en Suecia hace muchos años.

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